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Obligados por la prensa a traicionar a Hugo Chávez

Luis Agüero Wagner
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
viernes, 30 de julio de 2010, 04:44 h (CET)
Dijo Arturo Jauretche que el cuarto poder está constituido por las grandes empresas periodísticas que son, primero empresas, y después prensa. También afirmaba que es el único poder que no es afectado por los golpes de estado, y que siempre termina por disciplinar a los otros poderes conforme a las exigencias de la libertad de prensa, algo que se cumplió en Paraguay con la negativa del cura Fernando Lugo de pronunciarse en defensa de su “amigo” Hugo Chavez.

Tiempo atrás advertimos que en Paraguay los referentes de las ideologías se falsifican con tanta facilidad como los DVD y CDs que se adquieren en la Triple Frontera.

Quienes desoyeron tales advertencias, tal vez hoy se sorprendan de la consolidación del giro colombiano de Fernando Lugo, y su repentina adscripción al bando de los "malos" de Sudamérica, donde se ubicó junto a Uribe y Alan García.

COMO PONCIO PILATOS
Tal como lo habíamos denunciado durante su falaz campaña proselitista, el cura Fernando Lugo se ha lavado las manos en el conflicto entre Venezuela y Colombia, lo que equivale a una traición a la causa bolivariana de la cual fue promocionado como referente.
No es de extrañar la cobardía que entraña esta postura, ni tampoco es nueva. Es notoria la incomodidad que lo embarga cuando debe sostener encuentros con alguno de los presidentes que disgutan a sus amigos de la prensa ultraderechista (léase ABC color, radio Ñandutí, etc.).
Esta prensa que lo publicitó como salvador de la patria, es conocida en Paraguay por su vinculación con la SIP y el National Endowment for Democracy, y por difundir cotidianamente opiniones rentadas que se dedican a tirotear en contra de Cristina Kirchner, Evo Morales, Hugo Chávez, Fidel Castro y todos los líderes de América Latina que osen tener autonomía de pensamiento.
Para prodigar su apoyo, esta prensa retardataria conminó al obispo Fernando Lugo a revisar sus discursos sobre Hugo Chávez, Cuba y las FARC. En materia económica, le obligó a desenterrar a un fracasado agente del Fondo Monetario Internacional.
EL ZAR DE LA PRENSA REACCIONARIA
El New York Journal pertenecía desde 1897 a un notable personaje del mundo de los negocios que habría de ingresar a la historia universal de la infamia desde el ámbito de la comunicación.
Se trataba de William Randolph Hearst, el mismo magnate de la prensa cuya vida fue retratada por el entonces joven y prometedor cineasta Orson Welles en su famosa película “El ciudadano Kane”, estrenada en 1941 y considerada por la crítica como la mejor película de la historia. En el documental RKO 281 se describen todas las dificultades que atravesó Welles para caricaturizar en su film al empresario de los medios, cuyo poder se vio mermado por la gran depresión, hecho que posibilitó providencialmente una realización cinematográfica gloriosa que Hearst se empeñó con todas sus fuerzas por truncar.
Hearst fue el primero en demostrar que la prensa podía ser un terrible cuarto poder al que había que tener en cuenta en la política y en los negocios. Su estilo informativo se caracterizaba por un acusado sensacionalismo tanto en el tratamiento de los temas como en su elección (criminalidad, seudociencia), acompañado de un periodismo de investigación al total servicio de la ideología y las ambiciones políticas de Hearst. Consiguió aumentar espectacularmente la tirada mediante el aprovechamiento de recursos visuales como la fotografía o el gran titular, cuyo concepto moderno de «escaparate» de contenidos puede atribuirse a él.
Un émulo paraguayo de Hearst se constituyó en el principal aliado proselitista de Fernando Lugo, hoy maniatado por los intereses del zar de la prensa reaccionaria paraguaya, Aldo Zucolillo, antiguo propagandista de las dictaduras del Plan Cóndor y financista de congresos de la Liga Mundial Anticomunista.

