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Festival del vino 2016 - D. O. Somontano
Marie Cocco
The Washington Post Writers Group
Marie Coccoes una distinguida reportera del Washington Post Writers Group con afición por las noticias de rabiosa actualidad. Escribe dos veces a la semana para SIGLO XXI, en exclusiva para los medios digitales españoles.

A través de su diligente información, su robusta redacción y su sencillo sentido común, las columnas de Cocco traducen los complicados argumentos de la política de forma que los lectores puedan escuchar claramente su impacto en su vida cotidiana.

Cocco estuvo entre los primeros periodistas en informar del ascenso de un movimiento respaldado por el sector privado encaminado a privatizar la seguridad social, y fue de las primeras en demostrar cómo años de descuido y cambios políticos estaban erosionando el sistema de pensiones. Sus columnas sobre seguridad social, impuestos, presupuestos, trabajo y otros asuntos nacionales están escritas de forma que la gente pueda hablar de los temas en un entorno familiar, no en un salón político.

Utilizan sus puntos fuertes y experiencias como reportera para descubrir noticias ocultas que iluminan el presente. Las noticias de las que Cocco fue la primera en informar incluyen la detención y reubicación secretas de italoamericanos durante la Segunda Guerra Mundial y el historial del gobierno federal como el contaminante más prolífico de la nación. Su serie de los años 90 acerca del historial contaminante del gobierno, escrita junto al reportero de Newsday Earl Lane, obtuvo el premio del Club Nacional de Prensa, el premio de la Asociación de Corresponsales Destacados en la Casa Blanca y de Sigma Delta Chi, la Asociación Nacional de Periodistas Profesionales.

Se licenció summa cum laude por la Tufts University, donde obtuvo el premio Peter S. Belfer en ciencias políticas. Obtuvo un máster en periodismo por la Universidad de Columbia, donde ganó el premio Robert E. Sherwood por estudiar el informar sobre asuntos americanos.

Cocco empezó a trabajar como reportera del Daily Register of Monmouth County, New Jersey. Empezó en 1980 como periodista local, y pronto pasó a la oficina estatal en Albany. Desde que ingresara en la oficina de Washington del periódico como reportera en 1986, ha cubierto asuntos de economía, impuestos, Washington y la Casa Blanca. Ha cubierto las cuatro últimas campañas presidenciales, el proceso de degradación del Presidente Bill Clinton, el pleito electoral de 2000 y la transición de Hillary Rodham Clinton de primera dama a Senadora. En 2002, su columna bisemanal era sindicada por el Washington Post Writers Group. En 2005 abandonaba Newsday para dedicarse por completo a la columna.

Su información y crónica sobre temas culturales y políticos han ganado los premios de Associated Press, el Newswomen’s Club of New York, el Sindicato de Periódicos de Nueva York, la Asociación de Editores del Estado de Nueva York y el Club de Prensa de Nueva York. Ha sido invitada a CNN, Fox Network, MSNBC, CNBC y C-SPAN así como en programas de radio de ámbito nacional.
Marie Cocco
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Nostalgia de una clase media
Marie Cocco
WASHINGTON - El desafío de nuestro tiempo reside en refundar América como nación de clase media.

La idea no encuentra resonancia en la cacofonía de información incesante. No tiene cabida en la crónica diaria de cotilleos, falsas polémicas o giros ideológicos. Apenas se menciona en los pasillos del poder, donde los mismos funcionarios que sacan provecho de la angustia de los obreros para ganar las elecciones olvidan que esta angustia, y no los sofisticados argumentos de los grupos de presión y los donantes de sus campañas -- tendría que motivarles todos los días.

Es fácil culpar a la crisis financiera, las sobrecogedoras primas de Wall Street o la cultura del exceso que imperó hasta que nos encontramos al borde de una segunda Gran Depresión. En realidad, venimos desmantelando los cimientos de la economía de la clase media desde hace más de tres décadas.

¿Cuántos, tras haber tenido un trabajo presuntamente seguro con una empresa sólida, ahora están trabajando como "contratistas" o "asesores"? La tendencia hacia el alejamiento de la plantilla con respecto a las nóminas solo para volverla a contratar en calidad de contratista - sin seguridad social, sin pensiones, sin bajas ni vacaciones - se inició en la década de los 70 con conserjes, trabajadores de la construcción y camioneros. Los empleados del sector tecnológico con elevada cualificación que ayudaron a transformar la economía mundial se encuentran hoy entre los deslocalizados del expediente de regulación.

