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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Edén neandertal

Isaac Bigio
Isaac Bigio
miércoles, 12 de mayo de 2010, 04:07 h (CET)
Los humanos somos la única especie que nos preocupamos en conocer nuestros orígenes porque entendemos que así podremos conocer mejor lo que el futuro nos depara. En las últimas décadas la ciencia se ha compenetrado mucho en desentrañar como hemos evolucionado.

Todos los especialistas coinciden en afirmar que provenimos de los simios. Sin embargo, hay todo un debate para saber cuál es el tronco exacto de nuestra especie.

Hay dos teorías al respecto. Una es la afro-céntrica que sostiene que todos nosotros descendemos de unos nómades africanos que hace 50 a 80 mil años cruzaron por el mar rojo hasta contornear las costas y terminar en Australia, Europa y las Américas. Según esta visión todas las otras especies de homínidos que existían antes se fueron extinguiendo hasta quedar solo la nuestra.

Otra es la del desarrollo multi-regional. Esta argumenta que las distintas especies de homínidos se fueron entrecruzando entre ellos y que los homo erectus o los homo sapiens neandertalis no desparecieron sino que sobreviven en nuestros genes.

Para la primera teoría los neandertales, aquellos humanos corpulentos, frentones y narizones que vivieron en la Europa polar durante un cuarto de millón de años hasta hace menos de 30,000 años, corrieron la misma suerte de los mamuts o los tigres de dientes de sable: desaparecieron.

Sin embargo, el rol de los neandertales se ha ido revalorizando. Primero se encontró el esqueleto de una niña que tiene rasgos de nuestra especia y de los neandertales. También se ha demostrado que la inteligencia y las habilidades de los neandertales eran muy altas.

Hoy un equipo del instituto alemán Max Planck de antropología evolutiva ha demostrado que genes de los neandertales sobreviven en humanos de otros continentes fuera del continente negro, con lo cual sugieren que si hubo sexo y cruce entre los hombres neandertales que vivían en el Asia occidental o Europa con nuestros antepasados que salían del África.

La región de la biblia (el medio oriente) habría sido el escenario de dicho encuentro y apareamiento. El ‘jardín de Edén’ bien pudo haber tenido a un Adán que fuera un homo sapiens neandertal y a una Eva homo sapiens sapiens, o al revés. Gran parte de nosotros retendríamos la herencia genética de tal encuentro.

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