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La caída de Camilo Soares, un golpe a la industria de la miseria

La Sala Penal de la Corte paraguaya rechaza la recusación planteada contra los fiscales Arnaldo Giuzzio y Carlos Arregui
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
viernes, 3 de junio de 2011, 06:54 h (CET)
La Sala Penal de la Corte paraguaya, luego de un año, rechazó la recusación planteada contra los fiscales Arnaldo Giuzzio y Carlos Arregui en la causa donde está acusado el ministro “con permiso” Camilo Soares, pieza clave en el engranaje prebendario de la corrupción luguista, quien innovó la política paraguaya con sus desplantes de izquierdista radical financiado por la embajada norteamericana.

La caída de Camilo Soares no sólo golpearía a los oportunistas de las ONG que se eligen a sí mismos y pretende arrogarse la representatividad de entidades legítimas, también a la industria de la miseria en Paraguay. De allí la trascendencia del caso.

Estado de Emergencia, gran negocio
Una de las mayores fuentes de lucro en el Paraguay hoy dominado por los cuervos de las ONG es la declaración de estado de emergencia.

Declarar estado de emergencia es para estos comedores de carroña de Paraguay un gran negocio, que se traduce en millones de dólares. La polémica generada unos años atrás a raíz de la suspensión de un evento automovilístico en el Chaco paraguayo, ha hecho a muchos reflexionar en Paraguay sobre el inmenso poderío de las ONGs en el gobierno del obispo Fernando Lugo.

La idea de declarar estado de emergencia en Paraguay era una idea que hace mucho venían acariciando los “chicos buenos” de las ONGs financiadas por USAID, el NED, IAF, y otras fundaciones anexas a la CIA que hoy al fin alcanzaron el tan anhelado zoquete en la función pública en Paraguay, y viven de las escuálidas arcas públicas de un país miserable entre miserables.

El resultado del estado de emergencia no ha sido, a pesar de todo, una pronta asistencia a los damnificados sino una gran polémica en torno al automovilismo y el aumento en la recepción de donaciones de la ex operadora del Plan Colombia Liliana Ayalde, hoy embajadora en Paraguay. Más recientemente, el seudo indigenista Leo Rubin recibió 430 mil dólares para organizar un encuentro de caciques truchos, evento para agasajar a Evo Morales quien dicho sea de paso desairó a los organizadores.

Mientras ese monto de dinero descomunal para los rangos paraguayos se distribuye entre los amigos del gobierno, como la tribu Rubin o Aldo Zucolillo –quien recibió en pocos meses 2000 millones sólo de Itaipú-, en la esquina del lugar donde resido se han instalado precariamente indígenas que protestan por la inacción del gobierno ante su problemática.

Escuchemos la advertencia del intelectual izquierdista James Petras, con respecto a este poder que amenaza con tomar ribetes totalitarios en nuestro país: “Al incorporar a los pobres a la economía neoliberal a través de acciones voluntarias que son exclusivamente de la iniciativa privada, las ONG crean un mundo en el que la apariencia de una solidaridad y acciones sociales ocultan una conformidad hacia las estructuras nacionales e internacionales del poder. No es casual que las ONG se hayan convertido en entes dominantes en ciertas regiones donde las acciones políticas independientes han decaído y el neoliberalismo rige sin oposición alguna”.

Las ONG, el poder detrás del poder
La CIA utiliza para financiar sus redes globales no gubernamentales un gran plantel de fundaciones, algunas ficticias, otras reales. También hay un gran número de organizaciones que reciben fondos de la CIA: revistas académicas de renombre, sindicatos y think tanks políticos, por supuesto que todas dedicadas a la difusión de las ideas que Washington considera oportunas. Estos beneficiarios de una supuesta asistencia en metálico en realidad son parte de una estrategia del imperio, que no se caracteriza por dar puntada sin hilo precisamente.

Estados Unidos elaboró desde el final de la guerra fría una nueva doctrina de golpes de estado soft mediante la utilización de técnicas no violentas. Inspirándose en la eficacia de las luchas políticas que desarrolló en la India Mohandas K. Gandhi, la no violencia activa, Washington trata desde hace poco más de una década de derrocar los gobiernos que no le gustan mediante un dispositivo que le garantice el apoyo de la opinión pública internacional.

Para logar estos fines por medio de la nueva doctrina, las organizaciones no gubernamentales, tan populares ante los medios de difusión, juegan un papel esencial. Como señala el periodista de Counterpunch Jacob Levich, «las organizaciones no gubernamentales -asociaciones teóricamente independientes y con la reputación de humanitarias, conocidas bajo de la denominación de ONG- están ya abiertamente incorporadas a la estrategia de conjunto de Washington para consolidar su supremacía global».

Conocidas herramientas de desmovilización, figuras como James Petras han advertido sobre el papel que algunas ONGs desempeñan como brazos del poder internacional en la fractura de luchas populares reivindicativas. Según él, para combatir verdaderamente las fuentes de las desigualdades y la pobreza, estas organizaciones deberían actuar al amparo de los movimientos sociales.

Aun cuando las ONG han criticado violaciones a los derechos humanos, rara vez denuncian a sus benefactores en Europa y Estados Unidos. A medida que aumentó la oposición al neoliberalismo, el Banco Mundial (BM) incrementó los donativos destinados a las ONG Repitiendo lo que señala Petras, no se puede dudar que las ONGs se han convertido en empresarios de la pobreza, ya que no son elegidos por las comunidades donde supuestamente trabajan y utilizan a los pobres como fuente para conseguir financiamiento de los visitantes de países ricos. Eso se debe a que muchos integrantes de las ONG son ex comunistas, ex socialistas y ex dirigentes populares, que sufrían con el pueblo y que estaban sometidos por las asambleas.

Ahora, sin embargo, son jefes, les gusta tener secretaria, vehículos 4x4, acceso a la tecnología y gozar de los privilegios que antes criticaban. La mayoría de ellos rondan los 30, 40 años, tienen hijos en la escuela pública y sus parejas están cansadas de soportarlos en el activismo político… Para ellos, someterse a los intereses de los donantes, les abrirá la puerta a lo que desean: colegios privados para los hijos, comer fuera tres veces por semana y pagarle a una mucama para que limpie la casa. Sin duda, poder disfrutar de ese nivel de vida actúa como una poderosa fuerza de atracción para quienes han pasado un tiempo en la lucha de clase y se han cansado de ésta. Ahora todos estos ex izquierdistas prefieren integrar la clase media y proyectar una imagen progresista.

Al escucharlos hablar, uno piensa encontrarse ante el numen de la moralidad, sin embargo, no todo lo que brilla es oro.

En Paraguay, las malversaciones del dinero recibido desde el exterior es la norma en estos grupos, que invocan causas altruistas y la miseria ajena para superar la propia. El caso de Camilo Soares, que incluso llegó a falsificar facturas de hoteles extranjeros para adulterar sus rendiciones de cuentas, es un caso emblemático. El gobierno luguista, salpicado de personajes metidos en esta mafia de las ONG, lo sabe muy bien, y no escatima esfuerzos en intentar salvar al ilustre miembro de la cofradía.

En ese contexto, la defensa de Camilo insiste con todas sus fuerzas en que el fiscal Eduardo Cazenave se quede con la causa, dado que este acusador es del agrado de los acusados.
Según fuentes del Ministerio Público, Cazenave tiene la firme misión de “blanquear” a Soares, como lo hizo con David Yinde, el hijastro coimero de López Perito. Es que como afirmara un filósofo contemporáneo, todos somos iguales ante la ley, pero algunos más iguales que otros.

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