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Jorge Hernández Mollar
Artículo de opinión
Jorge Hernández Mollar
​“Alexa” es un asistente virtual de voz ,facilitador de tus necesidades diarias relacionadas con la meteorología, la música, recetas, lecturas, noticias, emisoras e incluso video llamadas

Cansado de tanta manipulación le pregunté a “Alexa”: Alexa, ¿tú me controlas?. Respuesta de Alexa : Lo haré cuando me programen para ello. Ese es ahora mi temor…

“Alexa” es un asistente virtual de voz ,facilitador de tus necesidades diarias relacionadas con la meteorología, la música, recetas, lecturas, noticias, emisoras e incluso video llamadas. Yan Leccun, director de FAIR, la división de inteligencia artificial de Facebook matiza que “todos los asistentes virtuales por voz (Siri, Alexa, Google Asistan) siguen guiones preparados por humanos para el reconocimiento de palabras, lo que da a la Inteligencia Artificial una comprensión aún muy superficial del sentido de las palabras.”

Esto no es más que un ejemplo de la gran revolución digital que se inició hace ya más de medio siglo, cuando Neil Armstrong, pisó por primera vez la luna en 1969. Conviene recordar que con esa conquista se inició una nueva era de la humanidad, que ha tenido su origen en la misiones de la NASA en el espacio. Internet, el uso del GPS o los Smartphone, son el producto de años de minuciosa investigación del hombre y de su espíritu creativo y descubridor.

No hay duda que las nuevas tecnologías están mediatizando nuestras vidas y comportamientos personales. El mundo de las comunicaciones; la inmediatez de la información; las relaciones laborales, la globalización de la economía, de la política e incluso de la salud están condicionando muy seriamente tanto al desarrollo de la sociedad mundial como a las conductas y relaciones interpersonales.

La era digital es un nuevo salto en la vida de la humanidad. El problema es que su desarrollo va a una velocidad mucho mayor que la formación cultural y humanística del hombre por lo que existe un peligro de ser “robotizado”, reduciendo su capacidad de reflexión y decisión.

Henry Kissinger hizo una importante reflexión en The Atlantic sobre la Inteligencia Artificial (IA): “La era de Internet en la que ya vivimos prefigura algunas de las cuestiones y problemas que la IA no hará sino complicar más. El objetivo de Internet es ratificar el conocimiento mediante la acumulación y manipulación de cada vez más datos. El conocer humano pierde su carácter personal. Los individuos se vuelven a los datos y los datos mandan”.

El mismo Kissinger hace una serie e inteligente advertencia sobre el predominio de lo radical sobre lo reflexivo, uno de nuestros crecientes males: “Inundados de opiniones por medio de las redes sociales se debilita la fortaleza que exige formar y mantener convicciones. Como el énfasis digital en la velocidad inhibe la reflexión, favorece el predominio del radical sobre el reflexivo”.

No cabe duda que en los albores de este nuevo año, la epidemia del coronavirus, las alteraciones climáticas y el caos político que padecemos, nos están arrollando desde un torbellino de acontecimientos, datos e informaciones que están superando nuestra capacidad de asimilar las causas de tanto mal y los riesgos que comportan. La salud, el clima y la política, cabalgan hoy digitalmente sobre nuestras cabezas cual jinetes del Apocalipsis.

Parece que el coronavirus, en algunos aspectos, se ha convertido en aliado de la avanzada tecnología. Antes de la epidemia, el teletrabajo, por ejemplo, se veía más como una posibilidad de ir modernizando el proceso de producción de una empresa que como una necesidad inmediata.

Hoy se ha invertido la tendencia en España. Según un estudio de Randstad de un total de 18,6 millones de ocupados, el 16,2% trabaja ya habitualmente desde sus casas, un porcentaje que ha crecido en el último año, ya que en 2019 el peso de estos profesionales era solo del 4,8%. Es evidente que esta solución de emergencia ha sido positiva para mantener los puestos de trabajo en aquellas empresas privadas o públicas que lo permiten, para no disminuir su productividad e incluso facilitar la conciliación familiar.

Esto abre un debate sobre su incidencia en el mercado laboral y en si el distanciamiento físico del trabajador de la empresa repercute en un mayor grado de deshumanización, o de confianza y empatía con los objetivos a alcanzar, además de un aislamiento del entorno social.

