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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Evolucionismo y creacionismo: Dos fes

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 23 de septiembre de 2009, 06:09 h (CET)
Con la celebración de los 200 años del nacimiento de Charles Robert Darwin la Ciencia está de fiesta porque con los estudios celebrados por el padre del evolucionismo cree que ha descifrado el origen del universo y del hombre. Evolucionismo y creacionismo son dos filosofías irreconciliables. Para muestra un botón: Tres profesores de la Universidad de Lleida: Joan Fibla, Enric Herrero y Delfí Sanuy, en su escrito ‘Nada en biología tiene sentido si no es bajo la luz de la evolución’, afirman: “El creacionismo es una falsa teoría científica que propone la ‘mano’ divina como motor del proceso de la creación de la vida, de la diversidad de especies y la creación del hombre”.

Catherine Vincent, en su escrito: ‘El creacionismo extiende su influencia en Europa” (Le Monde,17-11-2008), deja entrever que la incompatibilidad entre ambas fes más que una lucha entre dos ideologías es una cuestión política, al decir: “Esta influencia creciente de las ideas creacionistas no sería tan grave si no tuviese repercusiones políticas, hace notar Olivier Boisseau. Pero desde que se hace aceptar de una manera con pretensiones científicas la existencia de uno que ha concebido el origen del mundo, resulta fácil tomar posiciones legislativas muy conservadoras, y de hacer admitir que algunos comportamientos, homosexualidad, contracepción y aborto, como desviados”.

Etienne Klein, físico y filósofo de la ciencia, director del Laboratorio de Investigación de las Ciencias de la Materia del Comisionado de la Energía Atómica, participa en el debate al decir: “La Ciencia, para construirse necesita de un punto de partida explícito, constituido de principios, leyes, objetos. El origen absoluto no forma parte del punto de salida ya que corresponde a la aparición de alguna cosa en ausencia de cualquier otra. ¿Cómo puede la Ciencia acogerse a esta singularidad? Nadie sabe esto porque la cuestión del origen del universo es una cuestión imposible. Incluso si futuras teorías físicas se presentan un día dándole respuesta, ¿nos preguntaríamos en el acto, y después indefinidamente: ¿cuál es el origen de las leyes que contienen esta teorías? ¿Y el origen de estas leyes? Irónica con ella misma: la cuestión del principio es, pues, una pregunta sin fin. Entonces seamos modestos y admitamos que el origen del universo, si ha habido origen, se convierte en un misterio que ninguna forma de discurso no puede pretender coger”.

En Gran Bretaña, una encuesta realizada por la BBC en marzo de 2006, más de un 40% de los entrevistados desean que el creacionismo se enseñe en las escuelas en las clases de Ciencia. En el mismo año, en Alemania, la cadena Arte descubre que en dos escuelas se enseña creacionismo en el curso de biología. Euskadi, Polonia, Rusia, Suecia, un poco en otras partes, los ejemplos se multiplican. En este sentido Catherine Vincent dice. “ Hasta el punto que el consejo de Europa, en junio de 2007 hizo sonar la alarma en un informe sobre “los peligros del creacionismo en la educación”. Cuatro meses más tarde se adopta una resolución con la que la Institución invita a sus 47 miembros a “oponerse con fuerza a la enseñanza del creacionismo como disciplina científica”. Esto no me impide constatar que en diversos países de Europa, por parte de los estudiantes, una oposición cada vez más fuerte a la enseñanza de la evolución”.

Para los cristianos el creacionismo es un asunto de fe en Dios que debe marcar nuestro estilo de vida que debe diferenciarnos de los filósofos creacionistas. Este comportamiento distinto impulsará a algunos a preguntarnos por nuestra fe. Entonces, tal como dice el apóstol Pedro estaremos “siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que nos demande razón de las esperanza que hay en nosotros, teniendo buena conciencia, para en lo que murmuran de nosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian nuestra buena conducta en Cristo” (I Pedro,3:15,16).

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