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Etiquetas:   La delgada línea roja   -   Sección:   Opinión

El faisán de la paz

No hay peor ciego que el que no quiere ver y los magistrados del Constitucional no han querido ver que ETA y Bildu son una misma cosa
Antonio Pérez Omister
@esapo1
sábado, 7 de mayo de 2011, 22:07 h (CET)
Si el Partido Popular espera ganar las elecciones generales del próximo año a base de no hacer, ni decir nada, lo tiene bastante crudo. Llama la atención, la actitud bostezante y el elocuente silencio del líder popular, Mariano Rajoy, a propósito de la legalización de Bildu por el Tribunal Constitucional. De hecho, sólo Rita Barberá, en el transcurso de un mitin, se decidió a criticar contundentemente la decisión del TC. Esto la convierte, por redaños, en el mejor hombre del PP.

La decisión del TC, gracias a los votos favorables de los magistrados del PSOE, permitirá a Bildu concurrir con toda normalidad a las elecciones municipales y autonómicas. Aquí paz y después gloria.

Algunos sostienen que esto “es bueno para la democracia y que contribuye a consolidarla”, supongo que las víctimas del terrorismo tendrán una opinión distinta. Posiblemente se sientan burladas, menospreciadas y traicionadas. Finalmente, los derechos de quienes apoyan el terrorismo y las componendas políticas, han prevalecido sobre el más elemental principio de justicia.

Los ciudadanos deberíamos estar acostumbrados a estas fechorías perpetradas por la fauna política, pero aun así, determinados actos bochornosos, cuesta digerirlos y provocan arcadas por la hediondez que desprenden.

El vergonzante compadreo que el Gobierno socialista mantiene con ETA, es de dominio público desde hace bastante tiempo. Algún malpensado podría creer que este amancebamiento incestuoso, los chivatazos, las excarcelaciones y las fugas, forman parte del pago aplazado de una deuda. Una repugnante deuda de sangre.

Que un tío que se llama Chaos (adioses) se largue con viento fresco nada más poner los pies en la calle, no debería sorprender a nadie. Como el hábil prestidigitador de feria que es, Rubalcaba nos ha dado el cambiazo trocando la paloma, por el faisán de la paz.
La siniestra y alargada sombra de ETA, siempre planeó, como un delicuescente espectro, sobre los retorcidos amasijos de los malogrados trenes de Atocha. Pero preferimos mirar hacia otro lado. Echar tierra sobre el asunto, y pasar página. Del “¡Queremos saber!” pasamos al “¡No queremos saber nada!” y a otra cosa, mariposa. O mariposón.

En lugar de preocuparnos por saber quién, o quiénes, habían atentado contra nuestra libertad, los españoles nos dejamos mangonear y nos polarizamos resucitando viejos antagonismos del pasado, que ya no deberían formar parte de nuestro presente.
Entretanto, y mientras en España sembraba las amargas raíces del odio, el rencor y el resentimiento, en el exterior Zapatero se convertía en un estrafalario donnadie susceptible de ser vituperado por cualquier hijo de vecina. Le dejaban sin silla en la reunión del G20, le sentaban en un rincón en las tertulias de Bruselas, no le reservaban un lugar en la foto de familia de la OTAN en Lisboa, Obama no le recibía en la Casa Blanca, y un desaborido Van Rompuy le arrebataba el protagonismo en la presidencia de turno de la UE. Un patético encuentro bilateral con Marruecos, uno de tantos, pero que se quiso vender como “una cumbre UE-Magreb al más alto nivel”, fue el paupérrimo saldo final de la actuación de este mentecato.

Para rematar el oprobio, la oronda y mofletuda Angela Merkel se presentaba en Madrid, revestida de cuero tachonado y látigo en mano, para ponerle mirando a Pamplona y decirle sin rodeos a este pinchaúvas, que ella es la que manda.

Este lechuguino ha arrastrado por el fango el nombre de España. La ha puesto al borde de la bancarrota. Ha hecho el ridículo allá donde ha ido en nuestro nombre. Ha mentido hasta la saciedad. Nos ha embarcado en una sucia guerra en Libia, cuando todos sabemos que sería incapaz de movilizar a un solo hombre para defender Ceuta y Melilla. Ha abandonado al pueblo saharaui a su nefanda suerte. Ha recortado salarios, derechos, prestaciones y subsidios a la clase obrera.

También con la complicidad del TC, Zapatero ha abierto la puerta para que el día menos pensado Cataluña proclame unilateralmente su independencia. Gracias a las gansadas de este petimetre, vivimos sentados sobre un barril de pólvora, y ahora acaba de entregar la caja de fósforos a los que pueden prenderle fuego.

No satisfecho con todas estas felonías, y haciendo gala de su párvula y supina ignorancia, este gomoso ha promovido una bastarda “alianza de civilizaciones” con los países musulmanes más recalcitrantes, donde se hostiga con saña a los cristianos, al tiempo que aquí desencadenaba una persecución sin cuartel contra la Iglesia católica.

Ha legalizado y promovido el aborto entre las menores de edad, que ya no tendrán la necesidad de obtener el consentimiento de los padres para interrumpir el embarazo. Él y sus talibanas feministas, han frivolizando con argumentos pueriles la trascendencia de una decisión que supone poner fin arbitrariamente a una vida humana. No contento con institucionalizar las uniones entre homosexuales, ha tenido que ponerlas en pie de igualdad con las bodas entre hombre y mujer, y llamarlas “matrimonios”, convirtiéndolas en caricaturescas aberraciones, y a nosotros, los pávidos eunucos que se lo hemos consentido, en el hazmerreír del mundo. Ha dinamitado los pilares de la familia tradicional; y lo ha hecho hasta el punto de cambiar la ley para que sea un funcionario, por el futbolístico método del cara o cruz, quien decida el orden de los apellidos de los recién nacidos.

Siempre con una embaucadora sonrisa surcando su granítico rostro, este cínico histrión ha recortado nuestras libertades individuales prohibiéndonos fumar; circular a más de 110 kilómetros por hora en carreteras, autopistas y autovías pagadas con nuestro dinero; comernos una hamburguesa de más de 400 gramos si nos apetece; descargarnos películas de internet; escuchar la música que nos venga en gana en las bodas y bautizos de nuestros familiares y amigos…, y todo un sinfín de naderías que al final se convertirán en las alambradas que nos rodearán en la lúgubre prisión de “lo políticamente correcto” en que se ha convertido esta malhadada España.

Mientras blasfema diciendo que él –personalmente– es el presidente del gobierno que más ha hecho por ayudar a los más desfavorecidos, los mismos bancos a los que regala indecentemente el dinero de nuestros impuestos, siguen ejecutando hipotecas y desahuciando a los “criminales” que han cometido el abominable delito de quedarse sin empleo y sin recursos económicos. La manida excusa que se esgrime contra estos “indeseables” es que hay que cumplir la ley. Y, ya se sabe: la ley es ciega.

Pero si la ley, o quienes la dispensan, son ciegos, lo que deben hacer es procurarse un quiosco de la ONCE en alguna parte y dedicarse a vender cupones. Porque un ciego no puede administrar justicia. Y, mucho menos, si éste es uno de los que no quieren ver.

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