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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La buena educación, ¿una reliquia del pasado?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 10 de febrero de 2011, 07:53 h (CET)
Horacio dijo: “El vaso conservará por largo tiempo el aroma de la sustancia que contuvo” y es evidente que, el gran maestro romano de la poesía lírica del siglo VII a.C., nos legó un pensamiento que, aún hoy, debiera de ser tenido en cuenta por aquellos padres que han decidido que es mejor que sus hijos tengan plena libertad para hacer lo que les de la gana; que estiman que, enseñar a la descendencia a comportarse como personas educadas en lugar de como salvajes; que creen que si les enseñan a sus hijos que, para conseguir lo que les plazca no hay que tener miramientos, deben saltar por encima de los derechos de los demás y que lo importante en la vida es triunfar, aunque para ello deban dejar tras de sí un rastro de prepotencia, egoísmo, desprecio por los demás y falta de ética y moralidad. Parece como si este nuevo siglo que estamos viviendo haya traído consigo, aparte de algunas crisis económicas y sociales, un nuevo estilo de vida que ya se empezó a gestar en los últimos años del pasado siglo XX.

Estoy convencido de que, en parte, se les puede reprochar a las generaciones posteriores a la Guerra Civil el que una parte importante de las actuales generaciones hayan prescindido de los buenos modos, del respeto por sus mayores y de ciertas prácticas de lo que se consideraban muestras de buena educación; debido a que tuvieron que apechugar con una posguerra llena de penurias, salarios escasos, pobreza y muchas privaciones que quedaron reflejadas en una grave y persistente escasez de alimentos básicos (racionamiento, cartillas para conseguir tabaco, aceite, carne o cualquier otro elemento esencial para la vida), falta de combustibles, falta de energía y falta de gente joven, porque la guerra se encargó de hacer una sangría irremplazable en nuestra juventud. El papel era un lujo y los libros que utilizábamos para nuestros estudios estaban fabricados con un papel en el que se podían extraer, sin dificultad, pedazos de paja y otros elementos que, en ocasiones, impedían el correcto entendimiento de lo que en ellos estaba escrito. Intentar explicar hoy, a la juventud, aquella situación es una empresa inútil y cargada de riesgos, porque uno se expone a que lo traten de exagerado y de contar batallitas inventadas. No obstante, los que tuvimos que superar aquella prolongada época de privaciones y reconstrucción de la nación, pensamos, quizá erróneamente, que nuestros descendientes no debían de pasar por aquellas penurias por las que nos tocó vivir para sobrevivir..

Y no fueron, precisamente, las clases más acomodadas las que pensaron, de alguna manera, en darles a sus hijos aquello de lo que estuvieron privados (quizá debido a que, al tener más medios, las privaciones habían sido menores) sino que, especialmente en la clase media y en la obrera, fue donde el esfuerzo de los trabajadores para salir de la miseria, el recuerdo de sus privaciones y el hecho de que, con su trabajo y los avances que se produjeron a partir de los años sesenta del siglo pasado, consiguieran una vida mejor, hacerse unos ahorros y, trabajando muchas extraordinarias, pudieron enviar a sus hijos a estudiar y, posteriormente, les dieron dar carreras universitarias; algo que, entre la gente del pueblo nunca se hubieran imaginado poderlo hacer. Todo ello conllevó que gente procedente de las clases menos ilustradas, aquellas que no tuvieron ni estudios elementales, se encontraran con la agradable sorpresa de tener hijos con carreras universitarias ( médicos, abogados, ingenieros etc.) que, sin embargo, no habían recibido más educación que lo que buenamente les enseñaron sus padres. Eran universitarios pero les faltaba algo que sólo en la familia se podía conseguir; por consiguiente, teniendo en cuenta que, los nuevos métodos de enseñanza, se han dirigido (a causa de unos sistemas educativos verdaderamente nefastos) a una suma especialización que comenzó con el bachillerado “de letras” y el de “ciencias”; con lo que determinadas asignaturas, como las Humanidades, quedaron como simples floreros para muchos alumnos que no quisieron o no les dieron la oportunidad de profundizar en ellas, con lo que su enseñanza quedó coja de una parte esencial de su educación que, no obstante, les era imprescindible para su cultura.

Sin embargo, la vida moderna y el hecho de que las mujeres ya no estén en el hogar, porque trabajan como los hombres, unido al poco tiempo que los padres conviven con los hijos; la influencia que en la comunicación familiar tienen la TV, Internet, los juegos digitales y las nuevas costumbres y orientaciones que, los políticos, se han empeñado en implantar en este país; han conseguido que los hijos se vayan distanciando de la vida familiar; busquen nuevas experiencias a través de Internet; aprendan con facilidad de lo que les sirven las TV y los viajes por las web; adquieran costumbres, informaciones erróneas y doctrinas perversas, que les abren los ojos a una ficción que dista mucho de tener algo que ver con el estudio, el esfuerzo, el sacrificio para labrarse un porvenir y el deseo de despuntar en la vida por sus propios méritos. Al contrario, el fruto de un sistema educativo equivocado se manifiesta en la indisciplina en las clases, los ataques a los profesores, los enfrentamientos a los padres, el abandono de los estudios ( un 30% en España); la búsqueda de medios fáciles para ganarse unos euros; o el buscarse otras salidas, de estas que sólo unos pocos consiguen alcanzar y, en muchas ocasiones, a costa de, cómo se decía antiguamente “vender el alma al diablo”; como ocurre con la cantidad de muchachas que no paran mientes en venderse o vender su cuerpo, para conseguir brillar en los medios de comunicación y alcanzar la fama y, en los jóvenes que, atraídos por el dinero fácil y sin mucho esfuerzo, se lanzan a esta problemática carrera de la música o del espectáculo.

Pues bien, en este entorno que pudiéramos calificar de deficiencia de una buena educación de esta gente joven, que no cede su asiento en el bus o tranvía a los ancianos, lisiados o mujeres embarazadas porque, ni se les pasa por el magín que esto es lo que deberían hacer; recibimos la información de que, una señora subdirectora de Formación para la Seguridad Vial en Palencia, vayan ustedes a saber cómo consiguió llegar a dicho cargo (aunque me lo imagino),Aurora Cadenilla, envió a todos los funcionarios, superiores e inferiores de su departamento, un e.mail con la siguiente felicitación:

Como su conducta fue afeada por dos de sus subordinados, el jefe provincial, Manuel Esteban y el Jefe de Tráfico de Palencia, han sido cesados ambos de sus cargos. ¡Un verdadero ejemplo de democracia! Y es que, señores, estos sujetos que nos gobiernan, estos advenedizos de la política, estos socialistas que no dudan en mostrar en público su zafiedad; ni saben gobernar, ni saben comportarse ni saben ocultar su mala educación.

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