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Cristo: La piedra del ángulo
Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 9 de marzo de 2011, 08:50
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Roger Jiménez en su escrito: ‘La visita del Papa’ menciona el comentario de Rafael Argullol: ‘Biblia y cultura. La Biblia en la formación del ciudadano’. El profe-sor Argullol a pesar de declararse agnóstico defiende el conocimiento de la Biblia en su vertiente cultural para poder entender las manifestaciones artísticas inspiradas en ella.

El profesor de la Universidad Pompeu Fabra cuando se refiere a “este desastro-so sectarismo, supuestamente progresista, ha arrinconado la cultura religiosa de las escuelas y de las universidades…”El contexto es una explicita referencia de la Biblia. Es cierto que en un país democrático y laico se debe ser respetuoso con todas las ma-nifestaciones religiosas, aún cuando no se compartan. Ha exigido mucho esfuerzo y sacrificio llegar hasta donde estamos, con todos sus defectos, como para lanzarlo todo por la borda, alegremente, debido a los prejuicios religiosos. El respeto al hecho reli-gioso cristiano diferencial no excluye la crítica respetuosa basándose en la autoridad de la Biblia.

El tema del profesor Argullol en el escrito mencionado es el desconocimiento de la Biblia que además de expresar incultura expone una falta de espiritualidad. Co-mo sea que según la Biblia se asume la espiritualidad cuando alguien es guiado por el Espíritu Santo, se puede poner en duda la creencia del señor Jiménez en “que la visita papal traerá una corriente de aire fresco del que tan necesitados estamos todos”. Si se desea que la Biblia ocupe un lugar preeminente en la formación cultural de la infancia, adolescencia y, porque no, en la gente mayor, es preciso que se enseñe su contenido sin chiquitas.

La doctrina papal está basada en la interpretación que se hace de Mateo 16:18 que dice: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Nos hemos de situar en el centro de la declaración de Jesús. El Señor pregunta a sus discípulos: “¿Quién di-cen los hombres que es el Hijo del Hombre?” La respuesta es que si Juan el Bautista, que si Elías, que si Jeremías o uno de los profetas. Acto seguido les hace esta pregun-ta directa que no da lugar a salirse por la tangente: “Y vosotros, ¿quién decís que yo soy?”. Pedro, como de costumbre, responde en nombre de sus compañeros: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Jesús le dice: Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (vv.13-17).

Se han dado diversas interpretaciones a la palabra piedra. La más creíble, por el contexto del Nuevo Testamento y muy especialmente por lo que Pedro dice en sus cartas es que se refiere a la fe de Pedro en la Piedra del ángulo que es Jesús. Esta fe que es regalo de Dios es la que edifica la iglesia, la Cabeza de la cual es Jesucristo. Cuando la fe individual y colectiva edifica sobre Cristo y su palabra, que es el ci-miento estable, ni la lluvia torrencial, ni las riadas, ni los vientos huracanados derri-ban el edificio. Esta fe es la que aporta “una corriente de aire fresco del que tan nece-sitados estamos todos”.

Quienes defienden la tesis de que es Pedro la piedra sobre la que se edifica la iglesia, pienso que harían muy bien si leyesen lo que el apóstol dice sobre la piedra, que para eso sirve la Biblia, para estudiarla y analizarla, no para apoyarse en las opi-niones de doctores de la iglesia sin ser contrastadas. La Biblia actúa de plomada que detecta si se produce algún desvío doctrinal. Atendamos a las enseñanzas de Pedro: “Acercándonos a él (Cristo) piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa vosotros también como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales acepta-bles a Dios por medio de Jesucristo” (I Pedro 2:4,5).

Si quienes decimos ser cristianos siguiésemos el consejo del salmista que dice: “Me regocijaré en tus estatutos, no me olvidaré de tus palabras” (Salmo 119:16), ¡qué corriente de aire fresco no llegaría a la iglesia marchita por seguir las tradiciones de los hombres por haber abandonado la Palabra de Dios que vivifica a los creyentes! El salmo 119 es una apología de la lectura bíblica. Si se guardase la enseñanza bíblica, otra sería la situación de la iglesia ya que descubriría que no puede edificar sobre pie-dra alguna que no sea Jesucristo. El apóstol Pablo corrobora la enseñanza de Pedro al afirmar: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la prin-cipal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:20-22). Todo lo que no sea edificar sobre la Roca que es Cristo es edificar sobre la arena. El edifi-cio que se levanta sobre fundamento tan frágil y endeble como lo es el hombre, no tiene poder para traer la corriente de aire fresco que necesita con urgencia la iglesia

 
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