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Etiquetas:   -   Sección:   Opinión

Familia y discapacidad

Tomás Castillo
Redacción
viernes, 11 de febrero de 2005, 04:25 h (CET)
La entrega del premio Imserso Infanta Cristina al mérito social al matrimonio constituido por Joaquina Martínez y Aquilino Sáinz, es un gran orgullo para Cantabria y un reconocimiento en su persona a las miles de familias que tienen una persona con discapacidad a la que atienden a diario, como ellos, con todo su afán.

Este caso es sin duda excepcional. Es muy poco habitual que nazcan tres hijos con discapacidades graves en una misma familia. Como noticia quizá sea lo que nos haya llamado la atención. Sin embargo, la pareja ha sido realmente excepcional por su empeño en mantener a sus hijos en casa, y formar con ellos un hogar, superando enormes dificultades. Por eso han recibido el premio, por su labor callada, ofreciendo una vida lo más normal posible para sus hijos.

Quisiera aprovechar esta ocasión en que se premia los valores de la familia, para resaltar lo importante que es esta referencia para toda persona. No están lejos los tiempos en que se pensaba que estas personas con discapacidades graves estarían mejor atendidas en centros residenciales especializados donde les entenderían mejor. La experiencia nos está demostrando que, con la colaboración de las familias y el apoyo de las instituciones prestándoles servicios (en atención de día, en el propio hogar, con alojamiento temporal, con ayuda psicológica y de atención social) los resultados son mucho mejores.

En primer lugar, la persona no pierde su entorno afectivo, que ninguna institución puede sustituir al completo. La referencia afectiva, contar con el apoyo de nuestra familia, es vital para todo ser humano. Con ello nos encontramos con más motivación para afrontar los problemas de cada día. Tenemos más seguridad y confianza en lo que hacemos. Eso también es válido para las personas que tienen disminuida su capacidad intelectual, pero no su capacidad de sentir el afecto.

Por otro lado, es justo reconocer que lo que somos en la vida es porque alguien, nuestra familia, creyó en nuestras posibilidades, en que debíamos formarnos y esforzarnos para abrirnos camino. Durante nuestra infancia y juventud, hemos hablado con nuestros padres y madres muchas veces de lo que queremos ser en la vida y de lo que tenemos que empeñarnos para conseguirlo. Las personas con discapacidad que tienen la suerte de tener una familia con fe en su futuro, que cree en sus posibilidades, han conseguido mucho más que las otras personas en las que nadie creyó que pudieran conseguir algo. Nuestro futuro, el de casi todas las personas, ha dependido de este apoyo familiar.

La familia es el núcleo habitual de convivencia. Las personas se encuentran mejor viviendo en entornos donde se comparte intimidad, cariño y apoyo mutuo. También las personas con discapacidades se desenvuelven mejor en estos entornos, donde la convivencia es más cercana. También ellos tienen derecho a vivir en familia. Una de las claves está en que se le preste a los padres y madres los apoyos necesarios para que puedan llevar una vida normal, aliviando su sobrecarga.

Posiblemente, suenen estos argumentos a una idealización de las posibilidades de la familia. Podemos asegurar, porque conocemos a la familia Sáinz Martínez hace veinte años y hemos trabajado con ellos y sus tres hijos sin interrupción, que gracias a su apoyo, a su empeño en crear una familia, los resultados profesionales han sido espectaculares.

Hoy sus hijos Joaquina, José Antonio y Juan Carlos hacen una vida digna y feliz acudiendo a un centro de día, recibiendo ayuda en su hogar y llevando una vida adulta con sus padres. Es el resultado de mucho trabajo basado en apoyar a la persona por graves que sean sus dificultades. En 1990 recibió Amica el premio Helios de la Unión Europea por esta idea «dar siempre oportunidades a la persona para que pueda demostrarnos lo que es capaz de conseguir». Quince años más tarde, aquellas ideas siguen dando frutos extraordinarios y la familia es sin duda el gran motor; capaz de impulsar las posibilidades que cada persona tiene, que son siempre mayores que sus discapacidades.

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Tomás Castillo es gerente de Amica
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