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Isaías Lafuente
Isaías Lafuente
Visiones
Isaías Lafuente nació en Palencia en 1963. Es periodista, escritor y profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos. Trabaja en la cadena SER como subdirector del programa 'Hoy por Hoy', que dirige Carlos Francino. Es analista en la tertulia política del programa de Ana Rosa Quintana (Tele 5) y en '59 segundos' (TVE). Es autor de tres libros: 'Tiempos de Hambre', 'Esclavos por la Patria' y 'Agrupémonos todas', por el que ha recibido el premio Meridiana que concede el Instituto de la Mujer de la Junta de Andalucía. Antes de entrar en la Cadena SER trabajó en Radio Nacional y Radio Exterior. En los últimos años ha compatibilizado su trabajo con colaboraciones en programas de televisión como 'El martes que viene' (TVE) de Mercedes Milá e 'Iñaki los Jueves' (Autonómicas), dirigido por Iñaki Gabilondo. Ha escrito numerosos artículos y pronunciado conferencias. Como miembro de 'Hoy por Hoy' ha recibido los Premios Ondas -Nacional e Internacional- de radio.
Isaías Lafuente
Últimos textos publicados
Memoria selectiva
MADRID, 15 (OTR/PRESS) El pasado martes, en la primera sesión del debate sobre el estado de la nación, Cuca Gamarra pidió un minuto de silencio en homenaje a Miguel Ángel Blanco, de cuyo asesinato se cumplían 25 años. Todo el hemiciclo en pie, incluidos los representantes de Bildu, respetaron el gesto, aunque al finalizar, una contenida pero firme Meritxell Batet le recordó a la diputada popular que las cosas no se hacen así en el Congreso.

Gamarra no solo inició su intervención con este recuerdo, dedicó sus diez primeros minutos a recordar a ETA, cuya actividad criminal cesó hace once años, y usó la rebelión ciudadana que se puso en marcha tras el crimen de Blanco para hacer un paralelismo con lo que hoy, según la tesis de Gamarra, se está produciendo contra el gobierno de Sánchez. A Miguel Ángel Blanco le habría dado vergüenza esa burda utilización de su brutal asesinato.

De esta manera, el PP no solo rescataba el mantra de la virtual presencia de ETA en la actual vida política a través de Bildu, sino que preparaba el terreno para oponerse a la Ley de Memoria Democrática, cuyo proyecto salió adelante ayer tras un tempestuoso debate. También lo hizo Vox, un día después de que su líder, Santiago Abascal, sacase a pasear el recuerdo del asesinato de Calvo Sotelo en las vísperas de la Guerra Civil.

Resulta muy curioso que quienes son tan reticentes a legislar sobre la memoria de la dictadura y sus crímenes, no dejen de reivindicar, legítimamente, la memoria de otras víctimas. Conviene recordarles lo evidente: que las víctimas de Franco también fueron perseguidas, secuestradas y asesinadas como lo fueron las de la banda terrorista ETA. Con una diferencia fundamental: que aquellos crímenes fueron cometidos por los aparatos de un régimen ilegítimo que acabó con la democracia y gobernó nuestro país durante 40 años.

Al PP le costó mucho tiempo reconocer la ilegitimidad de la dictadura franquista. Vox aún no lo ha hecho. El anterior presidente del PP, Pablo Casado, cargó hace años contra aquellos "carcas" de izquierdas que están siempre con lo de "la tumba de no sé quién". El actual senador popular Rafael Hernando llegó a decir que los herederos de las víctimas de Franco solo las recordaban por dinero. Mariano Rajoy no dedicó un solo euro en sus últimos años de gobierno a la exhumación de fosas. Es muy difícil caer más bajo.

Hasta del centrista Edmundo Bal hemos escuchado en el debate de la Ley de Memoria que si en la Transición el PSOE y el PCE hubiesen estado dirigidos por sus actuales líderes, Pedro Sánchez y Enrique Santiago, "habría habido otra guerra civil". Son argumentos zafios construidos para negarse a lo evidente y es que este país tiene aún una deuda pendiente con las víctimas de una dictadura feroz. Y la tardanza en saldarla definitivamente por una democracia que ya dura más que la dictadura es una insoportable vergüenza.

sábado, 16 de julio de 2022.
 
Exitoso fracaso
MADRID, 1 (OTR/PRESS) La Cumbre de la OTAN celebrada en Madrid se ha cerrado, en términos artísticos, con gran éxito de crítica y público. Los invitados han alabado la eficacia organizativa del anfitrión y la agenda paralela de los mandatarios ha dejado imágenes peculiares de nuestro país que han dado la vuelta al mundo. El Museo del Prado nunca hubiera soñado con la inesperada campaña publicitaria que ha propiciado el evento, por ejemplo. Hasta ahí, todo bien.

La OTAN tampoco puede quejarse. Una organización que estaba en estado de letargo ha recibido un chute revitalizador que le ha puesto en bandeja, paradójicamente, Putin. Nuestro ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha comparado en términos históricos esta cumbre con la caída del Muro de Berlín. La historia dira, pero la comparación es perturbadora. Porque la caída del Muro cerró una brecha en Europa que la Cumbre de Madrid ha vuelto a abrir.

La historia ha dado marcha atrás en estos días. Hemos retornado a una nueva especie de Guerra Fría, reforzando viejos equilibrios basados en la contradictoria convicción de que la paz sólo puede afianzarse rearmando a los potenciales contendientes. Ha renacido el principio romano: si vis pacem, para bellum.