CONOCIENDO A LA PRENSA AMIGA
Para entender cómo un bravo revolucionario adscripto a la teología de la liberación se convierte en un manso corderito a los pies de la oligarquía reaccionaria, vale la pena dedicar unas líneas a la prensa reaccionaria de Paraguay, y a su principal exponente, Aldo Zucolillo.
La visión histórica nacional de Zucolillo, expresada a través de sus empleados en las páginas de su diario, es acorde a la de sus amigos y compañeros propietarios de medios reunidos en la SIP. Suelen honrarle con su visita a la capital paraguaya para recibir agasajos los descendientes de Bartolomé Mitre, quien en 1870 reconociera en sus discursos -al cabo del genocidio sudamericano- que había devastado el Paraguay en beneficio del libre comercio, entonces identificado con Inglaterra y las oligarquías portuarias del subcontinente, como hoy lo está con el ALCA.
En materia económica, el director de ABC color es un gran admirador de Martínez de Hoz, a cuyos discípulos promovió como columnistas estrellas en su diario, así como de sus herederos neoliberales que acapararon los consejos económicos en tiempos de Carlos Menem. También es un devoto admirador de la cultura norteamericana, y eterno propagandista de las versiones propaladas por los anticastristas de Miami.
Carlos Alberto Montaner, Plinio Apuleyo y Andrés Oppenheimer son sus principales referentes para exponer la realidad latinoamericana, y los enemigos del presidente George W. Bush en cualquier parte del mundo, inmediatamente son asimilados como enemigos de ABC color y presentados ante sus lectores como enemigos del Paraguay y de toda la humanidad, sin escatimar recursos propagandísticos.
La satanización de Fidel Castro y de Hugo Chávez y los ataques a la integración latinoamericana, así como la glorificación de la "guerra al terrorismo" de la ultraderecha de Washington son el eje alrededor del cual giran todas las noticias internacionales que difunde el diario de Zucolillo.
En materia nacional, todas las versiones que difunde y que obliga a repetir a los periodistas radiales a quienes apoya con auspicios, convergen en un enfoque neoliberal en materia económica, derechista en preferencias políticas y antinacional en perspectivas históricas y de proyección al futuro.
Curiosamente, este esquemático subproducto de la propaganda imperialista y el pensamiento retardatario, dio un giro aparente de 180 grados al promocionar a un supuesto teólogo de la liberación izquierdista.
Hoy nuestro héroe ha quedado enredado en la telaraña imperial, en la que se dejó atrapar de motu proprio, y no duda en traicionar a la misma causa bolivariana en ancas de la cual llegó al poder.

