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Opinión
Etiquetas:   La tronera   Cuba   Fidel Castro   comunismo  

Fidel y el comunismo, ejemplos de nada

El nombre de la revolución lo aventaban como si fuera un escudo de protección, mientras la miseria cubana se la tragaban los allí presentes
Jesús  Salamanca
miércoles, 30 de noviembre de 2016, 17:32 h (CET)
No me extraña nada que, tras fallecer el dictador, Fidel Castro, millones de cubanos en el exilio hayan celebrado su desaparición. Empezaba a ser demasiado el odio contenido y el no poder abrazar a sus seres queridos. Muchos cubanos llevaban cuarenta y más años sin poder ver a familiares, sin sentir Cuba y sufriendo en el alma lo que casi es difícil de explicar.

La muerte del dictador viene a ser un respiro para muchos y una esperanza para otros tantos. Ya solo hay un camino: Cuba debe abrirse a la libertad, saltando por encima de quien sea. Pero además, el comunismo no debe volver a ser nunca más un referente para nada y para nadie. No hay régimen político en el mundo que lleve a sus espaldas más asesinatos que el comunismo ni existe ideología más despreciada que ese.

Son innumerables las familias que han perdido algún ser querido por culpa de Fidel Castro y de sus políticas rancias, egoístas y personalistas. Todo eso ha llevado a que el dictador muriera enriquecido a más no poder. Nada que ver con otros líderes, no comunistas, que han dejado de existir y no se les conoce patrimonio crematístico ni mobiliario. Fidel no ha sido un ejemplo sano de nada ni lo será, como no lo ha sido el comunismo; excepto para ver en él un sistema capaz de arruinar cuanto toca, además de destrozar un país que era el segundo más próspero del continente americano en el momento en que Castro llegó a la isla acompañado por un pelotón de aprovechados que hablaban de la revolución necesaria.

El comunismo de Fidel solo parece haber servido de referencia a media docena de países bananeros que, en algún caso, han ido rotando cuanto ciertos líderes accedían al poder. Hoy son ejemplo de ello tanto Evo Morales como Nicolás "Maburro"; éste aún iluminado por el 'gorila rojo' y aconsejado por el famoso pajarito. Lo más triste es que el actual Papa se brinda sin remilgos a reír las bravuconadas de Nicolás y se limita a la mera teoría de pedir solidaridad, negociación y pacificación, a lo que Maduro responde con la permanente desobediencia, aunque haciendo el paripé más descarado. Mal favor está haciendo este Papa a la Iglesia. Peor aún si, además, identifica el cristianismo con el comunismo.... ¡Apañados vamos, pero con poca ropa!

En países como España, el comunismo ha servido para que determinados innombrables jueguen a la revolución, pero vista de lejos. Iban a Cuba de visita, pero no se quedaban. El nombre de la revolución lo aventaban como si fuera un escudo de protección, mientras la miseria cubana se la tragaban los allí presentes de forma permanente. Eso sí, menos la élite que bendecía el poder y los adláteres que vivían a costa y en las espaldas del pueblo. Suscribo plenamente la pregunta de Xavier Carrió: ¿Por qué tantos hablan del exilio cubano, como si los culpables fueran los exiliados, y no quienes han convertido la maravillosa isla en un lugar invivible?

A cada político hay que valorarlo por cuanto hace por su país, por las obras y por la regeneración del mismo. Castro acusó a los gobiernos cubanos anteriores de corrupción, pero él se ha 'pringao' hasta las cejas. La prosperidad cubana -- que existía cuando llegó-- hoy no se ve por parte ninguna. A su muerte deja un país tremendamente dividido --en muchos casos roto -- y enfrentado.

No tengo ninguna duda de que la historia acabará por condenarlo. Al tiempo.
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