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Etiquetas:   Elecciones Andaluzas  

¿Cuándo perdió la derecha las elecciones en Andalucía?

Las elecciones no se ganan jamás. Las pierde siempre aquel que tiene en sus manos el poder
César Valdeolmillos
martes, 27 de marzo de 2012, 06:58 h (CET)
Se celebraron las tan esperadas elecciones autonómicas en Andalucía. Había mucho temor a perderlas en el PSOE y ciega esperanza de ganarlas en el PP. Y lo cierto es que se confirmaron tanto los temores como las esperanzas. Pero como en política la ficción puede hacerse realidad y la realidad puede convertirse en ilusorio espejismo, resulta que ganador se queda con dos palmos de narices viéndolas venir y el que ha obtenido menos votos y menos escaños, gracias al más que probable encamamiento político de los hermanos ideológicos de sangre, serán los que sigan mangoneando en la cosa pública andaluza.

Ocasión más propicia que esta, para que las elecciones las ganase la derecha, no sé cuando se podrá volver a presentar. Es muy posible que hayan de transcurrir más años de los que seamos capaces de imaginar, antes de que tengamos la oportunidad de ser testigos de ese mas que necesario cambio político y sociológico en Andalucía. Porque si con el descrédito que durante el mandato de Zapatero ha acumulado el PSOE en los últimos años y los escándalos que han rodeado su gestión al frente de la Junta, aun así, ha sido capaz de resistir lo suficiente como para poder continuar ostentando el poder al frente de la mayor  comunidad autónoma de España, me temo que de aquí en adelante, los socialistas bien pueden evocar el título de aquella película que en 1959 protagonizaran Rock Hudson y Jean Simmons, y exclamar: “Esta tierra es mía”.

Las elecciones no se ganan jamás. Las pierde siempre aquel que tiene en sus manos el poder.
En este sentido y en cuestión de estrategia, José Antonio Griñán actuó muy inteligentemente al distanciar las elecciones autonómicas de las generales, para no verse arrastrado por la corriente arrolladora de la debacle zapateril. El tiempo, difícilmente podría jugar en contra de sus pretensiones de continuar ocupando el Palacio de San Telmo. Por otra parte, se ha encontrado con un regalo que, en las circunstancias actuales, no cabía esperar por parte del PP. Y ha sido una campaña de bajo perfil en la que su contrincante, Javier Arenas, al igual que hizo Ursus en la película Quo Vadis, no ha sabido o no ha sido capaz de coger el toro por los cuernos y dejarlo inerte en la arena del circo político andaluz. Buena prueba de ello, fueron sus palabras cuando anoche se dirigió a sus seguidores: “Nos vamos a comportar como lo que somos: la primera fuerza política en Andalucía. Pero lo haremos con humildad”.

Mirusté, como diría Manuel Chaves. Mirusté señor Arenas: si el PP es la primera fuerza política, significa que ha recibido un mandato por parte del electorado en base a su programa y a las promesas, más o menos concretas que durante la campaña se le hayan podido hacer, y ese mandato Sr. Arenas, hay que llevarlo a cabo con diálogo, pero con la máxima decisión; con prudencia, pero con energía. Incluso le voy a conceder que lo pueda llevar a cabo hasta con un buen… ¿talante?, pero aparejado a una sólida firmeza. En el desarrollo de ese mandato político que le ha otorgado el electorado, usted puede, y yo diría que debe —ya que afortunadamente no somos todos iguales— hacer gala de toda la corrección, las buenas maneras, la generosidad y caballerosidad política y si me apura, hasta humanidad personal. Todo… menos con humildad, porque da la impresión de que está usted pidiéndole perdón a la izquierda por existir y por el encargo recibido.

Su obligación Sr. Arenas, aunque esté convencido de que el encamamiento político de los hermanos ideológicos de la izquierda no le vaya a dejar gobernar, es mostrarse a la altura que se espera de un líder político que tiene la legitimidad democrática de los votos que le respaldan; votos que han hecho del partido político al que representa, la primera fuerza política de Andalucía. Convénzase Sr., Arenas; deseche complejos. En política, nadie puede atribuirse una superioridad moral, que nadie ha concedido, ni la prerrogativa de dar lecciones de democracia. Deseche por tanto los fantasmas que históricamente acomplejan a la derecha y métase en la cabeza que, la decisión, la energía y la firmeza, en ningún caso son actitudes equivalentes al despotismo y desvergüenza con que puedan otros comportarse.

Ciertamente Sr. Arenas, aunque el PP ha sido el partido más votado, usted tiene motivos más que fundados para pensar, que la izquierda en su conjunto, una vez más se aliará para impedir que gobierne la derecha. Naturalmente que de este victorioso fracaso, tiene usted su parte de culpa, pero no toda. Estas elecciones, no las perdió la derecha ayer. Las perdió hace muchos años. Hace más de tres décadas.

Estas elecciones y todas las que le han antecedido, las perdió la derecha el día que se dejo arrebatar por la izquierda la bandera blanca y verde. Las perdió cuando su burguesía callaba timorata y casi avergonzada, cuando con el corazón había que cantar las hermosas estrofas de nuestro himno que invitaban a los andaluces a levantarse y a pedir tierra y libertad. Estas elecciones las perdió la derecha cuando su clase dirigente se mostró, no solo indiferente, sino que incluso trató de frenar su fervor autonómico, que tan bien supo aprovechar la izquierda.

¡Que miope torpeza política demostró en aquel entonces la derecha al dejar por su flanco, huérfana a su propia tierra! Fue como cuando un padre abandona el hogar y renuncia a sus hijos, dejándolos, como se ha demostrado en el transcurso de estos más de treinta años, no con su madre, sino con la madrastra. Porque una madre que ama a sus hijos, jamás haría lo que la izquierda ha hecho con Andalucía.

Ahora, curiosamente, es la derecha la que clama ante el maltrato, el desprecio, la humillación y el olvido de que son objeto esos hijos, ante los que un día, acomplejadamente, volvió la cabeza ante sus legítimas demandas. Por la respuesta que ayer dieron los andaluces al padre arrepentido, me temo que pueda ser ya demasiado tarde y mucho tendrá este que reflexionar y un gran coraje poner en su empeño, si es que quiere tener alguna posibilidad de recuperar un día la estima y el reconocimiento de aquellos hijos perdidos.

Los resultados de las recientes elecciones autonómicas celebradas en Andalucía, deberían constituir una seria preocupación para el PP. No estaría demás que comenzase a extraer la oportuna lección del pasado y comprender que si el 28-F fue un gran diseño de ingeniería política de la izquierda y particularmente del PSOE, en el que Andalucía fue la palanca que la izquierda utilizó para desalojar del poder a la derecha, ahora no resulta descabellado vaticinar que puedan pretender lo mismo, atrincherándose numantinamente al sur de Despeñaperros y como don Pelayo hiciese en Asturias, desde Andalucía iniciar la reconquista del poder perdido en el resto de España.
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Andaluz 27/mar/12    13:18 h.
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