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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Menoscabo dialéctico

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 22 de noviembre de 2009, 07:48 h (CET)
Algún escrito hay que se aviene a razones; o cuando menos, las ensalza. Releía dias atrás un Proverbio chino con aires de raciocinio, dice así: “Los actos van detrás de los pensamientos, del mismo modo que las ruedas de la carreta van detrás de las patas del buey”. Suena a muy antiguo, el orden de factores se modificó sustancialmente en los ambientes modernos. Suceden tantos y tan desaforados desmanes, que el mero acto del pensamiento queda cuestionado. Desconsideraciones, violencias, personajillos famosos en pleno ejercicio de sus medros y trifulcas, politicastros de lujosa prestancia descubiertos con las vergüenzas al aire. Una recua nefasta de POCO PENSADORES, poco amigos del citado proverbio. Cubren áreas expuestas a todos los soles, orientales y chinos, occidentales y populistas, como también las alianzas de desbarajustes en los soles más cercanos. En todo caso, ¿Primero va el pensamiento? ¿Quién piensa? ¿Quién pone en marcha la noria?

La evolución incide de lleno en las prácticas del lenguaje, del lado de los hablantes y también de cara a los escuchantes. Cambian de tal manera los modos de hablar, que las definiciones antiguas sirven para poco. Los argumentos dialécticos, el contraste de pareceres fundamentados, ejercieron su papel dicisivo. Sin embargo, pasó su tiempo, salieron otras lunas cambiadas. La curiosa versión dialéctica practicada en la actualidad, no distingue matices ajenos; se deforma y se apoltrona en el DIALECTO particular, exclusivo e intolerante. Al no ejercitarse en el contrapeso de las razones distintas de las propias, el dialecto se vuelve cerrado, queda como un habla mostrenca, muy distante del raciocinio y el respeto mutuo. Así, por mucha ocupación de telediarios, nunca brillará el entendimiento. El vetusto político que no cuidó los controles de bienes públicos, pretende inmiscuirse de lleno en el nombramiento de obispos, o justifica a los cacos de su gobierno, los chicos actuaban por el bien del país. Tiene su dialecto propio, no cabe duda.

Para un mínimo entendimiento, requeriríamos algunos pilares básicos a la hora del referido diálogo con los demás; citaré a continuación cuatro de los indispensables. No sé que es peor, si la ignorancia llana, o la pretenciosa actitud de creerse conocedores de lo que no tienen ni idea; pues bien, ese es un primer eslabón, para alcanzar el conocimiento de algo hace falta ESTUDIO. No es suficiente la suelta de ocurrencias, aunque sea lo más difundido. Junto a esa atención y exigencia, el ESFUERZO posibilita los contactos bien elaborados, se busca el fundamento. De qué servirán los debates sobre sexo, violencia o comportamientos escolares, si ni siquiera se aproximaron los interlocutores a los fondos del asunto. Ese trabajo será innecesario cuando se valore sólo el número de voces y su tono de gresca.

La VERGÜENZA se torna crucial para la credibilidad de un intercambio de pareceres. Es un buen complemento para que se mantenga la sinceridad de los intervinientes y será más fructífera la colaboración. Se nota sobre todo su pérdida. La desvergüenza es como una suerte de desconexión. El otro punto fuerte asienta en el sentido de RESPONSABILIDAD. Si uno no queda amarrado a sus dichos por esta fuerza interior; no pasará de unos pronunciamientos dicharacheros y frívolos. Y de esto se ve tanto, que parece lo normal. Por el contrario, extraña una exposición de motivos apoyada en los cuatro pilares mencionados. Como es flagrante el decaimiento de semejantes bases, de ahí, el hundimiento de la dialéctica que podemos apreciar en los ambientes habituales.

Ahora domina la huida hacia delante. Ni por asomo quedarse como deudores de cuidados o normas preestablecidas por los núcleos sociales. La pretendida autonomía personal no reconoce limitaciones. Tampoco reconocemos las cualidades necesarias para tolerarse unos a otros. Se habla de metafísicas caníbales. Cuando Aristóteles escribía sobre Retórica y Ética, se ceñía a conceptos que hoy ni siquiera se entienden; más aún, se desprecian con desfachatez. Para la definición de la vergüenza, formula ideas como el pudor, sentirse turbado o pesaroso por los vicios adquiridos, preocuparse por la buena reputación; es decir, algo de la noble INQUIETUD por las actuaciones bien encaminadas, desarrolladas con el mayor respeto hacia los demás individuos. Sin esa inquietud personal, no es posible la apertura de puertas a la confianza. ¿De quién fiarse cuando se alardea del menosprecio hacia estas cualidades? ¿Dónde se adquirirán las actitudes con ese enfoque inquieto y preocupado?

Es curioso, se manejan minúsculas partículas genéticas, disponemos de aparatos basados en efectos cuánticos, abundan las maravillas técnicas; pero en las relaciones sociales no se asumen las diferencias, se tienden velos para borrarlas y eliminarlas. Se propaga lo que denomino CONSENSO de los ABANDERADOS. No es que todos acuerden, ni por asomo; se establece un plan para que no chiste nadie, que es muy distinto; ante un lema o una bandera, se justifican hasta los delitos, están mal vistas las disidencias de opinión. La estrategia confiere la razón al núcleo gestor. Cuando se dispone de mejores accesos a los datos y pareceres, por asombroso que parezca, las tendencias se conforman como una abrumadora apisonadora conceptual. De tal manera ocurre con los partidos políticos, que no será necesaria mucha insistencia al respecto.

Por si faltaban dificultades para un diálogo efectivo, destacaré a renglón seguido una de las peores estructuras que desbaratan el entendimiento entre los conciudadanos. Su consecuencia nos aboca a un estado de cosas frustrante para la sociedad. Las llamaré PATRONES ABSTRACTOS de expresiones prefabricadas, muy alejados de las presencias y sentimientos reales de cada persona en concreto. Son modas establecidas para el parloteo usual, algo así como lo socialmente correcto; pero insisto, alejado de lo más peculiar y concreto de cada ser humano, sus opiniones, sus anhelos. ¿Cómo puede reducirse la variedad de personas a un patrón homogéneo?

En buena lógica pudiéramos afirmar que ya no se discuten razones y tampoco se trata de buenas explicaciones, ni de convencimientos. Si se habla de DARWIN, sus genialidades descriptivas, precisión, tenacidad y comentarios, permanecen en un segundo plano. Unos cuantos deciden el mismo origen para todas las especies vivientes y ha de ser así; no importa que se desconozcan eslabones básicos. O se reconoce la evolución total o no dejan opciones; se erigen en un simplismo apabullante. Si de creacionismo se trata, ¿Hemos de quedarnos con Adán y la costilla? ¿Cabrán otras variables? Vistas las grandes lagunas en los conocimientos contrastados, conviene hablar, opinar, escuchar los diferentes argumentos.

La dialéctica oportuna para el esclarecimiento se nubla por momentos. Los argumentos se diluyen y las actitudes no se caracterizan precisamente por aspiraciones de elevado tono. Por consiguiente, si aspirábamos a una entente atractiva, con buena tolerancia y en una superación de los conflictos, hemos pinchado en hueso duro; no van por ahí las tendencias.

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