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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Jesucristo la piedra del ángulo

Una iglesia que no sabe distinguir entre dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar es una iglesia infiel al Señor al que le debe fidelidad
Octavi Pereña
viernes, 22 de junio de 2012, 15:33 h (CET)

En su escrito “Rouco Varela”, el filósofo y político leridano Ramón Camats plantea la candente pregunta que nace de las palabras que Jesús dijo a Pedro: “Y yo también te digo que tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi iglesia”. Aquí termina la cita que Camats hace del texto de Mateo. Pero el versículo al que se refiere no finaliza aquí, sigue diciendo: “Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Camats añade este comentario al texto: “Si hablaba de individuos como éste, refiriéndose al cardenal Rouco Varela, pero se equivocó de pleno”. Si Jesús se refirió a Pedro viendo en él el primer papa de la supuesta sucesión apostólica, en verdad se equivocó porque el apóstol no podía ser la piedra sobre la que Jesús edificaría a su iglesia. Es cierto que Jesús le dijo a Pedro tres veces “pastorea a mis ovejas” poco antes de su ascensión. No le dice que es la piedra sobre la que edificará a su iglesia. Le da el encargo de pastorearla, de alimentar a los fieles con el pasto tierno y nutritivo de la Palabra de Dios. ¡no es poca la responsabilidad que Jesús pone sobre los hombros de Pedro como portavoz de la Palabra de Dios!
Jesús no puede contradecir la enseñanza de la Biblia. Si ésta dice: “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta del Señor” (Jeremías 17:5), esta declaración invalida que Pedro y sus supuestos sucesores en el papado puedan ser la piedra sobre la que Cristo edifica la iglesia de Dios.

Detengámonos en el contexto inmediato de la controvertida declaración de Jesús para descubrir su significado. Jesús y sus discípulos se encontraban en la región de Cesarea de Filipo, caracterizada por estar salpicada de templos dedicados a los dioses paganos. En esta zona en la que imperaba la idolatría más grosera Jesús pregunta a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” La respuesta que dan: que si Juan el Bautista, que si Elías, que si Jeremías o alguno de los profetas. “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Pedro, como de costumbre es el primero en responder. “Tú eres Cristo, el Hijo de Dios viviente”. ¿Cómo pudo dar Pedro una respuesta de tan profundo contenido teológico? Jesús aclara la duda: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”. La interpretación lógica del texto es que la piedra sobre la que se edifica la iglesia de Jesús que no será vencida por las fuerzas del mal está en la fe, don del Espíritu Santo, de Pedro que declara que Jesús es el Cristo el Hijo del Dios viviente. Pedro conocía el Antiguo Testamento. Se encuentran muchos textos en los Salmos que declaran que Jesús es la Roca. Cito sólo uno: “Venid, aclamemos alegremente al Señor, cantemos con júbilo a la Roca de nuestra salvación” (95:1). Nos podemos enzarzar en una discusión interminable. No es conveniente caer en esta trampa. Dejemos que sea el mismo Pedro que nos interprete el texto de la discordia: “Acerquémonos a Él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:4,5).

Pedro, dejando bien claro que él no es la piedra sobre la que se edifica la iglesia de Jesús nos transporta al Antiguo Testamento: “Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa, y el que cree en Él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, Él es precioso, pero para los que no creen, la Piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser  la cabeza del ángulo, y: Piedra de tropiezo, y Roca que hace caer, porque tropiezan con la palabra, siendo desobedientes, a lo cual fueron también destinados” (Isaías 28:16; Salmo 118:22; Isaías 8:14,15, 1 Pedro 2:6-8).

Si quienes nos decimos cristianos siguiésemos el consejo del salmista: “ Me regocijaré en tus estatutos, no me olvidaré de tus palabras” (119:16), ¡qué corriente de aire fresco no llegaría a una iglesia mortecina por el humanismo cristiano que la ha alejado de la Palabra de Dios que vivifica a los creyentes! Si la iglesia siguiese el consejo del salmista y se complaciese en los estatutos de Dios y no los olvidase, otra sería su estado. Al no poner la confianza en el hombre la pondría en Cristo que es la piedra del ángulo. El apóstol Pablo nos advierte: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:20-22).

Todo lo que no sea edificar sobre la Roca que es Cristo, se construye sobre la arena. El edificio que se levanta sobre cimiento tan débil e instable como lo es Pedro, se derrumba. Es por esto que la iglesia del siglo XXI se agrieta y sus muros se desmenuzan y recibe el menosprecio de los hombres.
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