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La muerte del guerrillero

Luis Agüero Wagner
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
sábado, 31 de julio de 2010, 08:08 h (CET)
Uno de los episodios más célebres en la historia latinoamericana es el asesinato del héroe de la revolución cubana Ernesto Che Guevara en Bolivia, para simular su muerte en combate.

El 26 de septiembre, el ejército boliviano había emboscado a los hombres del Che cerca del poblado de La Higuera. Varios guerrilleros había caído en combate y el Che quedó herido en una pierna.

El 8 de octubre de 1967, en una quebrada de los Andes en el sur de Bolivia, se oyó un nutrido fuego de metralla: Ernesto "Che" Guevara y sus guerrilleros se encontraban rodeados por el ejército boliviano.

Luego, el 8 de octubre lo capturaron con dos combatientes y los llevaron a la escuela del pueblo. Las heridas del Che eran leves, y según recuerdan quienes hablaron con él, la dureza del amargo momento vivido no había hecho mella en su buen humor.

Mantener con vida al Che, no obstante, implicaba tener que juzgarlo y darle una gigantesca tribuna global. La prensa de todo el mundo estaría pendiente del juicio, y su voz resonaría como nunca en las páginas de los diarios de todo el globo. Desde el norte, se decidió dejar al guerrillero argentino-cubano sin cobertura mediática.

Al día siguiente, llegó en helicóptero un tal “capitan Félix Ramos" en uniforme de oficial del ejército boliviano y se encargó de los prisioneros. Dos horas después, el Che y los dos combatientes fueron ejecutados.

El tal "capitán Ramos" era Félix Rodríguez, un viejo agente de la CIA.
Rodríguez ordenó la ejecución del Che de modo que pareciera que cayó en combate, se robó su reloj como recuerdo y acompañó su cadáver a la base militar de Vallegrande. El 11 de octubre, después de cortarle las manos para comprobar con las huellas digitales que eran del Che, echaron su cadáver en una fosa cerca de la pista de aterrizaje de la base.

UNA QUEMA DE ARCHIVO
Una "quema de archivo" se consumó en la tarde de ayer miércoles en Paraguay, con el asesinato de un miembro del grupo guerrillero EPP, Severiano Martínez, cuya presentación ante la prensa iría a ocasionar graves dificultades al gobierno arzobispal del cura Fernando Lugo.

Al respecto, el presidente del Congreso manifestó que le llamaba poderosamente la atención que la aparición del cadáver de Martínez se producía inmediatamente después de la publicación de fotos de Lugo en compañía de integrantes con grupos guerrilleros que operan en Paraguay y Colombia.
El guerrillero abatido era oriundo del departamento de San Pedro, según acusaciones de conocidos políticos muy allegado al clérigo-presidente Fernando Lugo, y soportaba órdenes de captura por los secuestros de María Edith Bordón de Debernardi y Cecilia Cubas.
Había tenido una activa participación en el secuestro y homicidio de Cecilia Cubas, ocurrido el 21 de setiembre de 2004. De acuerdo con los informes de la policía, se manejaba bajo el alias de "Marcos", supuestamente era uno de los instructores en el campamento del Ejercito del Pueblo Paraguayo, a inicios del 2005. Para la fiscalía antisecuestro era uno de los cabecillas más buscados.
La última vez que intento capturarlo fue el 14 abril de este año, cuando pudo escapar en un episodio que ridiculizó a la policía nacional y al ministro Rafael Filizzola.

El médico que examinó el cadáver del guerrillero, por su parte, deslizó la infidencia de que el cadáver presentaba marcas en las muñecas, como si hubiera estado esposado con vida antes de ser ejecutado.

Sospechosamente, el hecho se produjo el mismo día en que la prensa paraguaya publicó fotografías del cura Fernando Lugo junto a varios miembros del grupo armado, uno de cuyos integrantes acabó asesinado esta semana.

LUGO Y EL EPP
El EPP, al cual había pertenecido Severiano Martínez para alejarse del grupo hace ya varios años, tiene en su haber 4 secuestros extorsivos (Edith Debernardi, Cecilia Cubas –hija del ex presidente de la República Raúl Cubas–, Luis Lindstron y ahora Fidel Zavala Serrati); 3 asesinatos comprobados (Cecilia Cubas y los policías Andrés Brítez y Óscar Noceda); más de 6 casos de asaltos y quemas de comisarías, destacamentos y estancias y hasta la colocación de una bomba en el baño del Palacio de Justicia.

Pero lo que realmente agrava la situación es la conocida vinculación que se plantea entre Fernando Lugo y los principales cabecillas del EPP.

Al menos tres de ellos, Manuel Cristaldo Mieres, Alcides Oviedo y Gilberto Setrini son ex seminaristas que comulgan con las ideas marxistas de la Teología de la Liberación, que según su propaganda proselitista, era profesada por el mismo Fernando Lugo. Lugo fue incluso maestro de ellos tres.

En repetidas ocasiones quienes hoy son miembros del EPP participaron de eventos tanto eclesiales como sociales junto al entonces obispo del departamento de San Pedro, y actual presidente de la República, existiendo una profusa documentación fotográfica y testimonial al respecto.

Mieres fue acusado por la Fiscalía y condenado por tener participación directa en el secuestro y asesinato de Cecilia Cubas. Alcides Oviedo habría sido el “comandante en jefe del grupo”.

