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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Disgregación lamentable

Es curioso, atendemos con preferencia a las actitudes disgregadoras. ¿Laa consecuencias?...No las tenemos en cuenta
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 29 de junio de 2012, 06:50 h (CET)
Cuántas actitudes inteligentes son engullidas por los auténticos agujeros negros ocasionados en el decurso de la vida en sociedad. Desde los esfuerzos de los chavales en la preparación de sus exámenes, a los adultos con numerosas cuitas; el desperdicio de buenas inteligencias, parece de una evidencia que no debemos perder de vista. Quizá lo desaprovechado ahora, tenga nuevas aplicaciones en el futuro, en otros menesteres; aunque queda en entredicho la capacidad de recuperación. ¿Quién recupera el tiempo perdido? Frente a la colaboración con vistas a una creatividad digna, predomina la DISGREGACIÓN consentida, y aún apoyada por las aglomeraciones. Lo que pudo constituir una suma de gran valor, queda plasmado en una cultura enana, por que dispersa los diversos componentes del ser humano.

Pretenden hacernos entender a las personas como entes compuestos por partes o elementos separados. La inteligencia por un lado, los sentimientos colocados en otro apartado, las intuiciones tendrían su propia ubicación, la ciencia elabora otra trama independizada; y así sucesivamente, las emociones, la justicia, la educación, la religión, el arte o cualquier otra actividad. Dicho de otra forma, son manifestaciones que acabarían independizadas de los individuos, estos quedarían relegados a un papel secundario, el de meras comparsas. Observamos a diario como la DESINTEGRACIÓN no es teórica, traduce el menosprecio progresivo hacia cada ciudadano en particular. Como decía Ortega, asumimos una cultura que escinde las funciones vitales. Es una esquizofrenia múltiple de difícil reparación. Sin la visión unitaria de la persona, cada uno continuaremos tocados por el desgarro íntimo, en el mismo núcleo de la vida propia.

Con cierta frecuencia, el distanciamiento con respecto a los conceptos e ideas, viene favorecido por la tendencia a magnificar la realidad de manera injustificada. La aparente grandeza, abre las puertas a la insensatez, nos conduce por caminos desconectados entre sí. Hasta las mentes preclaras de ilustres científicos nos presentan ejemplos que inducen a la confusión; INFINITO e INDEFINIDO pasan a ser considerados idénticos. Les gusta hablar de cálculos infinitos y leyes irrebatibles, cuando en realidad circulan por áreas indefinidas; y por consiguiente, imposibles de precisar. Los grandes misterios del Universo les superan con creces, pero acallan sus limitaciones con una verborrea ostentosa, arremeten contra la idea de Dios o la que se ponga por delante; mientras andan perdidos en las zonas indefinidas. ¿Sospecharemos de los grandes definidores?

Ocurre algo similar con las enormes estructuras diseñadas para otras áreas de la actividad social. A medida del incremento de tamaño, la figura de los individuos en particular va desapareciendo, primero de los órganos decisorios y después también quedan alejados de los objetivos propuestos. ¿Exageración? Veamos como ejemplo el papel desempeñado por la UNIVERSIDAD. El protagonismo básico giraba en torno de una formación integral, ligada a las aspiraciones de alto nivel, a la excelencia y a las aperturas de lanzaderas hacia las investigaciones. Por el contrario, los intereses y la política, junto a la carencia de las antiguas aspiraciones; multiplicaron los centros, abundaron en las titulaciones, modificaron los planes de estudios cada pocos años sin claros fundamentos; con la generación de una desorientación progresiva. Del objetivo centrado en la formación, apenas surgen referencias ambiciosas; dominan las maniobras estructurales tendenciosas.

Si sobre los sucesos en los que nos vemos implicados o sobre los objetos que tenemos delante, activamos todo tipo de interpretaciones, incluídas las contradictorias; cabe intuir un desenfreno considerable cuando afrontemos los diversos misterios de la vida, sean de carácter técnico o filosófico. También en estos apartados repetimos el dominio estructural, en el cual, las grandes teorias o elucubraciones adquieren proporciones desmesuradas. Es algo que podemos apreciar en torno a las CREENCIAS. Desde los ateos a las diferentes religiones, las descripciones, reglamentos, rituales y encorsetamientos, como la ausencia de criterios; erosionan la experiencia directa de cada individuo. Los clichés apagan gran parte de la vitalidad de sentimientos como los referidos. La disgregación acaeció de nuevo a resultas de unos tamaños poco humanos. La anulación de la presencia personal, pienso que no trae beneficios, ni de cara a la responsabilidad, ni para la felicidad.

Desde el lenguaje a los criterios manejados, muchas referencias hablan del vaciamiento del hombre. Por otra parte, no es un lamento novedoso, un siglo ha pasado de aquel “hombre sin atributos” y sigue la cantilena. Ahora bien, al menos tengamos en cuenta la mala utilización del intelecto, especialmente en las actuaciones encaminadas a la desintegración de antiguos logros encomiables. En esa línea, pensemos en una ÉTICA con directrices de respeto mutuo y encauzamiento de los diferentes comportamientos; no basados en la uniformidad, sino en la consideración a los demás. Venía a ser como el hilo que orientaba las tendencias contrapuestas. Sin embargo, por mal fario o quién sabe por qué razones, hemos derivado por callejones diferentes; cada sujeto circula por su callejón ético particular. Así, cada uno dispone de su ética independiente, con la consiguiente pérdida de la atención comunitaria (Agentes de bolsa, políticos, intrigantes varios). Apáñese cada uno con su ética.

En relación con el comentario de las éticas, interesa también la interpretación que efectuemos sobre nosotros mismos. Las explicaciones de los orígenes y del final, abundan en las insuficiencias y las notables limitaciones. Entre tantos desconocimientos soportados, cada día brotan SINGULARIDADES excepcionales; sin extenderme demasiado, cada nacimiento entraña uno de esos fenómenos sin parangón. En verdad, cada uno aporta sus rasgos peculiares indiscutibles. Lo cual no es óbice para que destaque la actitud de permanecer aferrados al carácter singular de esas presencias, con esa fijación despreciamos los aspectos comunes que nos lligan con el resto de las personas. Desdeñamos con excesiva frecuencia, aquellos aspectos comunes que también son  nuestros.

Los amigos suelen notarse en los momentos dificultosos, cuando vienen mal dadas persisten en sus apoyos. En los momentos triunfales proliferan los parásitos y aduladores, que de algún modo, persiguen su propio beneficio y sólo aparentan la próximidad amistosa. Estos últimos constituyen una adherencia inapropiada, son merodeadores constantes en torno al éxito. Desarrollan actitudes trepadoras hasta lo impensable, acompañados de gentes desalmadas y prácticas corruptas de lo más sibilinas (Gürtel, Urdangarín…). Conforman la PARADOJA del TRIUNFO. En la medida que este incrementa las posibilidades deseables, junto a los meritorios de dichos logros, en general pocos; acuden numerosos trapisondistas, en un acercamiento nocivo para el buen funcionamiento. De no poner remedio a tiempo, el panorama de las acciones de mérito (Ganadores de unas elecciones, empresas triunfadoras, organizaciones sociales) corre el grave riesgo de una desintegración absurda, por la tolerancia mal entendida y el gran número de agentes discordantes acumulados. Minan las mejores cualidades, con la entrada en escena de elementos no colaboradores, que estropean la sintonía del proyecto que fue bien elaborado.
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