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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group  

El primero, pero con mucho retraso

Ruth Marcus
Ruth Marcus
jueves, 15 de octubre de 2009, 06:39 h (CET)
WASHINGTON - Mi primera reacción a la noticia de que una mujer había ganado el Premio Nobel de Economía por primera vez fue muy simple: ¡Estupendo! Mi segunda reacción fue un poco más grosera: ¿Por qué tardó tanto tiempo en suceder? ¿Por qué no hemos superado estas "primeras veces" aún?

Tengo 50 años - vale, 51 - por lo que el curso de mi vida se remonta a la mayor transformación del papel de la mujer en la historia. Una barrera tras otra ha mordido el polvo, y gracias a Dios.

Esto puede sonar a sinsentido, pero este cambio es el motivo, además del diabólicamente atractivo Jon Hamm, de que me guste tanto "Mad Men". La serie de televisión se desarrolla en el preciso momento en que la construcción dominada por los varones está a punto de derrumbarse y las primeras grietas han hecho su aparición.

La temporada actual está ambientada en 1963, el año en que Betty Friedan publicó "La mística femenina". Los publicistas son felizmente ajenos al hecho de que la cómoda era en la que podían entrar a la oficina, entregar sus sombreros a la secretaria y pedirle un café, cariño, será pronto historia. Apenas pueden concebir que haya una redactora como la ficticia Peggy Olson, y ya no digamos una mujer ganadora del Nobel de economía como la real Elinor Ostrom.

Como suele suceder, en 1963 Ostrom estaba estudiando su doctorado en la UCLA y se enfrentaba a los mismos desafíos y desprecios sufridos por Peggy. Ostrom, riendo con el desconcierto de la recién distinguida con el Nobel, decía a un periodista: "Habiendo vivido de primera mano una era en la que pensaba graduarme y fui desalentada porque nunca sería capaz de hacer nada aparte de dar clase en un centro municipal, la vida ha cambiado".

Desde luego, para todas nosotras -- no de forma perfecta, no de forma fácil, pero notablemente. Mientras crecí formando parte de una generación detrás de Ostrom, nadie sugirió nunca que ningún camino me estuviera vetado. En cambio contemplé y me beneficié de la procesión de "primeras". La primera promoción de mujeres licenciadas por la Universidad a la que yo llegué justo dos años después en 1975. La primera mujer en ocupar la plaza Rhodes Scholars fue elegida al año siguiente. La primera mujer - yo no – en ser elegida editora jefe del periódico del campus.

Tras licenciarme, solicité -- y no logré -- una plaza de asistente con un columnista famoso. Nunca se me ocurrió que mi rechazo se debiera a algo diferente a mis méritos. (Tal vez fuera así; cuando me preguntó lo que me gustaría hacer en el periodismo, sugerí descaradamente que su puesto me parecía bastante bueno.) Fue sólo más tarde que una mujer que había trabajado en el mismo periódico me informó de que, exceptuando el periodo de llamada a filas en la Guerra de Vietnam, nunca había elegido a una asistente femenina.

Las cosas salieron bien, y en el improbable caso de que alguien me dé la oportunidad de contratar a un asistente, estaría perfectamente dispuesta a considerar varones.

Pero me parece más bien aburrido, 30 años después de todo eso, que todavía estamos celebrando "primeras veces".

No porque no crea que cada barrera rota es importante. Lo creo. No porque crea que el sexismo se ha evaporado por arte de magia. No lo creo. El sexismo de corte "Mad Men" se ha visto reemplazado por una forma más sutil y diplomática del mismo. Hay también muchas ocasiones en las que miro el panel de una conferencia y cuento en silencio las pocas caras femeninas.

Más bien es que pensé que a estas alturas habríamos pasado página de una vez. En palabras de mi inteligente amiga Ann, "La razón de que ‘las primeras’ sigan siendo importantes es que sigue habiendo enormes vestigios de pensamiento ‘costilla de Adán’ - el modelo es el masculino, y todo tiene que interpretarse como adaptación a ello o escisión de ello."

Ostrom, representa un rechazo encantador al modelo. Su distinción y su cargo académico se refieren al terreno de las ciencias políticas, no de la economía, lo que tiene desconcertados a ciertos economistas dados a exagerar. Existe un desagradable diálogo en un blog estudiantil acerca de que ella ganó solamente porque es ya sabes qué.

Y ella no parece creerlo. "Perdone que se lo diga, pero mucha gente la mira y piensa ‘oye, parece una ancianita,’” dijo un reportero local a Ostrom durante su conferencia de prensa en la Universidad de Indiana.

"De hecho parezco una abuela", respondió ella. Además, como es el caso, parece una Premio Nobel.

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