Cuando IBM era un icono de la empresa estadounidense, yo no podía imaginarme que un día seguiría a los veteranos empleados de la IBM a través de los pasillos del Congreso mientras pescan legisladores. Habían sido despojados de sus pensiones prometidas y les dijeron que tenían que apañárselas con un plan "de efectivo" menos generoso que en la práctica reduce las prestaciones a los trabajadores con más experiencia y más fieles. Tampoco podía anticipar que, tras un fatal accidente de avión aprenderíamos - como aprendimos tras el accidente de un vuelo de Continental Connection cerca de Buffalo el pasado febrero - que los pilotos con exceso de trabajo en compañías regionales ganan 20.000 dólares al año o menos.

Nadie podría haber predicho que ocho años después del 11S, cientos de miles de trabajadores de rescate y residentes del Bajo Manhattan sufrirían enfermedades graves, crónicas – y a menudo mortales - fruto de su exposición a los riesgos de la Zona Cero. Muchos no pueden trabajar y han perdido su seguro de salud. Otros han luchado por la indemnización en un sistema que no ofrece nada a los contratistas independientes - o aquellos cuyo trabajo fue subcontratado a tantas empresas que ninguna es responsable. Algunos son ya pobres.

"Mientras Esperas la compensación y esperas la pensión por incapacidad, no tienes dinero", dice John Feal de Long Island, un peón de la construcción herido el 11S que inició una fundación para ayudar a otros. "Ni siquiera tienen para ir al médico."

Eran héroes, nos dijeron. Pero ahora son sólo engranajes de una nueva economía en que las empresas parecen haber cambiado las reglas del empleo de manera unilateral.

Ejemplo: Cientos de empresas dejaron de hacer aportaciones a los planes de jubilación de las plantillas a raíz de la crisis financiera. No hay ninguna manera de forzar la reanudación de la financiación cuando la economía se recupere.

El gobierno ha alentado todo esto con décadas de reglamentos neutrales. Ejemplo: A los niveles de plantilla y presupuestos actuales, la Administración de Salud y Seguridad en el Trabajo tardaría 133 años en inspeccionar cada lugar de trabajo bajo su jurisdicción una vez, según un reciente estudio del National Employment Law Project.

Pronto el debate político se desplazará de la necesidad de seguir apuntalando la economía a la necesidad de reducir el déficit y la deuda. Luego tenemos la certeza de saber que la Seguridad Social y otros "derechos" son el problema y deben ser restringidos. De hecho, la seguridad social tiene fondos suficientes para pagar las prestaciones hasta el año 2037 - un colchón del que no puede presumir ningún programa público. A Medicare, aunque con problemas financieros, le ha ido mejor conteniendo los costes por beneficiario que a las aseguradoras, según estudios del gobierno.

Los mitos que nos llevaron a esta situación no se materializaron por casualidad. Fueron conjurados por conservadores con intención de desmantelar la sociedad del New Deal que reinaba en la década de los 60 - una sociedad que dio lugar a la clase media más robusta del mundo. Son alimentados por legisladores de ambos partidos que dependen de las donaciones de intereses poderosos.

Luchar contra los mitos. Romper los corruptos sistemas de financiación de las campañas y presión política. Estas tareas políticas son difíciles. Pero seguir aguantando es aún más duro. Porque nadie sabe dónde está el nuevo fondo que tocar.

domingo, 18 de octubre de 2009.
 
La larga mano del dinero contante y sonante
Marie Cocco
WASHINGTON – Hoy no tengo un escándalo sexual para usted. Las debilidades de los políticos y los famosos interesan. Pero en última instancia, tienen poco que ver con el escándalo más longevo y corrosivo de nuestra vida pública. Se desarrolla a plena luz, día tras día.

Millones de dólares salen en tropel de los bolsillos de los poderosos intereses corporativos con destino a las cuentas bancarias de las campañas políticas de los legisladores que a continuación redactan las leyes que determinan las normas de cómo van a ganar dinero estas empresas - o de cómo van a ganar aún más dinero. A continuación entran más torrentes de dinero a través de la actividad directa de la presión política que garantiza que a los mismos legisladores les es recordado, una y otra vez, que los intereses que están financiando sus campañas tienen un favorcillo que pedirles.

El vínculo entre las donaciones de campaña, los grupos de presión política y los resultados que tanto contribuyen a ayudar a los poderosos y muy poco ayudan a los millones de estadounidenses contribuyentes de clase media es archiconocido. Solía considerarse una noticia digna de ser publicada sólo para señalar esto de vez en cuando. Ahora se necesita normalmente de un escándalo de los gordos -- es decir, un legislador o un lobista que transgrede hasta las generosas normas de financiación de campaña y el reglamento que regula la actividad de presión política – para recibir cobertura.

