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Opinión
Etiquetas:   Comunicación   Social  

El arte de comunicar

En este momento de incertidumbre social, la comunicación visual, escrita pero sobre todo oral, es fundamental para el buen funcionamiento y convivencia ciudadana
Carmen Muñoz
sábado, 22 de octubre de 2016, 11:13 h (CET)
Comunicar es hacer saber o transmitir algo a otra persona, un estado de ánimo, un sentimiento, una enfermedad etc. mediante su influencia o intervención.

La comunicación es algo esencial desde el comienzo de los tiempos. Los animales ya sean racionales o irracionales se comunican entre si según su especie, estos últimos por medio de gestos y sonidos. Los racionales ( que a veces se comportan como los anteriores) pueden hacerlo de formas más variadas, desde las señales de humo, la paloma mensajera, por medio de signos, palabra oral o escrita, de forma telegráfica, por ondas hertzianas, internet, wifi, etc. hasta nuestros días, mucho ha ido cambiando el modo y las formas. La comunicación es fundamental entre los seres humanos. Es por ello que cuando surge la incomunicación surgen los problemas de incomprensión, ansiedades, rupturas, recelos, venganzas, etc..

Para mi tiene tanta importancia o más la comunicación como la falta de la misma, pues siendo tan fácil evitar o solucionar problemas de muy diversa índole, por no hablar, se sumergen en una espiral sin sentido que destroza el ánimo y perjudica enormemente a las personas que lo sufren.

Si empezamos por la familia, que es la base de la sociedad, la comunicación entre los esposos es fundamental para llevar adelante el proyecto de vida en común, la educación de los hijos, el desarrollo de una vida fértil en convivencia y traspaso de valores morales y espirituales. A veces se culpan a los jóvenes de meterse en el mundo de la droga y en el salvajismo sin tener en cuenta que pueda ser fruto de una mala, escasa o nula comunicación en su seno familiar. La tecnología, muy positiva para avanzar en el mundo que vivimos, está minando la sociabilidad desde la niñez, pues han cambiado los juegos colectivos por la individualidad y soledad de su cuarto, si a esto añadimos el mal sistema educativo que padecemos, la falta de vocabulario y la escasez de expresión, nos encontramos con la cruda realidad presente.

Si trasladamos el fracaso familiar a la sociedad, la cosa se complica, lo vemos continuamente en la actualidad, el orgullo, egoísmo, egolatría hacen que la convivencia se tambalee por falta de no saber escuchar, comunicar, transmitir ni aceptar opiniones diferentes a las que se proponen por algunos de los interlocutores. Lo primero de la inteligencia no es imponer los criterios de uno, sino crear un clima intelectual en el que la realidad se muestres más que como un objeto útil, como un don lleno de posibilidades que nos enriquezca a todos. El problema radica, a mi modo de ver, en que se ha instalado la mediocridad superlativa en la sociedad y por ende en la clase política, haciendo muy difícil la consecución positiva del último punto.

Cierto día me preguntaron cómo definiría el arte, y mi respuesta fue “la expresión de un sentimiento”. Este puede mostrarse a través de la pintura, la música, la danza y como no por la palabra, el saber expresar y comunicar lo que sientes, también es arte. Según Platón, el estudio de la palabra nos permite alcanzar en plenitud el conocimiento de las ideas de manera muy general y específica, además contribuye a la perfección de nuestra retórica. Decía Ortega “sentimos que se nos hace presente la intimidad de las cosas, su realidad ejecutiva, hasta el punto que frente a ella, las otras noticias de la ciencia…nos parecen esquemas, remotas alusiones”.

Tampoco la iglesia se libra de esta falta de comunicación, han sido muchas las tropelías cometidas en nombre de Dios y de la Iglesia. A Dios hay que sacarlo a pasear entre la gente, vivir el día a día con todos los desmanes y dificultades existentes. Enseñar a pie de calle que es un Dios de amor y no de castigo y temor (que es lo que se enseñaba desde los púlpitos y confesionarios). Bien es cierto, que las Cartas Pastorales y las Encíclicas de los últimos Papas son clarividentes y tanto San Juan Pablo II, Benedicto XVI como Francisco han bajado al ruedo de la realidad y han sido y son muy claros y cercanos con los feligreses, dando ejemplo de vida tanto de palabra como de comportamiento y por consiguiente, en las pequeñas parcelas eclesiásticas también han seguido el ejemplo, ¡Bendito sea Dios!

La belleza de la palabra estriba en que puedes aportar conocimientos, transportar el espíritu, apaciguar sentimientos, alegrar ánimos, sublimar ideas, evangelizar……..Son tantas las cosas buenas y bellas que se pueden alcanzar con la palabra, que es una pena la falta de comunicación existente hoy día

En este momento de incertidumbre social, la comunicación visual, escrita pero sobre todo oral, es fundamental para el buen funcionamiento y convivencia ciudadana.
Comentarios
Paco Arbillaga 23/oct/16    17:30 h.
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