Marie Coccoes una distinguida reportera del Washington Post Writers Group con afición por las noticias de rabiosa actualidad. Escribe dos veces a la semana para SIGLO XXI, en exclusiva para los medios digitales españoles.
A través de su diligente información, su robusta redacción y su sencillo sentido común, las columnas de Cocco traducen los complicados argumentos de la política de forma que los lectores puedan escuchar claramente su impacto en su vida cotidiana.
Cocco estuvo entre los primeros periodistas en informar del ascenso de un movimiento respaldado por el sector privado encaminado a privatizar la seguridad social, y fue de las primeras en demostrar cómo años de descuido y cambios políticos estaban erosionando el sistema de pensiones. Sus columnas sobre seguridad social, impuestos, presupuestos, trabajo y otros asuntos nacionales están escritas de forma que la gente pueda hablar de los temas en un entorno familiar, no en un salón político.
Utilizan sus puntos fuertes y experiencias como reportera para descubrir noticias ocultas que iluminan el presente. Las noticias de las que Cocco fue la primera en informar incluyen la detención y reubicación secretas de italoamericanos durante la Segunda Guerra Mundial y el historial del gobierno federal como el contaminante más prolífico de la nación. Su serie de los años 90 acerca del historial contaminante del gobierno, escrita junto al reportero de Newsday Earl Lane, obtuvo el premio del Club Nacional de Prensa, el premio de la Asociación de Corresponsales Destacados en la Casa Blanca y de Sigma Delta Chi, la Asociación Nacional de Periodistas Profesionales.
Se licenció summa cum laude por la Tufts University, donde obtuvo el premio Peter S. Belfer en ciencias políticas. Obtuvo un máster en periodismo por la Universidad de Columbia, donde ganó el premio Robert E. Sherwood por estudiar el informar sobre asuntos americanos.
Cocco empezó a trabajar como reportera del Daily Register of Monmouth County, New Jersey. Empezó en 1980 como periodista local, y pronto pasó a la oficina estatal en Albany. Desde que ingresara en la oficina de Washington del periódico como reportera en 1986, ha cubierto asuntos de economía, impuestos, Washington y la Casa Blanca. Ha cubierto las cuatro últimas campañas presidenciales, el proceso de degradación del Presidente Bill Clinton, el pleito electoral de 2000 y la transición de Hillary Rodham Clinton de primera dama a Senadora. En 2002, su columna bisemanal era sindicada por el Washington Post Writers Group. En 2005 abandonaba Newsday para dedicarse por completo a la columna.
Su información y crónica sobre temas culturales y políticos han ganado los premios de Associated Press, el Newswomen’s Club of New York, el Sindicato de Periódicos de Nueva York, la Asociación de Editores del Estado de Nueva York y el Club de Prensa de Nueva York. Ha sido invitada a CNN, Fox Network, MSNBC, CNBC y C-SPAN así como en programas de radio de ámbito nacional.
WASHINGTON - El desafío de nuestro tiempo reside en refundar América como nación de clase media.
La idea no encuentra resonancia en la cacofonía de información incesante. No tiene cabida en la crónica diaria de cotilleos, falsas polémicas o giros ideológicos. Apenas se menciona en los pasillos del poder, donde los mismos funcionarios que sacan provecho de la angustia de los obreros para ganar las elecciones olvidan que esta angustia, y no los sofisticados argumentos de los grupos de presión y los donantes de sus campañas -- tendría que motivarles todos los días.
Es fácil culpar a la crisis financiera, las sobrecogedoras primas de Wall Street o la cultura del exceso que imperó hasta que nos encontramos al borde de una segunda Gran Depresión. En realidad, venimos desmantelando los cimientos de la economía de la clase media desde hace más de tres décadas.
¿Cuántos, tras haber tenido un trabajo presuntamente seguro con una empresa sólida, ahora están trabajando como "contratistas" o "asesores"? La tendencia hacia el alejamiento de la plantilla con respecto a las nóminas solo para volverla a contratar en calidad de contratista - sin seguridad social, sin pensiones, sin bajas ni vacaciones - se inició en la década de los 70 con conserjes, trabajadores de la construcción y camioneros. Los empleados del sector tecnológico con elevada cualificación que ayudaron a transformar la economía mundial se encuentran hoy entre los deslocalizados del expediente de regulación.
Cuando IBM era un icono de la empresa estadounidense, yo no podía imaginarme que un día seguiría a los veteranos empleados de la IBM a través de los pasillos del Congreso mientras pescan legisladores. Habían sido despojados de sus pensiones prometidas y les dijeron que tenían que apañárselas con un plan "de efectivo" menos generoso que en la práctica reduce las prestaciones a los trabajadores con más experiencia y más fieles. Tampoco podía anticipar que, tras un fatal accidente de avión aprenderíamos - como aprendimos tras el accidente de un vuelo de Continental Connection cerca de Buffalo el pasado febrero - que los pilotos con exceso de trabajo en compañías regionales ganan 20.000 dólares al año o menos.
Nadie podría haber predicho que ocho años después del 11S, cientos de miles de trabajadores de rescate y residentes del Bajo Manhattan sufrirían enfermedades graves, crónicas – y a menudo mortales - fruto de su exposición a los riesgos de la Zona Cero. Muchos no pueden trabajar y han perdido su seguro de salud. Otros han luchado por la indemnización en un sistema que no ofrece nada a los contratistas independientes - o aquellos cuyo trabajo fue subcontratado a tantas empresas que ninguna es responsable. Algunos son ya pobres.
"Mientras Esperas la compensación y esperas la pensión por incapacidad, no tienes dinero", dice John Feal de Long Island, un peón de la construcción herido el 11S que inició una fundación para ayudar a otros. "Ni siquiera tienen para ir al médico."
Eran héroes, nos dijeron. Pero ahora son sólo engranajes de una nueva economía en que las empresas parecen haber cambiado las reglas del empleo de manera unilateral.
Ejemplo: Cientos de empresas dejaron de hacer aportaciones a los planes de jubilación de las plantillas a raíz de la crisis financiera. No hay ninguna manera de forzar la reanudación de la financiación cuando la economía se recupere.
El gobierno ha alentado todo esto con décadas de reglamentos neutrales. Ejemplo: A los niveles de plantilla y presupuestos actuales, la Administración de Salud y Seguridad en el Trabajo tardaría 133 años en inspeccionar cada lugar de trabajo bajo su jurisdicción una vez, según un reciente estudio del National Employment Law Project.
Pronto el debate político se desplazará de la necesidad de seguir apuntalando la economía a la necesidad de reducir el déficit y la deuda. Luego tenemos la certeza de saber que la Seguridad Social y otros "derechos" son el problema y deben ser restringidos. De hecho, la seguridad social tiene fondos suficientes para pagar las prestaciones hasta el año 2037 - un colchón del que no puede presumir ningún programa público. A Medicare, aunque con problemas financieros, le ha ido mejor conteniendo los costes por beneficiario que a las aseguradoras, según estudios del gobierno.
Los mitos que nos llevaron a esta situación no se materializaron por casualidad. Fueron conjurados por conservadores con intención de desmantelar la sociedad del New Deal que reinaba en la década de los 60 - una sociedad que dio lugar a la clase media más robusta del mundo. Son alimentados por legisladores de ambos partidos que dependen de las donaciones de intereses poderosos.
Luchar contra los mitos. Romper los corruptos sistemas de financiación de las campañas y presión política. Estas tareas políticas son difíciles. Pero seguir aguantando es aún más duro. Porque nadie sabe dónde está el nuevo fondo que tocar.