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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Bloques lingüísticos intercontinentales (2)

Isaac Bigio
Isaac Bigio
viernes, 10 de diciembre de 2010, 08:07 h (CET)
La Francofonía se creó en los 1970s y consta de un número mayor de 2 miembros. Sin embargo, de los 56 países miembros de la Organización Internacional de la Francofonía, solo Francia tiene a la mayoría de sus habitantes hablando el francés como lengua nativa. En el resto, el francés es lengua primera de una minoría. Francia concentra a más del 60% de los hablantes nativos del idioma que ésta creó.

La Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP) se fundó en 1996. Consta de 8 miembros que colocamos en orden del tamaño de su población: Brasil, Mozambique, Angola, Portugal, Guinea Bissau, Timor Este, Cao Verde y Santo Tomé y Príncipe. A diferencia de los anteriores 3 bloques, Brasil tiene una población casi 20 veces mayor que la de Portugal. La CPLP no gira en torno a la antigua potencia colonizadora y allí el peso de Brasil ha logrado que en la uniformización de la lengua lusa primen muchos criterios suyos.

La CIN (Comunidad Iberoamericana de Naciones) une a la América Hispana y al Brasil con sus ex colonizadores de España y Portugal. En estos 2 últimos países solo reside un 10% o menos de quienes hablan el idioma que ellos exportaron al mundo. Esto trasforma a las lenguas ibéricas en las más realmente globales que hay (son las únicas que son más habladas por razas de otros continentes ultramarinos que por la de su región nativa).

Si bien el rey español acude a cada cumbre iberoamericana, él no tiene allí el mismo papel líder de la corona británica. Los 3 miembros iberoamericanos del Grupo de las 20 potencias mundiales son Brasil, México y Argentina, pero no las 2 ex potencias coloniales.

La Comunidad Iberoamericana apunta a congregar a las naciones que fueron parte de los dos imperios ibéricos cuyas áreas de influencia fueron diseñadas en el tratado de Tordesillas de 1494 (el mundo hispanizado entre casi toda América y Filipinas y el luso desde el oeste suramericano hasta Timor). Una diferencia que hay entre el mundo de lengua y cultura ibéricas con el del influido por Londres, París o Ámsterdam, es que los lusos e hispanos crearon sus imperios ultramarinos hace más de 5 siglos y lograron modelar en su lengua, tradiciones y cultos a todos los países que hoy tienen como lengua oficial al castellano o al portugués. Los otros imperios (ingles, holandés y francés) recién iniciaron su expansión ultramarina en el siglo XVII y en los únicos lugares donde lograron que su lengua, religión y cultura se transformase en la dominante es en aquellos países donde su población fue trasplantada allí por ellos (ya sea mediante inmigrantes propios o esclavos).

España y Portugal son las antiguas potencias europeas más moldeadas por sus ex colonias. La Comunidad Iberoamericana y la CPLP apuntan a ser las primeras asociaciones internacionales de ex colonias en las cuales la voz cantante ya no la tenga la antigua metrópolis.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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