En nombre de la paz, Suecia y Finlandia han abandonado su secular neutralidad; en nombre de la defensa de la democracia, la mesa de la OTAN hace hueco a un dudosísimo demócrata como Erdogan, y en una época de desarme económico, los líderes europeos no han dudado en incrementar notablemente los gastos en defensa sin explicar cuáles recortarán para mantener los equilibrios presupuestarios.

Evidentemente, la espita de este giro la ha encendido un sátrapa belicoso como Putin, que cree que puede ir por el mundo invadiendo lo que le venga en gana en pleno siglo XXI. Y mientras existan individuos como él campando por el mundo, evidentemente conviene tener algún paraguas protector en el que protegerse eventualmente. Ojalá todo salga bien, pero la sensación es que, en términos de paz, no se ha hecho un gran negocio.

sábado, 2 de julio de 2022.
 
Ciudadanos, no súbditos
MADRID, 20 (OTR/PRESS) Después de dos años de autoexilio, el rey emérito ha decidido venir a pasar unos días a España. Repasada la agenda, dedicará el triple de tiempo a ver a sus amigos y a regatear, si puede, que a ver a su todavía esposa, a su hijo y al resto de la familia. En cualquier familia real, que no Real, difícilmente sucedería algo así.

Paradójicamente, quien fue constitucionalmente símbolo de la unidad de España durante cuarenta años ha conseguido dividir a los españoles con su vuelta. Y la frontera no separa a monárquicos y republicanos, sino a ciudadanos y súbditos.

Los primeros, legítimamente molestos, expresan su malestar; los segundos, en su condición de súbditos, consideran que a un monarca hay que disculparle siempre cualquier cosa. Lo que hizo Juan Carlos fue indigno. A pesar de haber salido indemne de los procesos judiciales, por prescripción o por la especial protección que le concede una anacrónica inviolabilidad constitucional, conviene recordar que la justicia consigno hasta trece ilícitos penales imperseguibles por esas circunstancias, y que tuvo que realizar tres regularizaciones para no acabar procesado y condenado por un delito fiscal, como le sucedería a cualquier ciudadano.

También convendría recordar a estos monárquicos consentidores que no son los republicanos quienes minan la credibilidad de la institución, sino el emérito con su indigna actitud. Y que es el rey actual, su hijo, quien le retiró al padre la asignación pública, quien renunció a su manchada herencia y quien le ha dicho que si vuelve se tendrá que alojar fuera del palacio de la Zarzuela. Es decir, que quizás crean que poniendo la alfombra roja al emérito fortalecen la monarquía, pero lo único que hacen es dificultar el trabajo del actual rey y poner en riesgo el futuro de su heredera. Algo que no importará a los republicanos, sin duda, pero debería preocupar a estos súbditos tan apasionados.

sábado, 21 de mayo de 2022.
 
 
Insoportable regla
sábado, 14 de mayo de 2022.
 
Clara vive
sábado, 30 de abril de 2022.
 
Los muertos y los vivos
sábado, 9 de abril de 2022.
 
Vértigo popular
sábado, 2 de abril de 2022.
 
Héroe inesperado
sábado, 26 de marzo de 2022.
 
Jugada maestra
sábado, 12 de marzo de 2022.
 
Cómplices
sábado, 5 de marzo de 2022.
 
Victorias pírricas
sábado, 19 de febrero de 2022.
 
Sánchez no se presenta
sábado, 12 de febrero de 2022.
 
Isaías Lafuente
sábado, 5 de febrero de 2022.
 
La omertá
sábado, 29 de enero de 2022.
 
Elogio de la trampa
domingo, 16 de enero de 2022.
 
Pandemia antidemocrática.
sábado, 8 de enero de 2022.
 
Sin grandes esperanzas
domingo, 2 de enero de 2022.
 
Tradiciones
domingo, 26 de diciembre de 2021.
 
Isaías Lafuente
sábado, 18 de diciembre de 2021.
 
La mujer ignorada
domingo, 5 de diciembre de 2021.
 
Cumplir años
sábado, 27 de noviembre de 2021.
 
Desamnistiar
sábado, 20 de noviembre de 2021.
 
Impresentables
domingo, 14 de noviembre de 2021.
 
Difíciles coaliciones
sábado, 6 de noviembre de 2021.
 
Pretérito imperfecto
sábado, 30 de octubre de 2021.
 
Revivir a ETA
lunes, 25 de octubre de 2021.
 
Deducción fantasma
viernes, 15 de octubre de 2021.
 
Archivo
08/10/2021 Lo sagrado
01/10/2021 Clara conquista
17/09/2021 Peligrosos mileuristas
11/09/2021 Lo urgente es ir más despacio
03/09/2021 La empatía
16/07/2021 Desconexión
09/07/2021 Los cómplices
02/07/2021 El chiringuito soy yo
26/06/2021 Recurrir la eutanasia
18/06/2021 Montaña rusa
11/06/2021 El rumbo de Colón
04/06/2021 La España real
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07/05/2021 Tentaciones peligrosas
30/04/2021 Indigencia moral
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19/03/2021 Vida digna hasta la muerte
12/03/2021 El terremoto y sus réplicas
04/03/2021 Vacunas reales
25/02/2021 Catálogo de ausencias
12/02/2021 Sostiene Casado
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28/01/2021 Candidato Illa
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15/10/2020 Más turbación
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18/09/2020 Hablemos del empleo
03/09/2020 El Pazo de Meirás debe volver al Estado
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16/04/2020 La metáfora bélica.
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