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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Una deuda del 11 de septiembre que aún no está satisfecha

Marie Cocco
Marie Cocco
viernes, 11 de septiembre de 2009, 05:11 h (CET)
El primer "relevo" del que formó parte John Feal en el laberinto de edificios humeantes de la Zona Cero duró 43 horas. A lo largo de los días siguientes - hasta el 17 de septiembre de 2001 - el joven y atlético peón de la construcción natural de Long Island trabajó con ganas en medio de metal fundido y restos de cristales y hormigón de las torres que se vinieron abajo cuando los terroristas estrellaron dos aparatos comerciales contra el World Trade Center.

Capataz de un contratista de obras de demolición, el trabajo de Feal tocaría a su fin cuando una viga de acero de tres toneladas y media aterrizó sobre su pie, abriéndolo por la mitad. La lesión, que requirió 30 cirugías en cinco años, hizo de Feal uno de los miles de héroes del 11 de Septiembre que han sido tratados de una manera que no tiene nada de heroica. Vergonzosa es la palabra más apropiada.

Como miles más que se acercaron al Bajo Manhattan tras el ataque terrorista a colaborar, Feal no trabajaba para el consistorio de la ciudad ni como policía ni como bombero, y no disponía de la protección sanitaria, la pensión por discapacidad ni las redes de seguridad social que acompañan a esos puestos de trabajo. Como empleado de la construcción cuyo trabajo estaba subcontratado a tres empresas diferentes, su reclamación de la indemnización por accidente laboral fue bloqueada repetidamente. "Nadie quería reconocer que había salido herido durante su turno," dice.

Incapaz de trabajar, perdió su seguro médico, vendió sus vehículos y hasta su mobiliario para pagar sus facturas médicas. En dos ocasiones acudió a la justicia para salvar su casa del embargo hipotecario por impago; su calificación crediticia se desplomó. "La carga financiera que me fue impuesta era sobrecogedora," dice Feal. "He perdido casi todo".

Su solicitud de una pensión de la seguridad social por incapacidad fue por fin aprobada en el año 2004 y Feal empezó por fin a salir del hoyo. Inició una fundación destinada a ayudar a otros empleados de rescate y desescombro del 11 de Septiembre que están enfermos y ya no pueden trabajar pero que están atrapados en una maraña legal que con frecuencia les niega hasta las prestaciones de invalidez más básicas -- o que adelanta las pensiones a recibir tanto tiempo después de haber dejado de trabajar que se las lleva la crisis financiera.

El ataque del Bajo Manhattan que costó la vida a 2.751 personas, como el ataque simultáneo al Pentágono, fue un ataque a toda la nación. En aquel momento, una opinión pública sorprendida e impactada reconoció esto. Incluso hoy, Estados Unidos -- no la ciudad de Nueva York -- emprende dos guerras que comenzaron como consecuencia de los ataques terroristas.

Pero durante ocho años, a medida que decenas de miles han acudido a sus centros hospitalarios y clínicas con enfermedades relacionadas con su exposición a la tóxica mezcla de combustible de avión consumido, amianto y otros peligros medioambientales liberados al aire en el polvo que se acumuló sobre las casas, las tiendas y las oficinas del Bajo Manhattan, Nueva York ha tenido que hacer frente a la mayoría por su propia cuenta. La escasa financiación federal ha pagado los reconocimientos médicos, y más de 10.500 personas han recibido el tratamiento de problemas sanitarios financiado federalmente, según un informe sobre los problemas sanitarios vinculados al World Trade Center encargado por el alcalde Michael Bloomberg.

Pero eso es una pequeña parte de la historia. Hay 71.000 personas que se han presentado para ser examinadas. Después de revisar más de 100 estudios sobre problemas de salud desarrollados a consecuencia del ataque que han sido realizados, el panel Bloomberg concluyó que el desorden por estrés postraumático es "muy frecuente" entre los trabajadores de rescate y desescombro. También lo son el asma y otras formas graves de enfermedades respiratorias. Aquellos que no contaban con ningún tipo de protección -- residentes del vecindario; empleados de la construcción o de la telefonía y los demás que trabajaron en el lugar durante semanas; viajeros, voluntarios -- corren un riesgo mayor.

Luego está la incógnita: han empezado a diagnosticarse algunos tipos de cáncer, parte de ellos muy poco frecuentes. El panel sanitario advierte de que "los últimos efectos que esperamos no se manifestarán claramente por lo menos hasta una década después de la exposición a los materiales."

Durante años, los legisladores de Nueva York han intentado sacar adelante una legislación que obligue al gobierno federal a monitorizar y sufragar el tratamiento de aquellos que respondieron al desastre del World Trade Center, así como a los residentes que viven cerca del lugar. En su mayor parte, los legisladores de fuera de la región creen que esto no es problema suyo. Sin embargo, la Representante Carolyn Maloney, una de los auspiciadores de la medida legislativa, observa que por lo menos 100.000 personas acudieron a Nueva York desde todo el país para ayudar tras los ataques. "Son sus electores," afirmaba en una nota reciente.

Así que la cifra de muertos a consecuencia del 11 de Septiembre sigue subiendo. Sus víctimas sufren enfermedades debilitantes, luchan contra la ruina financiera y se enfrentan a una muerte anticipada. La forma más significativa -- e imperativa -- de conmemorar este aniversario es que el Congreso apruebe de una vez la Ley de Compensación y Salud del 11 de Septiembre.

Cualquier cosa diferente serán dibujos animados políticos, y de eso ya estamos servidos.

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