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Opinión
Etiquetas:   La Cosa Pública  

¿Quién es Letizia Ortiz?

Ekain Rico
Álvaro Peña
jueves, 12 de mayo de 2005, 02:31 h (CET)
En una época en la que, según el Partido Popular, Zapatero tiene la culpa de todo, reconforta encontrarse con, al menos, una noticia a la que ni Rajoy ni los suyos achacan responsabilidades al presidente del Gobierno: el embarazo de Letizia Ortiz. Aunque, quién sabe, quizá Ángel Acebes aún no ha descartado, del todo, una segunda línea de investigación.

Sin embargo, a pesar de la encendida euforia que los medios de comunicación, públicos y privados, han derrochado con la noticia, yo aún me hago una pregunta: ¿Quién es Letizia Ortiz? O, si se quiere, ¿Qué es lo que ha hecho esa señora para llenar tantas horas de tertulias y tantas páginas en periódicos o revistas?

Por lo que sé, a modo de resumen, Letizia fue una joven normal, con una vida normal, que estudió una carrera universitaria y que, con tesón -cosa que nadie duda-, llegó a conseguir un buen puesto de trabajo en la Televisión Pública española. Hasta ahí, valga la redundancia, todo normal. Pero, un buen día, aquella chica que copresentaba el telediario con Urdaci, cruzó la línea. Por primera vez, quien hasta entonces nos había venido contando las noticias –bueno, he de reconocer que, yo, por esa época no era uno de los seguidores del informativo de TVE-, pasó a ser ella misma noticia. Eso sí, ahora, era doña Letizia.

Desde aquel momento, lo sabéis igual que yo, la ahora princesa de Asturias no ha dejado de ocupar portadas. Primero, que si la pedida de mano y los preparativos de la boda. Después que si la boda y el viaje de novios, con parada en Vaticano. Luego, los rumores sobre su anorexia. Y, por fin, la noticia del embarazo. Pero, y mantengo mi pregunta, qué ha hecho esta señora para merecer tanto nuestra atención.

Hasta aquí, incluyendo el tema de los rumores, lo único que la diferencia de Belén Esteban y de otros muchos de esos personajes que, hoy día, llenan nuestras pantallas de televisión, es la persona que la ha catapultado a la fama. Mientras que a una la sacó a la palestra un torero, a Letizia Ortiz la entronizó, nunca mejor dicho, Felipe de Borbón. Pero, a pesar de ello, en ningún medio de comunicación he oído a nadie decir algo por el estilo. Todo son alabanzas para una mujer que, en el mejor de los casos, no va a hacer nada que no hubieran hecho ya cualquiera de nuestras madres, cosa que no es poco: traer a este mundo un nuevo inquilino. Eso sí, seguro que este nueva criatura trae un pan debajo del brazo.

Siguiendo con los ejemplos, si lo pensamos, tiene mucho más mérito la señora Esteban. Al menos, quien la llevó a las revistas del corazón, es alguien que ha llegado hasta donde está a base de dejarse el pellejo en las plazas de toros, sin querer entrar a valorar lo deleznable de la fiesta taurina. Por el contrario, Felipe de Borbón, no es nadie por sí mismo, sino alguien cuyo único mérito, en términos de probabilidad, ha sido nacer en el seno de una de las pocas casas reales en activo.

Pero, además, existe una diferencia mucho más importante. Mientras que una recibe ingresos de las exclusivas que las revistas le compran, doña Letizia percibe sus honorarios del dinero de todos los españoles.

Con todo, y habiendo dejado enterrado en mi íntimo convencimiento de la igualdad de todas las personas el miedo a parecer irreverente, qué representa Letizia Ortiz. Lo sé. Es obvio.

Como mínimo, podríamos decir que aquel papel de la mujer, vista como esposa de “alguien” y futura madre de otro “alguien”, es más propio, afortunadamente, de tiempos pasados que de éstos. Pero, qué se le va a hacer. Es lo que sucede cuando alguien pasa a formar parte de una institución tan anacrónica como la monarquía.

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