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Etiquetas:   Bromas aparte   -   Sección:   Opinión

Integración y multiculturalismo (II)

Ezequiel Estebo
Redacción
lunes, 22 de agosto de 2005, 05:56 h (CET)
Retomando el principio de la exposición, no creo que estemos en el fin de la historia; sino más bien, aceptando la expresión, en el principio del fin de la historia.

A través de la deslocalización iniciada por las grandes empresas, el mundo va hacia la globalización mundial de la economía y de la cultura. Pero esta globalización se está produciendo en la actualidad con un vacío humanístico importante. Grandes compañías se instalan en países menos favorecidos económicamente, con problemas políticos y estructurales graves para aprovechar las posibilidades de su desgracia en favor de una mayor rentabilidad económica para sus negocios. Esa globalización así concebida tan sólo genera destrucción cultural y acrecienta las diferencias entre el primer y el tercer mundo; no sólo no favoreciendo la integración de unas culturas con otras en una convivencia pacífica, sino dificultando e incluso imposibilitando dicha integración. Por otra parte, en las sociedades del mundo occidental, las minorías provenientes de la inmigración están siendo utilizadas como mano de obra barata para realizar aquellas labores que dichas sociedades necesitan pero que por su baja calidad nadie desea. Esto no genera integración, sino confrontación y la formación de guetos raciales y culturales que pueden derivar en graves problemas sociales.

Yo creo que la sociedad tiene un compromiso con la educación en la Cultura de la Paz, tal como defiende la ONU. Entre cuyos objetivos se encuentran la erradicación del racismo, la xenofobia y toda clase de actos de intolerancia conexos. En este sentido parece fundamental la educación en los derechos humanos. Por eso, siendo un convencido defensor de la globalización, pienso que ésta ha de realizarse de un modo controlado y mirando bien de no caer en extremos que favorezcan la explotación de unos países sobre otros, sino la proliferación de oportunidades.

Cierta tarde primaveral, estando en Madrid, estaba con unos amigos sentado en una terracita cuando vi desarrollarse ante mí un apasionado debate en torno a la pregunta "¿vamos hacia un cristianismo musulmán?" que uno de ellos puso sobre la mesa. Entonces asistí como mero espectador al debate.

Yo no creo que vayamos hacia un cristianismo musulmán, entendida esta expresión como una pérdida de identidad y un mestizaje total donde exista además de una globalización económica una perfecta globalización de las ideas y las creencias; creo más bien en cambio que vamos hacia un cristianismo musulmán si entendemos por esta expresión que la globalización genera un relativismo ideológico difícil de esquivar.

Durkheim, una vez más, nos da una pista importante. Encontramos en su teoría sobre la división del trabajo que la anomia no sólo se produce ante la ausencia de normas sino ante la inflación de las mismas, siendo por tanto importante para cualquier sociedad construir en base a unas normas claras y delimitadas. Dichas normas, en una sociedad que pretenda no caer en la senda del totalitarismo, no han de basarse en principios morales ni religiosos máxime cuando vemos que la globalización nos lleva a la convivencia de distintas creencias; sino en los principios éticos que sustentan los fundamentales derechos humanos. Si esto se hace así, las minorías étnicas aportarán a las sociedades mayoritarias receptoras nuevas costumbres y modos que irán creando sucesivamente situaciones de conflicto-consenso de modo indefinido sin alcanzarse nunca la total unicidad de pensamiento y cultura. De igual modo, estas minorías integradas al relacionarse con sus países de origen fomentarán el intercambio y la expansión de la globalización cultural.

Creo que el mundo sí navega hacia una globalización de economía y pensamiento; pero esta globalización enriquecedora y llena de oportunidades presenta también graves riesgos de atomización de las sociedades. Las especies vegetales y animales aparecen y desaparecen en la naturaleza como consecuencia del proceso de evolución natural. Del mismo modo, las ideas y creencias van evolucionando, descartando aquellos aspectos que las sociedades no permiten sostener y generando nuevos puntos de vista y teorías para encajarse en el mundo. En este proceso, las ideas más extremas y menos consistentes serán fagocitadas por las ideologías mayoritarias que para cumplir su naturaleza de mayoritarias están carentes de asperezas y se fundamentan en grandes ideas generales. Pero espero que no se acabe en una cultura única, porque esto en esencia sería tanto como decir que todo da lo mismo, lo que derivaría en la anomia absoluta; por eso confío en que siempre exista una constante lucha de fuerzas en busca permanente de consenso.

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