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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Presupuestos Generales y Corrupción

Sergio Brosa
Sergio Brosa
lunes, 26 de octubre de 2009, 01:23 h (CET)
Presupuestos Generales del Estado
Tuvimos ocasión de ver la semana pasada el lamentable espectáculo del debate sobre las enmiendas a la totalidad del Proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2010 que se saldó finalmente con su rechazo por 177 votos contra 168. Los rechazadores fueron: los 169 del Grupo Parlamentario Socialista, los 6 del Vasco y los 2 de Coalición Canaria–Partido Nacionalista Canario (!) componente del Grupo Mixto.

Lastimosa representación de la farsa de la división de honor de la política, en la que el grupo del Gobierno o equipo de casa desconcierta a propios y extraños y el visitante o principal grupo de la oposición sigue con la táctica que lo aleja de la victoria, a pesar de los esfuerzos de los locales por hacer todo lo contrario a lo que la situación requiere; parece que nunca vieron el pizarrín del entrenador.

Y los grupos nacionalistas (!) EAJ-PNV y CC-PNC que apoyan al partido del Gobierno en esta fase, explican que el proyecto de ley de presupuestos no les gusta, pero como les han comprado el voto con el dinero de todos los españoles que gestiona el Gobierno, cómo negarse.

Por otro lado, ninguno de los partidos catalanes está conforme con el proyecto, salvo el que forma parte integrante del Grupo Socialista, el PSC, Partido Socialista Catalán, franquicia del PSOE. Que tiene por socios en la Generalitat Catalana a ERC y a ICV-EUiA que votan a favor de la enmienda a la totalidad y retirada del proyecto de presupuestos.

La única razón para entender que el PSC no vote como el resto de los partidos catalanes es porque saben que en las elecciones generales el PSC-PSOE arrasa en Cataluña y no en las autonómicas porque la mayoría sigue sin creerse el estado de las autonomías y simplemente no votan en las elecciones al Parlament. Pero el PSC no se atreve a ir sólo en las generales, sin el paraguas del PSOE porque sabe también que no obtendría tan buenos resultados.

Es el juego perverso de las listas cerradas: si quieres votar socialista, esa es la única opción. Y por mucho que se les llene la boca a los candidatos del PSC decir que cuando convenga votarán en contra del PSOE en el Congreso, simplemente mienten descaradamente porque saben que en ningún caso lo harán. Pues estar en la política con mando, es un objetivo en sí mismo.

Así pues, con 8 votos de diferencia sobre un total de 350, se da curso al proyecto de presupuestos más malhadado de la historia de la democracia.

Corrupción y latrocinio
Veía días pasados por televisión, una tertulia con Alfonso Guerra y tres periodistas más un joven moderador ajeno a la vivencia de los hechos que allí se trataban: la llegada al gobierno del PSOE, con Felipe González a la cabeza, flanqueado muy de cerca por el propio Alfonso Guerra.

La seguridad con la que hablaba Guerra de aquel tiempo contrastaba tremendamente con la realidad de aquel 1982 en que aquellos “pringaos” ganaron las elecciones generales por la más amplia mayoría de la historia de la democracia desde 1977 hasta hoy, con 202 escaños.

El golpe de estado de Jaime Milans del Bosch y Alfonso Armada y las ráfagas de subfusil de Antonio Tejero en el Congreso resonaban aún en el tímpano de todos los españoles y los socialistas, los “rojos” de siempre, no las tenían todas consigo, por mucho que ahora Alfonso Guerra saque pechito.

El faldón de la pantalla de la tele se llenaba con esos msm que sufragan los programas, en el sentido de que aquellos sí eran políticos serios y no los de ahora que son unos corruptos. Desconocimiento y falta de perspectiva histórica preñaban esos sms.

En efecto, Alfonso Guerra que a la sazón decía tener un expediente de cada ciudadano, cayó porque su hermano Juan se hinchó de estafar esgrimiendo tráfico de influencias con el vicepresidente del gobierno, su propio hermano Alfonso.

Dos ministros del PSOE, José Barriobueno y José Luis Corcuera dieron con sus huesos en la cárcel por malversación de fondos reservados.

José María Sala Grisó, alto dirigente del PSOE en Cataluña, fue condenado a tres años de prisión, junto con otros dirigentes del mismo partido, por los delitos de falsedad ideológica en documento mercantil, fiscal, malversación de fondos públicos, apropiación indebida, falsedad en documento público, delito monetario, tráfico de influencias y asociación ilícita, por la creación de una trama de empresas, conocida como caso Filesa, Malesa y Time-Export, cuyo fin era la financiación ilegal del PSOE, para hacer frente a los gastos originados por las campañas electorales del año 1989.

El caso Gürtel a su lado es otro presunto latrocinio, pero una paparrucha comparado con Filesa.

¿Qué lleva a políticos y parapolíticos a cometer semejantes desmanes? Ni más ni menos que la prepotencia que confiere la permanencia continuada en el cargo y el temerario desprecio a la verdad, por el mismo motivo.

Cómo iban a corromperse Alfonso Guerra y los suyos, por mucho que Guerra dijera al ganar las elecciones “ahora nos toca a nosotros” y se entiende que a gobernar y a nada más, con lo prendida con alfileres que estaba la democracia en aquellos días y todos los militares investigando a aquellos rojos que habían formado gobierno.

Pero cuando se estabilizaron en el poder, casos como el del otro ministro Luis Roldán que también fue a la cárcel por ladrón luego de ser perseguido por medio mundo, son ya moneda corriente porque la política y su permanencia en cargos de gobernación es un fin en sí mismo, al margen de los administrados que lo que deben hacer, según parece, es pagar sus impuestos para que los parlamentos decidan cómo se retribuyen a sí mismos generosamente y a sus partidos, con total impunidad. Establecen por ley unos niveles salariales que ninguno de ellos percibiría por su trabajo en la vida civil.

Pero es precisamente ese afán de perpetuarse en el poder, como Hugo Chávez o el intento de Manuel Zelaya, lo que hace que el partido oponente, si llega al gobierno, destape las vergüenzas del otro para oprobio de todos.

Sin listas abiertas ni limitación de mandatos, la democracia española seguirá secuestrada por los partidos políticos.

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