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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Inmadurez por exclusión

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 7 de agosto de 2010, 08:56 h (CET)
Cada uno suele ir a lo suyo, agitado, crispado y tenso, con excesiva frecuencia. Por eso afirmamos que estamos cada vez más DISTANTES, alejados de una participación efectiva en las actividades asociativas. Se percibe un desinterés general por los asuntos comunes. El dilema del prisionero acentuado al máximo, se actúa exclusivamente por lo que se estima como beneficio propio. De ello se resentirá el conjunto si cada quien va a su aire. La crispación, la violencia, el desdén de los unos para con los otros, se enseñorea de los ambientillos que nos alcanzan. Ese deterioro de la convivencia es un mal resultado, pero no será el único. ¿Qué será de un sujeto particular, si cada vez se le tiene menos en cuenta?

Se conviene en que dos no pelean si uno no quiere; del mismo modo se aprecia, si hay excluídos será por que hay otros dominantes de la situación hasta extremos abusivos. A la separación, a la EXCLUSIÓN de una de las partes, se llega por dos vías bien diferenciadas; aunque aboquen al punto común y lamentable de la separación. Uno de los abordajes circula en dirección CENTRÍPETA, a los excluídos les llegan los olvidos, desprecios y abusos, desde la gente y las estructuras foráneas. Podemos afirmar que con ese olvido se juntan toda clase de mezquindades. Si sólo fuera olvido aún podríamos ser más comprensivos. Una cosa es hablar, declaraciones públicas, y otra, acordarse de los marginados por una u otra causa. Las maniobras y presiones llegan a ser tremendas, con un afán de dominio que parece insalvable.

Aunque parezca increíble, quién lo diría, esa consecuencia de quedarse fuera de la mejor convivencia, viene derivada con frecuencia de la RENUNCIA previa de los futuros excluídos; sus actitudes les condujeron a la exclusión. Se trata de la pasividad que deja tantas vidas deslustradas. Incluyen, desde la pereza indolente que no piensa en motivaciones especiales, a las diferentes taras personales que le impidan la participación y el intercambio de golpes. La formación del carácter y la educación están ligadas a la forja de actitudes, en este caso, apartadas del juego social; es evidente que esa educación puede estar manipulada desde sus albores. Dejadas a su curso libre las conductas referidas, la separación tiende a ser mayor, el desconocimiento progresivo y las reconciliaciones imposibles.

Cuando prestamos poca atención, o ninguna, a estas divisiones de la Humanidad, excluyentes y excluídos; contribuimos de plano en una desgarrada presencia en la sociedad; de nefastos resultados y presagios deleznables. Se genera una primera consecuencia paradójica, se promueve la IGNORANCIA, precisamente cuando abundan los medios informatizados y las posibilidades de gestiones participativas, en un claro contrasentido. Ignorancia de doble alcance, difundiendo la mal intencionada creencia de que no existen los conceptos nucleares y básicos; pero también, ocultando los entresijos de las grandes decisiones, que por tanto son ignoradas. Sí, con toda desfachatez, desaparece el concepto de transparencia. El brote no madurará con los desconocimientos.

Curiosamente, otra paradoja asoma por los horizontes. Se hace gala de pertenencias a entidades e ideologías. No serían malas tendencias, si los individuos adscritos a ellas fueran conscientes y reflexivos, al considerar previamente los pasos a dar. En cambio, si unos muchos son excluídos por unos pocos enseñoreados de las poltronas y tribunas, aquella pertinente colaboración se torna INCOHERENCIA. Al observar a diferentes fundaciones, partidos políticos, instituciones y agrupaciones; se pone pronto de manifiesto la paradoja. Está de moda el consenso…de las oligarquías, en cada grupo de los referidos; la plebe sólo hace bulto. De ahí, la improcedencia de considerar madura la pertenencia, por encima de las cegueras naturales y sobre todo las provocadas; la propaganda y la actualidad no son argumentos con fundamento.

Como escribe X. Emmanueli en La Presse Medicale, refiriéndose a los grandes excluídos, estas personas llegan a perder la noción real del tiempo, porque ¿Qué significa para ellos el tiempo si están fuera de lo significante? A fuerza de ignorancia, incoherencias, engaños y renuncias, permanecen fuera de los tiempos de actuación, se vuelven IMPERTINENTES, pierden el don de ser oportunos. ¿A través de qué distorsiones llegaron a esto? El desconocimiento y la falta de rodaje se adueño de sus maneras, entran a destiempo. Desconocen la entrada adecuada para una propuesta o una reivindicación, ya no consiguen adaptarse a esos movimientos. No encuentran su sitio. Así se incrementarán el desarraigo y se agrandarán las citadas distancias que les separan de los entes o personas gestores de cada proceso.

La degradación es progresiva, no se le pone remedio y se agrandan las distorsiones. Con semejantes premisas, la conclusión es el aislamiento de buena parte de la población, en ese sentido comentado, están como bultos no como presencias verdaderas. Alejados de los quehaceres habituales, muy pocas decisiones serán de su INCUMBENCIA; la cosa no va con ellos, que les importará, apenas son un relleno insustancial y efímero. Al provocarles esa falta de ocupación, marginados de lo importante, su responsabilidad se relega a términos muy secundarios. No será su problema, en frase muy empleada, festejada; pero expresión de un desligamiento inhumano, al confrontarse con el resto de personas. La inmadurez, lejos de corregirse, adquiere mayor relieve. Acaso fuera más precisa su definición como degeneración, por tratarse de un fenómeno de retroceso.

Se producen 3 degeneraciones simultáneas, con un DETERIORO que presentará variaciones circunstanciales, pero sobretodo, resultará muy complicada su recuperación. La sociedad pierde consistencia, se limita a una pululación anárquica, perdiendo gran parte de sus recursos para la colaboración entre sus miembros, cada uno queda aislado con sus miserias; se alcanzan límites impropios de una convivencia razonable. Si examinamos al grupo de dominadores que excluyen a los demás, disfrutan de un poder cada vez más potente, pero sólo son capaces de gestionar el caos sin las mejores cualidades humanas. ¿O es que sólo hablamos de fuerza y supervivencia? En cuanto a los que se van quedando apartados de las decisiones, fuera del quicio; como comentaba, ni encuentran su momento para actuar, ni se responsabilizan, ni saben por donde colocarse. Es una conclusión en la que todos perdemos, pero son enormes las dificultades para el logro de un ensamblaje satisfactorio.

Es importante el grado de afectación para cada persona o grupo, cada uno con sus particularidades, no surgen dos repercusiones iguales. En algunos de ellos dominará la impotencia ante los sucesivos desplantes, los habrá también excesivamente resignados; así mismo, brotan por todas partes los acomodaticios, e incluso vemos abundantes casos en franca y obsequiosa colaboración con el enemigo, que no les tolera a ellos. Con estos ejemplos y muchos como estos, se van desgranando las pérdidas de la CONSISTENCIA personal que comentábamos. El tiesto se ha roto en mil pedazos. Si la razón no da para mejores logros, tendrá que ser asi y avizorando distorsiones peores.

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