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Etiquetas:   Arquitectura  

Silencio tras la pérdida

Recordando a Luis Mansilla, Solá-Morales y Rodríguez-Pastrana
Pablo Manuel Millán
@pablom_millan
jueves, 1 de marzo de 2012, 10:26 h (CET)

arquitectura, Silencio tras la pérdida,



Llevamos una semana convulsa en el mundo de la arquitectura. A escala internacional por el nuevo premio Pritzker Wang Shu, un claro intento de incorporar al gigante asiático al mercado de la arquitectura occidental. Y a escala nacional, con las tristes pérdidas de Manuel de Solá-Morales, José María Rodríguez-Pastrana y Luis Moreno Mansilla. Todos ellos dejan una trayectoria rota a mitad, un viaje a medio camino, un ‘empezar’ sin un ‘terminar’.

Solá-Morales, el responsable de la titánica tarea de abrir Barcelona al mar. Suyo es el sello del Moll de la Fusta. Con posterioridad, de su estudio salió el que en su momento fue bautizado con cariño como el rascacielos más bajo del mundo, L'Illa Diagonal, uno de los centros comerciales mejor integrados a la trama urbana de Barcelona. Más recientemente ha dejado su personal firma en el proyecto de reforma del antiguo recinto militar de Sant Andreu. Rodríguez-Pastrana, autor de numerosas obras premiadas internacionalmente que han abierto las islas al panorama de la arquitectura contemporánea. Podríamos extraer la Presidencia del Gobierno de Canarias en Tenerife, el Espacio Cultural El Tanque o Magma Arte & Congresos. Y Luis Moreno Mansilla, del que como merecido homenaje, reproducimos un extracto de una entrevista realizada en 2007. A estos compañeros que, como diría Campo Baeza, supieron pensar con las manos, nuestro más profundo agradecimiento.

“Hemos asistido a una transformación muy importante de los valores clásicos de la arquitectura. La composición, la idea de una sociedad diferente, el lenguaje ya no son objeto de interés para los arquitectos. Hemos visto que hay otros intereses. Hace veinte años en las universidades americanas se hablaba solamente de lenguaje en la final jury. Este semestre hemos estado en la Universidad de Harvard y hemos notado como la palabra, elemento tan importante, ha desaparecido completamente mientras que nuevos elementos de análisis como la capacidad expresiva de los materiales o las nuevas formas de observación de los materiales, se han convertido en los vehículos de una nueva capacidad expresiva y en actores muy importantes de la arquitectura. Hay proyectos que parten de esto. También en la conferencia de Perrault hemos visto cómo se puede pensar desde este punto de vista.

Cada proyecto comienza desde lo inexplorado y resulta fascinante. Nosotros trabajamos sobre diferentes planos con muchos significados e intereses: los que pueden ser combinados juntos son aceptados y los que presentan en cambio contrariedades son seleccionados pero son igualmente tomados en consideración. Parece un ejercicio de masoquismo pero creo que es importante centrarse en algunos elementos que se convierten en importantes. Dentro de esta rigidez existe una libertad enorme. Como en el juego del ajedrez, en el que hay reglas precisas pero las partidas son infinitas. Yo, junto con mi colega Emilio Tuñón y junto con nuestros colaboradores, formamos un grupo de trabajo y con estas reglas existe espacio para la creatividad de todos. Las reglas son importantes no para el buen éxito de un equipo de trabajo: establecen lo que se no puede hacer, por tanto, lo que se puede hacer es de una libertad absoluta.

He escrito un texto cuyo título es "Después del espacio" en el que escribo cómo el espacio ya no es el protagonista de la arquitectura. Se está produciendo una especie de primitivismo: se convierten en importantes las cosas que nos rodean, que se pueden sentir y tocar, antes que las ideas al principio de la arquitectura. En nuestros primeros proyectos es muy fuerte el sentido de los materiales pero, con el transcurso del tiempo, nos hemos concentrado en la búsqueda de la libertad dentro de la disciplina para comunicar la sensación de la diversidad de las cosas. Basta con ver el Museo de Zamora: nada puede ser modificado, como en una máquina. Lo que puede ser diferente puede ser cambiado, y lo que puede ser cambiado puede ser usado.

Dice un filósofo: "El deber del alumno es alejarse del maestro pero el deber del maestro es engañarle". De la experiencia en el estudio de Moneo hemos entendido lo importante que es la honestidad y la coherencia. Más allá del estilo, hemos comprendido que en las obras de arquitectura existen obsesiones personales, necesidades públicas, problemas de construcción y de geometría, por lo que es importante conciliar todos estos elementos de forma coherente. En la coherencia nace la arquitectura. Por esto nos gusta Mies van der Rohe y al mismo tiempo Le Corbusier y las iglesias románicas, en estas obras podemos ver la compactabilidad, la unidad y la armonía que constantemente son las finalidades de nuestra búsqueda. El verdadero problema del hecho de hacer arquitectura no es no tener ideas, sino emplear el tiempo en sacar elementos de un proyecto”.
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