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Etiquetas:   La delgada línea roja   -   Sección:   Opinión

Los riesgos de contemporizar

Antonio Pérez Omister
Antonio Pérez Omister
@esapo1
lunes, 13 de diciembre de 2010, 08:15 h (CET)
La palabra mágica de los nuevos aprendices de brujo ya no es abracadabra, sino “competitividad” y, en aras de ese eufemismo de la tradicional esclavitud, se han suprimido ya buena parte de los derechos que asistían a los trabajadores. Los derechos no son privilegios. Conviene no olvidarlo.

El último golpe contra los derechos de los trabajadores, lo han asestado al unísono Gobierno y Oposición aprovechando la huelga de los controladores aéreos. Y digo “golpe” sin renunciar a ningunas de las connotaciones que conlleva la palabra, porque considero que se ha tratado de un golpe de Estado contra una parte de la ciudadanía.

Aprovechando torticeramente la huelga de controladores, tildado por los medios de propaganda próximos al Gobierno de “salvaje”, ahora Zapatero enarbola la bandera del orden público y se pone una vez más a la cabeza de la manifestación para declarar el estado de alarma indefinido con la complicidad de la Oposición y la de los dos principales partidos soberanistas: CiU y PNV. Es decir, dos formaciones políticas que abogan por la secesión de determinadas partes del territorio español. Pero como “los negocios deben estar por encima de las consideraciones políticos”, todos han hecho causa común y han aplaudido la militarización. Veremos si opinarán lo mismo el día que el Ejército tenga que ser movilizado para impedir que esas mismas formaciones proclamen unilateralmente la independencia de esos territorios. Medida que, por cierto, llevan anunciando desde hace bastante tiempo.

Pero ¿quién es este Zapatero que ahora se erige en “salvador” de España?
¿Se trata del mismo Zapatero que jaleó los asedios a las sedes del PP tras el 11-M? ¿Es el mismo sujeto que abogó por la excarcelación de Iñaki de Juana Chaos, un terrorista con decenas de muertos a sus espaldas, para “favorecer” el clima de diálogo con ETA? ¿Se trata del mismo individuo que asegura que “las relaciones con Marruecos son excelentes” mientras se preparan concentraciones de activistas marroquíes en la frontera de Melilla? Sí es así, ¿qué credibilidad nos merece este pésimo aprendiz de brujo? La pregunta se contesta sola.

Posiblemente, entre los viajeros que protestaban airadamente en los aeropuertos españoles había algunos funcionarios, o trabajadores por cuenta ajena que aún conservan su empleo, y que por ello se pueden permitir tomarse unas vacaciones. Pero muy pronto, al ritmo que marchan las cosas, verán cuán amarga es su soledad cuando les pongan de patitas en la calle y los reporteros dicharacheros de las televisiones “rosas” no aparezcan por allí para preguntarles qué opinan sobre su nueva situación. Porque, según la maniquea lógica del ministro de Fomento, ellos también son “privilegiados” por tener un empleo y cobrar un salario por desempeñar su trabajo.

La táctica del enfrentamiento le ha dado excelentes resultados al Gobierno para maquillar el fracaso de su gestión. Ahora, una vez más, se trata de enfrentar a unos trabajadores con unos salarios dignos, con otros que perciben unos salarios paupérrimos o que están en situación de desempleo desde hace meses, o años. Los “malos” son los controladores, no quienes les han llevado al extremo de tener que declararse en huelga porque lo que persiguen es privatizar el sector. Y esto es todo lo que subyace en el trasfondo de esta situación forzada por el Gobierno: privatizar AENA y la gestión aeroportuaria en España.

Al señor Blanco, discutible ministro de Fomento, cuya dificultad para expresarse correctamente no le impidió este verano airear las “escandalosas” condiciones salariales de los controladores, técnicos altamente cualificados que desempeñan un trabajo útil, se le ha vuelto a olvidar explicar a la ciudadanía que cualquier mediocridad que, como él mismo, obtenga un escaño en el Congreso, tiene su vida asegurada cobrando una pensión vitalicia por haber calentado una silla en el hemiciclo de forma intermitente, y que se le recoloca en empresas semi públicas o privadas, cuando cede su escaño a otra nulidad, y que mientras ejerce de convidado de piedra en el Congreso, o en el Senado, su salario oscila en torno a los 100 mil euros, dietas y demás gastos de representación, aparte. ¿Por qué es “escandaloso” que un controlador aéreo pueda cobrar 240 mil euros anuales, pero no lo es que los cobre, por ejemplo, la señora Cospedal?

También podemos preguntarnos por qué una joven inepta, como Bibiana Aído, ya tiene asegurada su jubilación, con una más que inmerecida pensión, mientras el común de los mortales tendremos que esperar a los 67 años para cobrar unas míseras limosnas que no nos alcanzarán ni para cubrir nuestras vergüenzas.

Tampoco se ha explicado nunca por qué los ex presidentes de Gobierno, que ya cobran como tales otra generosa pensión vitalicia, pueden contratarse después como empleados en empresas privadas extranjeras. ¿Vulnera eso la seguridad del Estado? Cabe suponer que quienes les contratan lo hacen para aprovechar sus contactos en el mundo de los negocios y en el de la política. Y no hace falta ser un lince para colegir que si es por este motivo, lo que persiguen quienes les contratan es aprovecharse de esos contactos en su beneficio.

Existen demasiados raseros y varas de medir en nuestra sociedad.
Brindándole este último balón de oxígeno al Gobierno con su apoyo, el PP ha perdido una magnífica oportunidad para dejarle solo asumiendo sus errores. Es mucho más barato y asumible para el país apechugar con los efectos de unos días de caos aéreo, que soportar el año y medio restante de legislatura de este desgobierno trufado de incompetentes.

El apoyo del PP no se entiende a no ser que lo que se persiga sean los intereses particulares del Partido, y no los de España. Y que por esto se quiera que sea el Gobierno quien ponga en marcha todas estas medidas económicas desastrosas y absurdas privatizaciones “salvajes” impuestas por Bruselas, ahorrándole al PP tener que hacerlo, con el consiguiente desgaste político, y permitiéndole presentarse como “salvador” en 2012. Si es así, va a ser una victoria pírrica cuyo precio lo pagará una sociedad española cada día más empobrecida.

Entretanto, el PP lleva demasiado tiempo contemporizando y celebrando una victoria electoral que todavía no se ha producido. Podría ser que, a base de tantos apoyos al Gobierno, una parte del electorado del PP se preguntase de qué va a servir votarles si, en lo sustancial, comparten con el PSOE las mismas políticas que nos están llevando al desastre.

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