Gran parte del discreto trabajo que se está realizando hoy para documentar esta desgracia nacional es desempeñado por organizaciones sin ánimo de lucro que desde hace tiempo tratan de despertar a la opinión pública y los medios ante este injerto legal.

Últimamente, la Sunlight Foundation se asociaba con el Center for Responsive Politics para realizar un innovador estudio que saca a la luz un entramado de donaciones realizadas por lobistas externos (abogados, procuradores y otros que no trabajan directamente para una empresa o grupo comercial) que realizaban donaciones a los mismos legisladores con los que sus clientes tienen intereses en la reforma sanitaria. Las donaciones realizadas por los lobistas amplían el poder político de las entidades empresariales -- que ya están donando a través de los comités de acción política o de los ejecutivos que organizan los actos de financiación de las campañas.

El Senador de Montana Max Baucus, presidente Demócrata del Comité de Economía del Senado y autor del principal proyecto de ley de revisión de la sanidad que se está considerando en el Senado, es uno de sus principales beneficiarios. Entre enero de 2007 y junio de 2009, muestra el estudio, Baucus recibió donaciones de 37 grupos externos de presión política representantes de Pharmaceutical Research and Manufacturers of America o PhRMA, el principal grupo de presión de la industria farmacéutica, y 36 lobistas que incluyen a la farmacéutica Amgen en su cartera de clientes.

Como grupo, las farmacéuticas eran los principales jugadores del entramado de financiación de las campañas. En total, 61 miembros del Congreso - 39 senadores y 22 miembros de la Cámara - recibían dinero de alrededor de 10 o más lobistas cuyos clientes en la industria farmacéutica o aseguradora también donaban a sus campañas, según dice la Sunlight Foundation.

"Cuando un grupo de presión entra por la puerta, no estamos hablando de una donación de apenas 500 dólares," dice Larry Makinson, investigador permanente de la Sunlight Foundation y principal investigador del estudio. "Hablamos de todo el dineral que pueden meter sus clientes".

Los resultados preliminares son: La industria farmacéutica, en un acuerdo a puerta cerrada con la Casa Blanca Obama, sólo va a aportar 80.000 millones de ahorro en el contexto de la reforma sanitaria. Los cambios que los Demócratas del Congreso han buscado acometer desde hace tiempo - como permitir que el gobierno tenga competencias para negociar importantes descuentos en las recetas de las medicinas de Medicare, igual que hace con Medicaid y el sistema sanitario de los veteranos -- fueron abandonados hace tiempo.

La opinión pública parece haberse hecho la idea. Cada año de elecciones presidenciales, se presta mucha atención a las enormes sumas de dinero recaudado y gastado por los candidatos de los dos partidos. Se pone cierto énfasis en el bazar de intereses corporativos en que se han convertido las convenciones nacionales de los partidos, o los grupos "independientes" -- más o menos afiliados a un partido u otro – que se gastan sumas escandalosas supuestamente sin coordinarse con los candidatos.

Mucho se ha dicho de la supuesta dependencia del Barack Obama candidato de las pequeñas cantidades aportadas por donantes sin grandes recursos para alimentar su campaña. Sin embargo, Obama también recaudó enormes cantidades de dinero de grandes donantes igual que hizo George W. Bush en 2004, según Common Cause.

La lista que compone ese colectivo de supervisión de particulares vinculados a importantes compañías financieras que en el último año donaron dinero suficiente para ingresar en los comités de financiación del partido del candidato es una lista de nombres frecuentes en la crisis financiera: Importantes donaciones a los Demócratas salieron de Citigroup, Goldman Sachs, JPMorgan Chase & Co., Lehman Brothers. La lista Republicana incluye a JPMorgan Chase, Merrill Lynch, Morgan Stanley.

Lea esto, y échese a llorar. Entienda que a menos que el presente sistema de financiación de campaña y presión política sea destruido por completo -- nada de "reformado" tibiamente -- contadas serán las aspiraciones de la opinión pública que podrán sobrevivir a la asfixia del dinero contante y sonante.

miércoles, 14 de octubre de 2009.
 
Debacle tras la debacle
Marie Cocco
Sería bueno creer que la próxima vez las cosas serán diferentes.

"¿Qué sentido tiene rescatarlos si luego no hay empleos?'' pregunta uno de los organizadores de la protesta navideña en la República de las Ventanas y las Puertas, la compañía de Chicago cuyos trabajadores despedidos llevaron a cabo una sentada pacífica de seis días el diciembre pasado para recuperar aquello a lo que tenían derecho. Las escenas de la ocupación se presentan en la nueva película de Michael Moore, "Capitalismo: una historia de amor".

