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Fernando Lugo y la bendita soberanía energética

Luis Agüero Wagner
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
viernes, 25 de marzo de 2011, 07:59 h (CET)
Fuentes oficiales indicaron que la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, no visitará el Paraguay hasta que el Parlamento brasileño apruebe las notas reversales, que establecen mayor compensación para el Paraguay por la venta obligatoria del excedente energético de la central hidroeléctrica de Itaipú, una represa compartida que fue construida por la dictaduras militares en tiempos del Plan Cóndor.

Hace mucho tiempo gran parte de la ciudadanía paraguaya ha perdido las esperanzas, aunque voceros del gobierno arzobispal de Lugo siguen pronosticando que Brasil aprobará las notas reversales de Itaipú suscritas por Luiz Inácio Lula Da Silva y Fernando Lugo en el 2009. En aquel entonces, la firma de un tratado ad referéndum, que jamás pasó por el Congreso brasileño, fue presentado como un gran logro del gobierno luguista, para colmo con publicidad pagada con dinero público para sobornar a periodistas venales que por cierto, son bastante abundantes en el mundillo del periodismo paraguayo.

Considerando lo mucho que ocasionalmente cuesta a ciertos parlamentarios tratar temas de interés para sus propios países, resulta bastante aventurado presumir que el brasileño lo haga con un tema que apenas concierne a Paraguay, y en el que para colmo, la mayoría deberá votar en contra de los mismos intereses del Brasil.

El inefable libreto de Zucolillo

Para comprender las falsas expectativas suscitadas en torno al caso de la “sobernía energética”, como se denomina con fingida solemnidad en Paraguay al asunto, es necesario saber que el gobierno arzobispal de Fernando Lugo padece de una alta dependencia con respecto a los medios que fabricaron su candidatura y le permitieron posicionarse en el escenario. Incapaz de actuar con autonomía con respecto a éstos, o de soportar un bloque mediático, el gobierno arzobispal ve jugarse su éxito o fracaso en el tema de la bendita “soberanía energética”.

Uno de los puntos fundamentales del libreto elaborado por Aldo Zucolillo para el protagonista de su comedia cumbre, el cura con hijos Fernando Lugo, fue el de la supuesta lucha por la recuperación de la “soberanía energética” del Paraguay, eufimismo con el cual se denomina a aumentos en la cuota de dinero percibido por la energía utilizada por Brasil.
Poco importa que desde la llegada de Lugo al poder, los cortes, pestañeos y apagones se hayan multiplicado, destruyendo los pocos electrodomésticos que la gente ha podido adquirir con sus paupérrimos ingresos.

No es de extrañar, con este rosario de mentiras y fracasos, que el gobierno del cura se enfrente esta semana a protestas de todos los gremios que han hecho caótica la circulación por la capital del país, y que su nombre apareciera entre los presidentes con más baja evaluación en las encuestas internacionales.

Las omisiones patrióticas

El principal accionista del gobierno de Lugo, el empresario Aldo Zucolillo, agita constantemente el tema al punto de convencerse a sí mismo de sus propias mentiras.
Muy pocas veces, en contrapartida, menciona que la participación de algunos de sus columnistas legitimando a la dictadura (como los hermanos Levy Rufinelli, grandes amigos de ABC color) y construyendo para la misma una fachada democrática, de tal suerte a facilitar la firma de los acuerdos cuestionados que no Zucolillo no duda en calificar como ejemplos de “traición a la patria”.

Del mismo modo ha mantenido siempre en secreto que las ordenes de polemizar sobre Itaipú las impartió décadas atrás el mismo Stroessner, dado que Brasil pensaba construir sin ayuda paraguaya la represa binacional de acuerdo a lo que se deduce fácilmente de la toma militar de los Saltos del Guairá, consumada a mediados de la década de 1960.

Ante esta agresión, era necesario que se levanten voces supuestamente desvinculadas al régimen para no enfrentar a éste con sus aliados políticos e ideológicos de Brasilia, contrariedad subsanada por Stroessner recurriendo a sus lacayos de la oposición rentada y de la supuesta prensa independiente.

Cuestionar el Tratado de Itaipú no sólo es una de las órdenes de Stroessner que más tiempo llevan cumpliendo, también es una prueba irrebatible de lo mucho que coinciden hasta hoy con el dictador en su lectura geopolítica.

Convertida la controversia sobre las represas hidroeléctricas, escenificación teatral que cuenta con muchos actores de reparto y marionetas ansiosas de aparecer en las fotos, en una eficaz herramienta para crear disturbios en el MERCOSUR, los tendenciosos personeros del amarillismo creen haber encontrado una nueva oportunidad para volver a encarrilar a nuestro país por la senda de la "democracia sin comunismo".

Beneficiarios como han sido siempre del flujo de fondos que lejanos centros imperiales liberan para promover campañas de desinformación y propaganda acordes a sus intereses coyunturales, con toda seguridad ellos se contarán como otras veces entre los que embolsarán la mayor parte de los billetes que lleguen del norte en retribución a los servicios prestados.

El resto de los paraguayos sin duda seguiremos sufriendo a una clase empresarial fantasma, y el servilismo de una prensa venal a la que le resultan rentables los gobiernos corruptos, pues de lo contrario no serían necesarios tantos sobornos disfrazados de publicidad oficial.

Los procesos deliberativos del parlamento serán ahogados paulatinamente por el uniformador pensamiento único traducido en leyes enlatadas y mal traducidas del inglés, la ya escasa autonomía de pensamiento de nuestra dirigencia política paulatinamente se desvanecerá por completo, y sin duda, de alguna manera el control policiaco de los grupos poderosos sobre nuestras vidas reverdecerá.

Y aunque parezca increíble, esa es la alternativa que nos pretenden vender con el sainete de la “soberanía energética”.

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