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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Fe en Dios

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 21 de abril de 2010, 08:23 h (CET)
En muchas ocasiones el debate sobre religión y ciencia se establece en el campo intelectual, pero hay veces que el dogma toca la tierra y puede hacerlo con consecuencias muy desastrosas. Esto último ha pasado en Weston, una zona rural del estado de Wisconsin, en donde un matrimonio optó por buscar la curación de su hija de 11 años que padecía diabetes por medio de la oración de fe, sin optar en ningún momento por la asistencia médica. La niña murió y “los padres fueron condenados por homicidio temerario de segundo grado”, dice Idoya Noain en su escrito “Muerte en nombre de Dios”.

La pregunta que nace ante un caso como el de esta niña que padecía una diabetes que nunca se le diagnosticó y que hubiera podido seguir viviendo si se hubiese tratado correctamente la enfermedad, es :¿Cuál es el límite de la fe? Acudir al médico ¿”es desobedecer a Dios” como creían los padres de la niña fallecida?

En el Antiguo Testamento se encuentra un texto que puede confundirnos: “Asa enfermó gravemente de los pies, y en su enfermedad no buscó al Señor, sino a los médicos” (2 Crónicas 16:12). Se cree que los médicos a los que se refiere el texto eran médicos egipcios que eran muy solicitados y que fingían expulsar enfermedades por medio de sortilegios, hechizos y otras artes mágicas. El error del rey Asa fue confiar en médicos de esta clases y no buscar la ayuda de Dios.

La actitud del monarca es parecida a la de muchos que hoy confían en curanderos, chamanes, curadores espirituales, que utilizan artes mágicas parecidas a las de los antiguos médicos egipcios.

Un personaje del Antiguo Testamento que nos es muy familiar por el dicho “ tener más paciencia que Job”, menciona a los médicos cuando dice a sus amigos que pretendían consolarlo en sus sufrimientos: “Sois todos vosotros médicos nulos” (Job 13.4). Dios considera justo a Job y en medio de la adversidad que le apretaba fuerte, siempre confió en el Señor. Su declaración es muy significativa porque no considera la medicina una práctica prohibida por Dios , sino que hace la distinción entre médicos buenos y malos. La misma diferenciación la aplicamos nosotros cuando en el momento oportuno nos informamos del médico que debe tratar nuestra dolencia.

En cierta ocasión los fariseos se quejan de que Jesús compartiera mesa con los publicanos y pecadores. Aprovechando la denuncia dice. “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos2 (Mateo 9:12). De esta declaración salida de los labios de Jesús deberían tomar buena nota quienes consideran que acudir al médico es una falta de confianza en Dios y que la vacunación preventiva es desconfianza en la providencia de Dios.

Normalmente, Dios en su misericordia tiene previsto curar a los enfermos por medio de los médicos, hasta el día que tiene establecido que se apague el aliento de vida. Pedir a Dios por la curación y acudir al médico no significa falta de fe, sino reconocimiento de la providencia divina.

En su soberanía, Dios puede curar sin intervención humana. El caso de Oscar Chinchilla , de 21 años, es una evidencia de cómo Dios escoge curar. A este joven se le detectó un cáncer de colon y tenía que ser intervenido quirúrgicamente. Familiares y amigos oraban por él. Le regalaron una Biblia. Oscar dice que “al principio la leías porque no tenía nada más que hacer”. Cuando llegó al salmo 91 leyó palabras que le afectaron y que le dieron a entender de que Dios no lo abandonaría. Cuando despertó de la anestesia su padre le dio la buena noticia de que cuando el cirujano iba a proceder a la extirpación del tumor cancerígeno no encontró ni rastro de él. El cirujano no se explica lo sucedido. En el caso de Oscar Dios curó sin la intervención del hombre. Dios no está limitado en su actuar. Puede curar de las maneras más inverosímiles.

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