Un riesgo añadido de las nuevas tecnologías lo encontramos en el uso de redes tan populares como Google, Facebook, Twitter o YouTube. En sí mismas estas revolucionarias herramientas de información y comunicación responden a un notable avance para el desarrollo de la humanidad, como lo fueron en su día el descubrimiento de la electricidad, el teléfono o el aeroplano.

Pero el uso inadecuado de ellas por parte de sus usuarios e incluso de las autoridades gubernamentales pueden suponer una forma indecente e incluso inmoral de manipular a las personas y a la sociedad. La proyección de imágenes con escenas de violencia o pornográficas, la propagación de noticias falsas o fake news o la manipulación de datos personales de Facebook como la que utilizó la consultora Cambridge Analíticas para las elecciones de los EEUU o para el referéndum del Brexit, vienen siendo algo habitual. Una vez más se abre el debate en cómo buscar un equilibrio entre seguridad y libertad.

Este afán controlador, y no precisamente para velar por la limpieza de las redes, es lo que le ha sobrevenido también al gobierno socialcomunista que padecemos. No nos olvidemos que al hilo de controlar los “bulos o fake news ordenó monitorizar las informaciones que le molestaban, como anunció el General José Manuel Santiago, asegurando que la Guardia Civil trabajaba para minimizar “el clima contrario” por su gestión de la crisis. Una evidencia más de la inseguridad de privacidad que padecemos.

Cansado de tanta manipulación le pregunté a “Alexa”: Alexa, ¿tú me controlas?. Respuesta de Alexa : Lo haré cuando me programen para ello. Ese es ahora mi temor…

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Sin minusvalorar la gravedad de la epidemia, lo cierto es que la machacante repetición diaria de datos, la descarada manipulación de los mismos (la más flagrante, la de los fallecidos) y el impúdico partidismo propagandístico de portavoces tan desacreditados como Fernando Simón o el propio Ministro Illa han causado más desasosiego que tranquilidad y confianza en la propia gestión del gobierno como hubiera sido su obligación.

La Navidad coincide también con la apertura de un nuevo año. Desde que se instauró nuestro calendario gregoriano y muchos siglos antes también, cada año viene marcado por sucesos que han condicionado la vida de las personas. Los grandes descubrimientos científicos y revolucionarios, las convulsiones políticas, los fastos deportivos y sociales junto a las catástrofes naturales o las guerras y penalidades determinan de una forma u otra la historia de la humanidad.

Miles de ellos también alcanzan nuestras fronteras terrestres de Ceuta y Melilla con Marruecos, dejándose a veces la piel en sus muros de alambres en un espectáculo dantesco y humillante. Lo normal viene siendo que cuando el Estrecho se cierra para los negreros traficantes de seres humanos, los reconducen hacia los cayucos, que reciben la “mercancía” de barcos nodrizas para transportarlos desde las costas africanas hasta la proximidad de las Islas Canarias.

El aislamiento de nuestra nación en el contexto internacional, reforzó aún más el liderazgo del general Franco que rodeado de un gobierno monolítico reconstruyó una España devastada, rota económica y socialmente. El régimen franquista renegó de cualquier tipo de participación política a través del sistema de partidos y formulando la democracia como “orgánica”, instituyó la familia, el municipio y el sindicato como los únicos cauces de representación de la sociedad.

El Estado no puede conceder ningún derecho fundamental al hombre como persona, ya que ésta los posee por su propia naturaleza y solo debe limitarse a reconocérselos o en su caso a protegerle contra quienes quieran privarle del ejercicio de alguno de ellos. Todo lo contrario de lo que este gobierno filocomunista hace cada día desde su ya descarado totalitarismo.

Todas estas leyes han sido fruto de intensos debates, discrepancias e incluso polémicas públicas y han venido impuestas por la mayoría parlamentaria de unos u otros partidos, nunca por un pacto de Estado como hubiera sido lo deseable. La actual Ley Celáa añade a esta nueva imposición ideológica de dirigismo claramente estatalista, unos factores que la hacen aún más alarmante.

Hacía tiempo que no me emocionaba ante una pantalla de cine o televisión, como lo he hecho después de “revivir” con toda intensidad y emoción la trágica y larga historia de los casi 50 años del terrorismo etarra relatada con un rigor y profesionalidad encomiable en la serie “El Desafío: ETA”.

He de reconocer mi perplejidad por lo que se ha vivido estos días en el Congreso de los Diputados a cuenta de la fallida moción de censura de Santiago Abascal y que ha originado una tormenta política de inciertas consecuencias para el espacio electoral que hoy ocupan los tres partidos mayoritarios de la oposición.

 
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