El expediente de regulación de empleo se abrió mucho antes de que el índice de paro alcanzara el máximo en 26 años del 9,8%, una cifra que oculta la profundidad de la crisis laboral porque no cuenta a aquellos que han dejado de buscar un puesto de trabajo o que trabajan a media jornada, o a aquellos que no son contabilizados en el recuento oficial a causa del anticuado sistema bajo el que contamos a los parados. La película de Moore se preparó para su distribución antes de que Goldman Sachs y las demás empresas de Wall Street que recibieron dinero del contribuyente anunciaran que ahora las cosas les van bien, gracias.

La protesta era el tipo de levantamiento que Moore ha defendido durante mucho tiempo. Fue un acto descarado de rebelión contra un sistema económico anquilosado que ha destruido gran parte de aquello en lo que Moore ha creído alguna vez, desde el empleo en una cadena de montaje de enchufes que tenía su padre a las ventajas de clase media de las escuelas católicas y las vacaciones familiares, pasando por la propia General Motors - el alma en tiempos de su ciudad natal de Flint, Michigan

Ahora hay empresas como Condo Vultures.

Moore recoge los esfuerzos de esta empresa de Florida mientras devora apartamentos cuyos inquilinos han sido desahuciados por una fracción del precio que pagaron sus propietarios. La diferencia entre los especuladores inmobiliarios y los buitres del mundo animal, dice uno de los primeros representantes de la empresa a Moore, es que los de Condo Vultures no vomitan sobre sí mismos.

Puede usted estar harto del estilo de Moore. Pero más inquietante es ver cómo el clamor del cambio se ha disipado desde el escándalo público de los rescates al sector de las finanzas el año pasado.

La inyección de 700.000 millones de dólares de dinero del contribuyente en instituciones financieras probablemente evitó un colapso bancario global. Pero no ha servido para impedir que millones de estadounidenses pierdan sus puestos de trabajo, sus casas, su escasa fe en que el trabajo duro y el compromiso de alguna manera puedan aislarles de enfrentarse a lo peor.

Entonces, ¿de qué sirvió rescatar a los bancos si no hay ningún puesto de trabajo?

Se suponía que ese era el objetivo, poner en marcha el crédito para que las empresas pudieran seguir operando. Sin embargo, los mercados de crédito siguen siendo rígidos y los trabajadores están paralizados por la pérdida de empleo, los recortes de las nóminas y las congelaciones salariales.

La urgencia febril con la que el rescate fue impuesto por la administración Bush e implantado el año pasado por el Congreso Democrático se ha acompañado de vacilación en mitad de la crisis del empleo. La Cámara ha aprobado una ampliación de las prestaciones por desempleo destinada a los parados de larga duración; el Senado no ha hecho nada. La Casa Blanca Obama lentamente reflexiona sobre sus opciones y nadie - ¡claro que no! -- está dispuesto a decir que debería de haber otro gran paquete de estímulo.

Mientras tanto, el mercado laboral se ha estancado en lo que se suponía iba a ser el verdadero proyecto de empleo público: La re-regulación de una industria que operaba con total libertad.

La legislación de reforma del mercado de tarjetas de crédito fue aprobada, pero los bancos cargaron comisiones desproporcionadas a los titulares de las tarjetas de débito en números rojos. La Cámara tomó medidas contra los préstamos hipotecarios abusivos en mayo; el Senado aún no ha hecho nada. El intercambio de deuda titular izada sigue sin estar regulado. También lo están los fondos de cobertura. La legislación que promulga un mayor crédito al consumo está paralizada. Una legislación que habría permitido a los tribunales de cuentas alterar el importe de las letras de las hipotecas -- igual que hacen con los préstamos a empresas -- fue tumbada.

Las industrias financiera, inmobiliaria y aseguradora -- la troika en el corazón de la crisis -- dedicó más de 459 millones de dólares el año pasado a presionar al Congreso, según el Center for Responsive Politics. Eso es más que ningún otro sector aparte del esperado campeón de la presión política del año 2008, la industria médica. La cifra para 2009 no ha sido calculada.

Si yo me gastara casi 500.000 millones de dólares para que usted me preste atención, ¿me escucharía? Esta es la apuesta que hace la industria financiera. Sigue dando excelentes resultados.

Y este es el escándalo del gran rescate a los bancos. El rescate fue necesario para evitar el pánico generalizado a la depresión mundial. Pero después se suponía que debía responder a la justificada indignación de la ciudadanía con un régimen de reglamentación duro. El mal funcionamiento político que obstaculiza esta parte del acuerdo es el verdadero fallo del sistema.

jueves, 8 de octubre de 2009.
 
 
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