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Etiquetas:   Educación   Niños   Violencia   -   Sección:   Opinión

Violencia en las aulas

Algo que no tiene que volver a repetirse, ni en este ni en cualquier otro colegio
Francisco J. Caparrós
martes, 11 de octubre de 2016, 00:13 h (CET)
La mamá de la chiquilla de ocho años, agredida por una turba de púberes descerebrados en un colegio de Mallorca, se ha apresurado a corregir a nuestro ministro del interior, que para más inri creyó que su presencia era más necesaria en Burgos para cumplimentar como Dios manda a la patrona de la Guardia Civil, que informándose de primera mano con lo acaecido en la isla. Si al menos supiese estar calladito cuando es necesario, en lugar de ponerse a pontificar sobre algo que desconoce, podría haber evitado quedar en evidencia una vez más, ahora delante de una familia a la que los matices de Fernández Díaz no le han hecho ninguna gracia.

Pero aquello que ha sorprendido más a la opinión pública, no ha sido en sí la agresión sino la respuesta tan poco resuelta de la dirección del colegio. Francamente, no sé en qué diablos estarían pensando los responsables del centro para posponer la comunicación con los padres de la víctima hasta el final de la jornada escolar. Por fortuna, el desprendimiento de riñón que el especialista le diagnosticó a la chiquilla tan pronto como los padres la llevaron a urgencias, no alcanzó al parecer un nivel tan alto de amenaza como para temer por su vida; de hecho, me temo que las heridas emocionales serán las que más huella dejarán en ella.

En todo caso, eso es algo que no tiene que volver a repetirse, ni en este ni en cualquier otro colegio. Por lo menos intentarlo, porque hasta ahora se han puesto muy pocos medios al alcance de los docentes. Salvo por la presencia del policía tutor, que a fin de cuentas no es más que un agente de represión disuasoria, no existe figura de intervención socioeducativa en las aulas de Baleares, y eso se nota. Desde la Consejería de Educación, no se puede ignorar por más tiempo al profesional de la educación social en los colegios e institutos, cuyas competencias profesionales podrían haber alertado a la comunidad educativa de la peligrosa situación que se estaba fraguando a espaldas del profesorado.

Lo expresado en estas líneas no pretende ser una crítica hacia los docentes, sino una llamada de atención a las autoridades educativas de mi comunidad, que en mi opinión y por sistema hacen oídos sordos a cualquier indicación que no proceda de su propio entorno competencial. No hay más que ver la escasa atención que se le dispensa a la profesión aquí en las islas, cuando la misma experiencia en otras provincias no hace más que resaltar los resultados positivos a los que ha dado lugar.
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