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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Pedofilia

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 15 de abril de 2010, 08:58 h (CET)
Mosén Carles Sanmartín Sisó “es un cura leridano, que como muchos otros estamos asistiendo con dolor, tristeza y perplejidad el seguimiento de las noticias, crónicas, debates y reacciones diversas ante los casos de abusos sexuales a niños, realizados por curas en diferentes países del mundo”. Al mencionado clérigo se le hace “difícil comprender como un mosén que un día decidió seguir el camino del sacerdocio siguiendo a Jesús de Nazaret, modelo de Amor puro hacia toda persona, haya perdido el camino de manera tan brutal…”

Mosén Sanmartín, en su escrito ‘Se me hace difícil…’ (BONDIA, 01-04-2010), repite seis veces el título del escrito seguido de: compartir, comprender, explicar, entender, descubrir, exponer, porque no tiene explicación para los hechos que comenta relacionados con la paidofilia. Ante los hechos que no tienen explicación para el sacerdote, “también pide preguntarse cuáles son las causas profundas de todos estos comportamientos anormales que se dan en el colectivo de los curas, pero también en otros (turismo sexual, redes pedófilas, etc.)”.

Para ayudarnos a entender por qué se da la pedofilia deberíamos beber la filosofía que brota del capítulo primero de la Carta a los Romanos del apóstol Pablo. Si el lector sigue sin prejuicios la lectura de un comentario a un tema tan escabroso como lo es la pedofilia, el enigma se disipará y comprenderá por qué se dan hechos tan indecentes.

El problema se inicia con el ateismo. El apóstol afirma que “las cosas invisibles de él (Dios), su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (v.20). A pesar de que la Creación manifiesta la divinidad eterna de su Creador, el hombre se obstina en intentar descubrir el origen del universo intentando reproducir el supuesto Big-Bang con una maquina aceleradora de partículas. Ante la evidencia, negar la existencia de Dios hace al hombre inexcusable.

Como resultado de no querer reconocer a Dios como Autor de al creación, el apóstol escribe: “Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos, y de reptiles” (vv.22,23). Aquí el apóstol nos da una explicación de cómo se originó la idolatría. Los ídolos de oro, plata, mármol…,reemplazan a Dios y esto tiene sus consecuencias: “Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones” (v.24). A continuación Pablo afirma que la homosexualidad es la consecuencia de la idolatría. Este aspecto no nos interesa ahora. La pedofilia es nuestra preocupación. El texto no menciona esta corrupción sexual, pero sí dice que las consecuencias de la idolatría son que quienes la practican se convierten en “inventores de males” (v.30) y “como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no conviene” (v.28).

Teniendo en cuenta que la cultura grecorromana era idólatra, que adoraba a una infinidad de dioses y, por si acaso se habían olvidado alguno, con el propósito de no irritarle y que los castigase con pestes y otros males, tenían templos dedicados al “dios desconocido” (Hechos 17:23). La paidofilia que era considerada una expresión sexual lícita en esta cultura, ¿puede ser uno de los “inventos de males” y una de las “cosas que no convienen”, sea la consecuencia de la idolatría?

A mosén Sanmartín se le hace difícil comprender que un clérigo que un día decidió seguir el camino del sacerdocio siguiendo a Jesús de Nazaret haya perdido el camino de manera tan brutal. Pienso que el desvarío es fácil de entender. La Iglesia católica, básicamente es idólatra y según Jesús no se pueden servir a dos señores “porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Lucas 16:13). La devoción a Dios amándole con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente, tal como exige Jesús, no es posible porque el corazón del católico está dividido entre la lealtad que se debe a Dios y la devoción que se rinde a santos, santas, vírgenes…

Si los razonamientos presentados son correctos y la idolatría es la madre de la paidofilia, si de verdad se pretende extirpar de la sociedad esta perversión sexual que tanto daño hace a los niños, es preciso volverse a Dios. La Creación nos descubre el poder eterno y la divinidad del Creador, pero no nos dice nada respecto a su Persona. Este reconocimiento es el primer paso que lleva al rechazo de la idolatría y reconocer que Cristo además de ser el Creador, tal como enseñan las Escrituras también es el Salvador, con lo cual se encuentra la medicina que cura la pedofilia que tanto sufrimiento ocasiona en niños de todo el mundo. Mirar cara a cara a Jesús inevitablemente lleva al reconocimiento de que se es pecador. Este descubrimiento da la estocada mortal al pecado y en concreto al que tiene por nombre : PEDOFILIA.

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