EL CITIZEN KANE DEL FALSO TEÓLOGO DE LA LIBERACIÓN

Uno de los pasatiempos favoritos del propagandista que lanzó al estrellato mediático continental a Fernando Lugo, Aldo Zucolillo, es pasarse criticando a los funcionarios del gobierno que se construyen viviendas confortables, publicando sus fotografías en primera plana. Curiosamente, nunca hizo lo propio con sus propias mansiones que no tienen nada que envidiar al castillo de San Simeón donde Hearst vivió, en medio de las cien mil hectáreas en la costa a medio camino entre Los Ángeles y San Francisco.
Zucolillo, al igual que Hearst -que fue amigo de Hitler y cedió espacios en sus periódicos a Goering-, tuvo amistad con tiranos criminales y dictadores. Defendió desde sus editoriales a Pinochet y Videla, hizo negocios con Stroessner, y proporcionó columnas de opinión a discípulos de Martínez de Hoz.
Ambos editores comparten un historial de xenofobia y odio contra las mayorías, el apoyo a gobiernos nazis y a las cazas de brujas contra los comunistas. Y así como Hearst recomendó el asesinato del presidente McKinley, Zucolillo defendió a los asesinos del vicepresidente Argaña.
“Volé a Berlín y tuve una larga conversación ayer con Hitler. Ciertamente Hitler es un hombre extraordinario. Lo tratamos con demasiada ligereza en Estados Unidos. Tiene un enorme entusiasmo, una maravillosa capacidad para la oratoria dramática y una gran capacidad organizativa” escribió Hearst en 1934.
Joseph Goebbels, el célebre ministro nazi de Propaganda, acordó con Hearst en una oportunidad un cambio de la política editorial de sus diecinueve periódicos a cambio del pago de 400.000 dólares . William Randolph Hearst ordenó a continuación a todos sus corresponsales de prensa en Alemania, incluyendo a los pertenecientes a INS (Servicio Internacional de Noticias de Hearst) que reportaran los hechos en la Alemania Nazi sólo de manera amistosa. Todos los corresponsales que reportaron noticias de Alemania de manera precisa y sin amistad, comprensión y favoritismo por las acciones del gobierno alemán, fueron trasladados a otro lugar, despedidos u obligados a renunciar.
Cuando el agente de la CIA Leonard Sussman, reclutó a Zucolillo para la National Endowment for Democracy, también obtuvo un cambio radical en la línea editorial de ABC color, que de cantar loas a su paternal protector Alfredo Stroessner, se dedicó a vilipendiarlo con fiereza de acuerdo con los objetivos de la embajada norteamericana, que ya deseaba reemplazar el Big Stick por la democracia tutelada en Paraguay. Corrían los primeros años de la década de 1980.
El ciudadano Kane es recordado por sus delirios de poder paralelo, y por la jactanciosa frase “Yo hago las noticias”. Tratando de imitar una vez más a Hearst, que desató una guerra en Cuba, Zucolillo pretendió hace un par de años envolver a Paraguay en una guerra con Bolivia, alarmado por el avance de la izquierda con la asunción de Evo Morales. En delirantes titulares sensacionalistas acusó desde su diario a Morales de planear una invasión al Paraguay financiada por Hugo Chávez.
Se relata que Hearst, devorado en una oportunidad por los celos al ver a su esposa Marion besándose con Charles Chaplin, disparó con su arma al famoso actor, quien esquivó las balas que terminaron matando al guionista Thomas Ince. Era el día del cumpleaños del escritor, y el episodio ocurrió mientras celebraban la fiesta en el yate Oneida, propiedad del magnate, que navegaba a corta distancia de las costas de San Diego un 19 de noviembre de 1924. El poderío económico permitió en esa ocasión al ciudadano Kane ocultar la noticia con tanta facilidad con que las fabricaba; las autoridades nunca se enteraron del episodio que quedó en la nebulosa de las leyendas negras.
Zucolillo también tiene sus propias historias ocultadas de crímenes pasionales. José Antonio Valiente, dueño del desaparecido bar "Felsina", fue ultimado en nebulosas circunstancias en Buenos Aires, Argentina, poco después del Golpe Militar con el que Videla y Massera derrocaron a Isabel Perón en marzo de 1976, y así Graciela Pappalardo no tuvo inconvenientes para contraer nupcias con el empresario periodístico Aldo Alberto Zucolillo Moscarda. Según documentos obrantes en el Archivo del Terror (Microfilm 00028F0474), el presunto asesino habría sido Juan Carlos Cabañas, ex secretario del Dr Edgar L. Ynsfrán, temible ministro del Interior del dictador Stroessner, en el período de mayor auge de la sangrienta represión. El extraño asesinato nunca fue investigado, obviamente, porque podría remover prontuarios honorables.
Otra faceta en común entre Aldo Zucolillo, que buscaba la presidencia con su malogrado plan Zeta, y Hearst (que llegó a la cámara de representantes) es haber fracasado en la política. Tras perder en sus intentos de resultar elegido gobernador del estado de Nueva York (1907) y alcalde de la ciudad homónima (1905 y 1909), el ciudadano Kane se retiró a una fantástica mansión construida por él mismo desde donde se dedicó a dirigir su imperio periodístico (en su momento de máximo apogeo, a mediados de los años treinta, llegó a ser propietario de 28 diarios y 18 revistas), amén de escribir guiones y producir películas para su amante, la actriz Marion Davis.

En su nota necrologica en 1951 la revista New Yorker, a propósito de Hearst, concluye que la mayor contribución del ciudadano Kane al periodismo fue "demostrar que un hombre sin experiencia previa en la edición de periódicos podía, empleando el dinero como si fuera una porra bien gruesa, hacer lo que deseara en el mundo del periodismo, excepto allí donde una riqueza comparable se enfrentara con él".

Tal vez un epitafio parecido podría dedicarse a su émulo igualmente modesto desde el punto de vista intelectual, Aldo Zucolillo, cuando acuda a rendir cuentas. Sería la similitud culminante entre dos vidas tan paralelas.

Para su pupilo el falso revolucionario de la sotana, falso teólogo de la liberación, sin dudas el camino está trazado en línea recta con dirección al basurero de la historia.

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