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Etiquetas:   Columna de opinión deportiva   -   Sección:  

Excepciones, diplomacia y un mafioso

Alberto Mendo
Alberto Mendo
lunes, 18 de octubre de 2010, 07:10 h (CET)
Es una lástima que, para una vez que se ponen de acuerdo, sea para equivocarse. José Mourinho y Pep Guardiola no quieren que sus internacionales españoles acudan este viernes a Oviedo a recibir el premio Príncipe de Asturias de los Deportes. De mantener su postura, faltarían a la ceremonia hasta 13 de los campeones del mundo, entre blancos y azulgranas. Afortunadamente, no siempre querer es poder y, en el caso madridista, al menos ha sido indultado el más imprescindible: Iker Casillas. Hubiera sido ridículo que el capitán de la ‘roja’ faltase a recoger uno de los reconocimientos más importantes que se pueden tener en la vida. No podía dejar de levantar este premio quien ya elevó al cielo los trofeos de campeones del Mundo y de la Eurocopa. Florentino Pérez, como presidente de diplomacia perfecta (otras cosas se le podrán discutir; esta no), ha impuesto su criterio, el de la lógica, frente al de su entrenador.

El Real Madrid sabe cumplir en los grandes momentos, aunque se quedará a medias si no permite la asistencia a Ramos, Xabi, Arbeloa y Albiol. Unos muchachos acostumbrados a recorrer cientos de kilómetros cada semana, en avión y por carretera, por asuntos deportivos y otros comerciales y publicitarios (para esos no hay problema), no deberían ver obstáculos para cumplir con un compromiso de tanta magnitud. Los jugadores tendrán a su disposición jets privados para ir, cumplir y volver sin que el viaje influya en su concentración. Mourinho, al menos, va abriendo la mano: le da igual lo que hagan sus jugadores mientras lleguen puntuales a la concentración por la noche. Al portugués le han debido de explicar el honor que supone ser distinguido con un Premio Príncipe de Asturias, aún mayor si quien lo recibe es un español. Por eso, lo de Guardiola es mucho más grave. No encuentro explicación a su intransigencia, a no ser su nacionalismo catalán. Sólo ha dejado la puerta abierta a quien quede descartado para el partido del sábado.

Los jugadores azulgranas tienen más difícil conseguir permiso porque, además, su presidente está en otros temas, tras la Asamblea de Socios Compromisarios del Barcelona. Sandro Rosell dejó las cuentas claras y la masa social culé, lógicamente, sacó tarjeta roja a Joan Laporta y toda su pandilla. ¡Al banquillo! Eso sí, de los tribunales. Con los 80 millones de euros que dejó esa Junta Directiva casi les hubiera llegado para fichar a un Cristiano Ronaldo. En lugar de eso, el juez se lo va a pasar genial escuchando historias de espías, de juergas en clubes nocturnos y varios lujos. Al fin quedará claro que, mientras los jugadores lograban títulos, su presidente se dedicaba al despilfarro con la VISA FCB, “aceptada en todos los sitios”. Poca presunción de inocencia le queda a Laporta cuando él mismo se declaró culpable contratando un escandaloso seguro que le exime de responsabilidades, a cuenta de las arcas azulgranas, claro.

Me he desviado del tema, cuando de lo que quiero opinar es de la presencia de nuestra selección en Oviedo este viernes. A estas alturas, sólo están confirmados el seleccionador, Vicente del Bosque, y Casillas junto a otros cuatro jugadores. Marchena y Capdevila han recibido permiso del Villarreal, el Sevilla deja acudir a Navas (porque está lesionado) y el Athletic de Bilbao ha asegurado que viajará al menos uno de sus internacionales. No obstante, la ausencia de la columna vertebral de la selección española supondría casi una excepción entre los premiados con el Príncipe de Asturias. En el apartado de Deportes, todos los galardonados lograron hacer siempre un hueco en sus agendas, y más si se trata de españoles: desde Fernando Alonso hasta Rafa Nadal, pasando por la selección española de baloncesto, que acudió casi al completo, con Pau Gasol al frente. Ni el tenis, ni la Fórmula 1, ni el baloncesto se caracterizan precisamente por tener calendarios poco saturados. Por eso, esa excusa tampoco vale para el fútbol, aunque la Federación y la Liga podrían poner de su parte para facilitar las cosas (aunque no lo harán). En los próximos días veremos si es posible un encuentro entre diplomacia y deporte.

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