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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Intrepidez conveniente

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 23 de octubre de 2010, 22:00 h (CET)
Los pobladores de la antigüedad eran muy observadores; por necesidad, por angustia y por impulso de un progreso imperativo. En sus andanzas les llamaban mucho la atención las evoluciones acrobáticas de las aves. El vuelo ha fascinado siempre. Por lo tanto, no pueden extrañarnos los relatos de pueblos indígenas con referencias insistentes al ESPÍRITU del AVE; figura simbólica para aquellas personas cuyo pensamiento fuera capaz de un ejercicio con aspiraciones.

Espíritu antiguo y anticuado si hacemos caso de las andanzas modernas; en ellas priva el ABANDONISMO ciego. Parece que no importan las realidades humanas insustituibles. La complejidad de la Historia se reduce a cuatro frases esgrimidas por los agitadores partidistas. Se prescinde de Dios, para rendirse ante cualquier diosecillo fatuo o ante el ateismo de obligado cumplimiento. No se tiene en cuenta el esfuerzo necesario para la obtención de los avances personales. La educación se fue desmembrando en una ausencia de criterios, con el consiguiente desconcierto y sus consecuencias. Con cuatro cifras estadísticas y unas cuantas imágenes televisivas bien adobadas por la propaganda, se pretenden…y se consiguen, una serie de dirigismos impensables; no parecen propios entre la gran variedad de personas a las que se suponen puntos de vista peculiares y hasta contrapuestos. Sin embargo, esa posición plena de renuncias caracteriza gran parte de los ambientes.

Pues bien, ese símbolo espiritual centrado en la cabeza de las aves tiene una primera característica, su carácter SENCILLO; desprovisto de complejas razones teóricas y sin la exigencia de profundos conocimientos previos. Por eso es tan universal, todos disponen de la capacidad para percibirlo; que le hagan caso o no, será otra cuestión. “Las palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas” (Pablo Neruda); nos lo ponen fácil, están a la disposición de cualquiera, las excusas no servirán ante tanta disponibilidad. Por una vez, la complejidad desapareció; desde los pueblos primitivos hasta los actuales habitantes, la mirada se dirige a los buenos horizontes o a la necedad atribulada, simplemente eso.

¿Por qué eligirían las aves para la representación del simbolismo? La mirada limpia y la altura de miras constituyen uno de los sentimientos más primarios y menos contaminados. Esa CLARIDAD entraña una manera envidiable de enfocar las situaciones de la vida. ¡Cómo echamos de menos esa nitidez! Cuidamos poco los ambientes, se nos enturbian por la polución físico-química y tanto o mucho más por el lío montado en torno a los conceptos y esencias sencillas de la existencia. ¿Recuperaremos aquella visión de las cosas? Mal panorama se nos ofrece. Queda al arbitrio de cada persona la disposición para no dejarse embaucar; su protagonismo es quién debe luchar por las esencias.

La crispación y las prisas nos arrastran por caminos poco convenientes, lo percibimos, pero no reaccionamos adecuadamente. Y la destemplanza no es buena compañera. Se impone una mayor CONSIDERACIÓN de los demás en las diferentes facetas de la convivencia. Qué bien vendría en la política, en la práctica de la gestión sanitaria o judicial, como en la diversión o en los ámbitos familiares. Aunque Pablo Neruda se refería al amor, vienen bien sus palabras, “Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando en mí…como la hiedra”. Aunque lo desdeñemos, formamos parte de un conjunto inesquivable; si elegimos hacernos la puñeta unos a otros, disfrutaremos de una salsa bastante ácida; como se evidencia a través de una mínima observación.

Vivimos abocados a una contradicción en los planteamientos sociales. Ahora no se para en impedimentos, ya no hay distancias, se vive la inmediatez de unas sensaciones y con una aceleración que conlleva la a la fugacidad de sentimientos y realidades. A esas velocidades no hay tiempo para casi nada. Amor, pensamientos, atenciones, mejores proyectos; quedan arrumbados por la vorágine. De ahí la interesante aportación de la figura comentada; representa una actitud mental que necesita del suficiente REPOSO para su ejecución, requiere su grado de pausa vital. Es decir, un cierto distanciamiento del mundanal fregado en el que nos debatimos. No se vende ni se compra; se trata de un logro personal apegado a las peculiaridades de cada individuo, y por ello, intransferible. Como un cierto distanciamiento que permita la mínima reflexión.

La mentada elevación del punto de mira nos permite respirar un aire libre y menos contaminado por los deprimentes espectáculos habituales. Metidos en la maraña resulta casi imposible el deslinde entre lo sensato y lo esperpéntico. Si la luz de la cultura ilumina poco, los criterios con fundamento desaparecen. Por eso es importante el esfuerzo para un DISCERNIMIENTO clarificador. El ensamblaje entre los conocimientos y los misterios requiere de esa labor continuada, única manera de evitar los desacarrilamientos que nos acechan. La experiencia personal alcanza su dignidad en esos intentos. Sin ellos, el grado de imbecilidad irá en progresivo aumento; no servirán de nada los sufrimientos y lamentos. Los enanos mentales proyectan demasiada sombra si el sol de la cultura está muy bajo, en palabras de Karl Kraus aplicables a muchas de las esferas de la convivencia.

Ahora se estilan los protocolos, guías de conducta para casi todas las actividades, mapas detallados por GPS, normas y reglamentos. No obstante, el MARCO PROPIO de cada persona no está contemplado en esos dibujos; su complejidad exige otros planteamientos. Por arriba, la inmensidad se nos escapa. Y por lo pequeño, las partículas y ondas no llegamos a detectarlas. En esta aventura, la implicación de cada uno es un primer paso primordial; se trata del primer protagonista ineludible. La negación de ese marco es estúpida, sobre todo si se pronuncia en seguimiento de colectivos usurpadores que sólo circulan de manera rastrera. Por desgracia los ejemplos inconvenientes en este sentido copan las informaciones de todos los días, con las secuelas plenas de insatisfacciones.

La intrépida actitud considerada hoy nos vendría de perlas para la convivencia familiar, en los talantes políticos tan deteriorados, aplicada a los diálogos sociales o dedicada a la búsqueda de una mayor excelencia en las labores profesionales. Vuelvo a Neruda, “…es esencial conservar la dirección interior, mantener el control del crecimiento que la naturaleza, la cultura y la vida social aportan para desarrollar las excelencias...”, para recalcar la intensidad de los RETOS a que nos vemos sometidos y la importancia de la respuesta.

Es una experiencia de FULGOR SOLITARIO, existencial. Digamos que un estado de conciencia. No es cuestión de vocerío, palabrotas, chantajes o golpes. Se gesta en la intimidad , pero requiere el intercambio dialogante para la superación del desinterés y la mediocridad rampantes que nos abruman. Es el camino para no desvirtuar la mejores cualidades humanas. Debemos elegir, ante el lienzo blanco, lo emborronamos o dibujamos con algo de sentido.

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