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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Trascendencia próxima

Es un asunto grave, tenemos poco en cuenta las consecuencias de nuestros actos y al parecer, a más alto nivel, menos responsabilidad. Al menos en grandes proporciones
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 15 de junio de 2012, 06:59 h (CET)
Desde el más allá a lo más cercano, las diferencias y las distancias son infinitas. Ahora bien, las repercusiones de cuantas tareas emprendimos, dejan huellas muy palpables en los alrededores; afectan de mil maneras al resto de las personas. Seamos ateos o creyentes, concienciados o pasotas, presumidos o zarrapastrosos; a la vista y a las costillas nos duelen las HUELLAS que vamos dejando. No sé si pensamos mucho o poco en las trascendencias supremas, divinidad, cosmos y todo eso; pero si noto, es evidente, el descaro con el que tratamos la trascendencia con respecto a los demás humanos, animales o la conservación del medio ambiente. El panorama refleja alarmas constantes.

El Universo todo y La Tierra en particular, constituyen un reto permanente para la experiencia humana. En su constante progresión, los adelantos científicos confieren cierta autonomía a los individuos sobre los elementos naturales entre los que nos desenvolvemos. Las técnicas aportan numerosas soluciones parciales y nunca la definitiva. Como simple contrapartida, a la par de logros importantes, sobrevienen secuelas trágicas y dificultades, derivadas del empleo de la TECNOLOGÍA. También hemos de contabilizar sus limitaciones, detrás de cada incógnita siempre aparecen otras. Estamos incompletos por definición, así estamos constituídos. Olvidamos en exceso las limitaciones y los inconvenientes; lo que nos condena a una agresión repetida e injustificada por parte de un poderío técnico hegemónico. Por de pronto, las personas disponemos de otras capacidades. ¿Menospreciadas?

Suele escucharse, quizá con demasiada ligereza, que somos dueños del cuerpo; cada uno del suyo, faltaría más. Ahora bien, ¿Dueños o servidores? Por que indicios hay en el doble sentido, con las variaciones detectadas en cada caso. Así pues, esclavizados por él o potentes administradores de la entidad corpórea; no cabe ninguna duda, las relaciones con las FACETAS CORPORALES propias o ajenas, repercutirán sobre la calidad de la vida desarrollada. La dependencia física (Biología, moléculas, bioquímica) no aclara el misterio de los brotes del pensamiento particular, ni de sus decisiones. Aunque los ejemplos abundan en la frivolidad para abordar estos aspectos; el respeto corporal y la responsabilidad de cara a las reflexiones y decisiones, corregirían muchos de los desperfectos con que nos abruma la convivencia de estos tiempos.

Una aplicación trascendente donde las haya, gira en torno a las reformas, estrategias necesarias para la adaptación a los sobresaltos de cada momento. Las crisis, los fracasos o las necesidades, exigen cambios y proyectos para mejorar las perspectivas. Sin embargo, a la hora de su planteamiento, solemos caer en un deslizamiento nefasto, dejamos de lado a las personas y nos aferramos a los ESQUEMATISMOS impersonales, sólo teóricamente plurales y neutros. Desaparecido el ciudadano, reinan otros bosquejos, el de la banca, de los partidos políticos, de la Universidad, de los Sindicatos o de las grandes empresas. Es un desplazamiento, que afecta después a las a las decisiones importantes. Por pura lógica, el esquema en sí, está desprovisto de sensibilidad. Eso favorece a quienes brujulean con las artimañas en busca de su exclusivo provecho.

Hemos alcanzado un punto en el trayecto social, en el cual los descarrilamientos suceden por doquier. Alborotados como estamos ante tanto desbarajuste, ya no intuímos las expectativas reales. En tal situación todo son sorpresas, debido a que las actuaciones mantienen una rebelión constante enfrentada a los fundamentos. Para conseguir unos objetivos concretos son precisas respuestas eficaces. Una EFICACIA trascendente hacia todos los ciudadanos. Aunque, por desgracia, es otra de las cualidades desdibujada y tergiversada con maliciosas intervenciones. Las consecuencias son fáciles de percibir en los noticieros y en los entornos. ¿Qué es ser eficaz? ¿En qué procesos? ¿Para qué fines? Estamos ante otro de los conceptos venido a menos. Las eficacias vistas por ahí, andan muy distanciadas de los deseos de cada particular; aunque tratemos con un desmadre previsible, puesto que, con anterioridad, nos hemos despreocupado de sus criterios.

Como una suerte de ceguera, sospechosa en quienes disponemos de unos medios de observación con una enorme capacidad; iniciamos y persistimos en labores aventuradas y no pocas veces desquiciadas desde sus comienzos. Siendo el progreso una ambición sana de los seres humanos; sin embargo, a ciegas, supone unos riesgos que quizá no podamos soportar. Y algo así practicamos con el DESARROLLISMO generado en diversos sectores de la sociedad. Representan a un intento de progreso desbocado, causante de destrozos en todo cuanto le sale al paso. Sucedió con la construcción desmesurada, y sobre todo, con las maniobras financieras acompañantes, con numerosas grietas comunicadas con los bolsillos fraudulentos. Las actividades polarizadas y fuera de control, suelen dificultar las miradas penetrantes sobre su gestión y repercusiones.

La organización de los diversos funcionamientos, buenos o perversos, servirá de apoyo a los ciudadanos, o por el contrario, de posición de fuerza para subyugarlos; dependerá de la orientación asumida. La repetición de comportamientos con pocos escrúpulos, ha consolidado de manera progresiva ESTRUCTURAS MALICIOSAS, por sus formas o por los hechos que propician; que, vaya si repercuten desfavorablemente en la vida de las personas. Lo hacen en un triple sentido, son costeadas por el dinero y el esfuerzo de todos, no miran preferentemente por el interés común y son permisivas con los abusos aberrantes. Existen ejemplos escandalosos. Miradas desde abajo, ¿Cómo debiéramos considerar?... a los múltiples Parlamentos, europeos, nacionales o comarcales; duplicados o triplicados en sus funciones. Las estructuras sindicales también propician preguntas de este tipo. ¿El número de políticos está justificado por los trabajos desempeñados? Da la impresión de que dominan los chupópteros.

Como de miserias andamos muy bien servidos, las limitaciones las notamos en cada momento. Ante la notable barahúnda ambiental, nos cuesta encontrar los buenos argumentos y las fuerzas suficientes para elaborar por nuestra parte una respuesta congruente. Mientras, triunfa lo insólito, el escándalo, la banalidad y la consigna de no pensar demasiado. Es la última cultura populachera implantada, de un igualitarismo ramplón y falso; en ella todo vale y pretende impedir las valoraciones de mayor calado, todo vale igual. Es la cultura de la INDIFERENCIA, que por sus mismos postulados, queda anulada, no registra ni lo mejor ni lo peor, en una confusión que trasciende en todos los ámbitos. ¿A dónde pretendemos llegar con esta proyección? Si asumimos esa nivelación a la baja, cobrará fuerza la afirmación de que algunos sacarán de todo ello pingües beneficios. ¿Quiénes?

La parte positiva de tanto puyazo, puede radicar en los estímulos que provoque. No está todo desvirtuado; aunque domine la maraña de trapisondistas y agoreros. Propugnaba Kant, aquello de “tener la valentía de saber”. Pues bien, en las cuestiones planteadas, precisamos de una valentía para el DISCERNIMIENTO y su proclamación, para abordar con decisión la separación entre trapacerías y aportaciones meritorias.
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Ana González 15/jun/12    19:25 h.
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