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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Moral

Alfredo Hernández
Alfredo Hernández
martes, 21 de septiembre de 2010, 07:02 h (CET)
Es como el manual de las costumbres y en el caso que nos ocupa y preocupa, es que intentan vendernos “lo natural” que es la indecencia y la chabacanería la mayoría de las veces, por no decir en todas.

Es frecuente en los locutores o presentadores de los medios, concretamente visuales que cuando algo raya en lo indecoroso, apelen a la libertad y el progreso como un logro que nos permite “disfrutar” de esas imágenes.

El progreso enriquece en muchos casos, qué duda cabe, pero cuando este nos aporta inmoralidad, hace pensar que las grandes civilizaciones perdieron su apogeo cuando sus costumbres perdieron lo que al hombre le encumbró: La austeridad y pureza de costumbres, Griegos y romanos, democracias consolidadas y cuna ella, perdieron el sabor cuando, el poder fue pasando a manos de “dedócratas”, y cuando esto ocurre, y no se sabe por qué, surgen los enchufados y en ellos casi siempre falta la “clase” porque el medrar es su manera de mantenerse cerca del autócrata. Y así cayeron civilizaciones e imperios de griegos y romanos, como más significativos. Hay muchos ejemplos, y sin ser apocalíptico…estamos en una decadente civilización.

¿Cree alguien que entre griegos y romanos no existía el aborto? O... ¿alguien piensa que el denigrante aborto es un invento del progreso? Se oye opinar y resulta que quieren hacernos pensar que el aborto es un logro de las libertades. La falta de moral y la ignorancia es la mezcla explosiva que nos ha hecho deshacernos de millones de semejantes con el “aplomo” que proporciona la soberbia de creerse regidores de la libertad y la demografía.

Da la impresión de que salir desnudo en un medio o en una fotografía, supone la ruptura con tabús a los que hemos estado sometidos.

Pero el desnudo es “ progre”. A mi parecer, fuimos vistiéndonos a medida que progresábamos, que desnudos ya nacimos y nuestras madres nos cubrieron. y el hombre y la mujer se fueron vistiendo a medida que se fueron civilizando; se vieron más elegantes. Pero de tanto civilizarse, comenzaron a despojarse de la ropa hasta límites insospechados de mal gusto.

Es de esperar, que en otro progreso se cubran con el decora del siempre buen gusto de la mujer elegante.

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