Cuando un periodista pidió a Lugo su opinión respecto al secuestro de Cubas en tiempos en que ella todavía estaba con vida, el cura-presidente respondió: “No sé, hay cosas más importantes de las que me tengo que ocupar”, intentando minimizar el hecho criminal.

Los integrantes del EPP, y de una organización campesina considerada como su soporte, la Organización Campesina del Norte, también son conocidos como adeptos a Fernando Lugo, y durante la campaña proselitista se constituyeron en claves aliados políticos del cura, tanto en el plano local como en el internacional.

Los principales impulsores de la candidatura de Lugo en el exterior fueron exponentes del Partido Patria Libre residentes en Venezuela, entre ellos el recientemente fallecido Joel Cazal.

Es más, recientemente José Villalba, hermano de Carmen Villalba (quien cumple una condena de 18 años acusada de haber formado parte del secuestro de Edith Debernardi) y Osvaldo Villalba (líder del EPP, prófugo desde el 2001) declaró a un medio de prensa local que “todos hemos trabajado por la campaña electoral de Lugo, pero nos sentimos defraudados por la falta de cambios, por el pacto con sectores conservadores”.
En Paraguay la vinculación de Fernando Lugo y varios exponentes del Partido Patria , uno delos brazos políticos del EPP, no es ninguna novedad, existiendo al respecto profusa documentación fotográfica y testimonial.
Por otro lado, es conocida la vinculación de Juan Arrom y Anuncio Martí con las FARC de Colombia, y recuerdo que en una oportunidad incluso me crucé por las calles de la capital paraguaya con su líder Juan Arrom, quien conducía su automóvil transportando a su lado al mismo Canciller de las FARC Rodrigo Granda.
Lugo incluso llegó en su momento a ser el suegro de Arrom, quien mantenía un noviazgo con una de las hijas del cura, y en la misma familia se encontraba el actual canciller luguista, Héctor Lacognata. El actual ministro del Interior Rafael Filizzola , por su parte, defendió en su momento con vehemencia en la cámara de diputados a los acusados de secuestro.

EL CASO COCO VILLAR
Una ejecución de características similares a la de Severiano Martínez aún está fresca en la memoria colectiva de los paraguayos. Se trata del asesinato del supuesto sicario Coco Villar.
El hijo del mismo, José Villar (h), 10 años, declaró a la justicia que en las primeras horas de la mañana del 2 de julio de 1999, se encontraba en compañía de su padre y que llegó a su casa su compañera de escuela Pablina Pavón.
El menor refirió que en ese momento irrumpieron policías que atropellaron la casa y empezaron a disparar, por lo que su padre corrió. "Le dispararon y le acertaron en la espalda. Los policías le rodearon y le patearon cuando estaba en el suelo".
El niño dijo que su padre no tenía arma y que lo visitaba cada ocho días, en la casa de sus abuelos, con quienes vivía.
Villar fue involucrado por un testigo falso en el atentado contra el vice-presidente Luis María Argaña, en medio de un enrarecido clima de persecuciones políticas desatado por el gobierno que compartían los seguidores de Argaña con muchos de quienes hoy constituyen el entorno del obispo Fernando Lugo. A raíz de esta acusación, un grupo de militares antidrogas y de la Guardia Presidencial, al mando de León María Poissón, allanaron sin orden judicial la casa de los padres de Villar, supuestamente, en busca de drogas y armas robadas del Ejército.
El frustrado candidato del obispo Fernando Lugo a ocupar el cargo de ministro de la Corte, Emiliano Rolón, encubrió en su momento este homicidio intencional con una vergonzosa actuación.

EL HIJO DE LA PUTA DE BABILONIA
Cuando saltó a la arena política el obispo Fernando Lugo sus tendenciosos allegados lo presentaron como incuestionable portador de credenciales izquierdistas y con una supuesta militancia en el movimiento de la Teología de la Liberación a cuestas.
Pero pronto algo empezó a oler mal en Dinamarca cuando los sectores más retardatarios de la sociedad paraguaya, como los Maccartistas propietarios de medios de comunicación que prosperaron empresarialmente gracias al dictador anticomunista Alfredo Stroessner, saludaron con grandes espacios y favorables comentarios la supuesta inédita incursión de izquierdas en un mundillo dominado desde hacía más de un siglo por exponentes de la más reaccionaria derecha.
Al poco tiempo de su intempestiva aparición en el escenario, quedó en claro que Lugo sostenía un fluido relacionamiento con los exponentes más representativos en Paraguay del entramado imperialista montado por la embajada norteamericana, NED y USAID. A pesar de la contradicción, la izquierda marxista siguió apoyando a Lugo con la esperanza que una vez en el poder, lograra reformar el politizado y corrupto poder judicial de tal suerte a limpiar los expedientes de secuestros y otros ilícitos cometidos al librar una guerra revolucionaria fuera del legalismo, conforme al esquema marxisto guerrillero.
Lejos de emprender tal camino, Lugo se abocó a pactar con los sectores más corruptos y retardatarios de la sociedad, para acabar convertido en uno más de ellos, con la infamia de la pederastia clerical a cuestas.

En su libro “La Puta de Babilonia”, Fernando Vallejo describió a la iglesia católica como “la puta que saqueó a Constantinopla y bañó de sangre a Jerusalén; la que exterminó a los albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers, la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma, la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia, la oscurantista e impostora que amordaza la palabra y aherroja la libertad del alma”.

Tal vez el inflamado anatema de Vallejo podría quedar corto si tuviera que describir a uno de sus dignos hijos, el cura Fernando Lugo.

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