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Moscú-Pekín: evidentes intereses comunes

Dmitri Kósyrev
Redacción
martes, 30 de agosto de 2005, 23:38 h (CET)
Los primeros ejercicios militares de la Rusia postsoviética y China concluyen el 25 de agosto en plena consonancia con su fantástico guión: una vez realizado el desembarco marítimo en la península de Shandong, ocupada por terroristas, aislarlos definitivamente mediante el desembarco aéreo y ensayar luego el esquema de la operación pacificadora clásica al amparo de la ONU, incluyendo la disuasión de los bandos en conflicto, el monitoreo de la zona afectada con el uso de helicópteros y aviones de caza, y muchas otras cosas.

Los ejercicios militares internacionales parecen a los sistemas de tuberías: las estructuras geopolíticas montadas en torno suyo por expertos, eclipsan por su envergadura los propios proyectos como tales. Procede señalar que los ejercicios militares ruso-chinos, los primeros (por lo menos, en este siglo) en la península de Shandong, batieron todos los récords tanto por su envergadura real (10 mil militares, navíos y submarinos, aviación de acción lejana), como por las audaces evaluaciones políticas exteriorizadas por la práctica totalidad de los principales medios mundiales de comunicación masiva.

Aunque lo más sorprendente es que hasta ahora tales ejercicios no se hayan realizado entre los dos vecinos más próximos con la frontera común que se extiende a 4300 km, cuya colaboración en el ámbito militar se está fortaleciendo. El lector atento de "Renmin Ribao" podía notar que los 3 últimos años China efectuó los ejercicios militares conjuntos con Kirguizia, Tayikistán, Kazajstán y, a propósito, con Rusia en el Asia Central; los ejercicios navales, con Pakistán y luego, con la India; otros ejercicios navales y, además, junto a las costas de la citada península de Shandong, con Francia; poco más tarde, con la Gran Bretaña; luego, otra vez, con Pakistán en la zona de Xinjiang en las proximidades de la frontera tayika, y de nuevo, con la India, en las altas mesetas del Tibet. Fuentes chinas internacionales incluyen también los ejercicios realizados en presencia de observadores militares extranjeros, últimamente su número era bastante apreciable. En total, según cómputos chinos, se realizaron 12 ejercicios militares de diverso nivel y escala. Como vemos, Rusia no tiene monopolio al respecto. No obstante, hablando de la política, conviene recordar los hechos evidentes relativos al contenido de las relaciones ruso-chinas.

¿Sería ventajosa para Rusia la tendencia principal de toda la política mundial, si en los próximos 2 ó 3 decenios China se convierta en la primera potencia económica del mundo? Y, respectivamente, poco más tarde, en principal potencia política y militar del mundo, la primera por su influencia? Claro que sí. Porque en realidad, esta tendencia significa que a lo largo de varios decenios en nuestro mundo se formarán varios centros más o menos iguales de poderío económico y político: China, la India, EE UU y la UE. Este hecho proporciona a los demás Estados el chance anhelado de acelerar su desarrollo utilizando la competencia arreciada de los líderes. En caso de que el dominio unilateral de una sola potencia se prolongue, - sea quien fuere ésta -, el resto del mundo se verá obligado a imponerse a su dictado, consciente o inconscientemente, incluidos los estándares de los envases de leche o zumo. ¿Ganará Rusia si China precisamente (y en pos de ella la India) se haga con el liderazgo mundial? Indudablemente. Pues, la cultura política y la filosofía de estos dos países hoy y en un futuro previsible, coinciden con la cultura de la aplastante mayoría de electores rusos. Nuestro país, Pekín y Nueva Delhi tienen la idea común respecto al quehacer mundial. Claro que puede haber contradicciones, no obstante, es un hecho de importancia.

Otra cosa es que para Rusia resultaría desventajosa la conversión de China (o de cualquier otro país) en líder -lo que, en teoría, es posible- que deje muy atrás a los demás rivales. Pero es un problema de las postrimerías del siglo 21 o de una época más alejada.
¿Servirían a Rusia la inestabilidad de las regiones occidentales de China que lindan con el Asia Central y los intentos de organizar allí una "revolución de color" con ayuda de las organizaciones no gubernamentales ubicadas en el territorio del Asia Central? En modo alguno. Y en general resulta mejor tener un vecino próspero y contento que pobre y enfurecido. Rusia y China asimilaron esta sentencia sabia en el ejemplo una de la otra, primero en los años 60-70 y luego en la década del 90.

¿Sería provechoso para Rusia y China crear una alianza militar o política enfilada, por ejemplo, contra EE UU? De ninguna manera. Porque en su política ambos países, aunque esto se reconoce raras veces en voz alta, dan prioridad no a las relaciones mutuas, sino precisamente a las relaciones con EE UU, y no importa si éstas sean buenas o no. Para China, por ejemplo, EE UU es un partenaire con el volumen del comercio que asciende a 170 mil millones de dólares, sin hablar ya de que hasta el 70% de las reservas en divisas de China por el valor de 660 mil millones de dólares, se guardan en las obligaciones del tesoro público norteamericano. Y esta interdependencia conduce a que las relaciones entre China y EE UU sean pacíficas incluso en un grado mayor, pese a que los gastos militares de China representan tan sólo el 6% de los norteamericanos, según los datos chinos, y el 20%, según los norteamericanos.

¿Es ventajoso para Rusia y China desarrollar las relaciones económicas y comerciales? Indudablemente. Ante todo, porque no el Japón ni Corea del Sur, sino China precisamente tiene asignado el papel de primer partenaire económico de Siberia y Extremo Oriente. Y, además, porque China necesita materias primas y mercados de Rusia y del Asia Central. No es una fórmula sencilla de cooperación y se precisan negociaciones hábiles para mejorarla. Entretanto, es inútil hacer conjeturas respecto al guión de los actuales ejercicios militares ruso-chinos tratando de adivinar qué tiene que ver el litoral marítimo con las amenazas centroasiáticas comunes para Rusia y China. Pues, los actuales ejercicios no son un episodio aislado, sino parte de un proceso incipiente.

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Dmitri Kósyrev, es comentarista de RIA "Novosti".

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