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Etiquetas:   Algo m√°s que palabras   -   Secci√≥n:   Opini√≥n

Sentimientos en el planeta

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
lunes, 24 de agosto de 2009, 06:02 h (CET)
El planeta es un jard√≠n cuajado de sentimientos. Los hay buenos y los hay malos. En cualquier caso, todos necesitamos sentir o sentirnos vivos. En agosto de 1989, hace ahora justo veinte a√Īos, millones de personas unieron sus sentimientos hasta dar vida a una kilom√©trica cadena humana que atravesaba Estonia, Letonia y Lituania, para llamar la atenci√≥n sobre la situaci√≥n de los pa√≠ses b√°lticos y encomendar a la memoria el 50 aniversario del pacto Molotov-Ribbentrop entre la Alemania de Hitler y la Uni√≥n Sovi√©tica de Stalin, que condujo a la ocupaci√≥n de los tres Estados.

Aquella serie de pasiones, s√≠mbolo de la solidaridad entre los pueblos b√°lticos en su lucha por la independencia, puso en pie el sentimiento dem√≥crata, la sana costumbre de someterse a las opiniones de todos y de dar rienda suelta a las energ√≠as de toda persona. M√°s all√° del sentimiento patri√≥tico germin√≥ el sentimiento humanitario de la libertad. Se dej√≥ atr√°s el orgullo que cierra fronteras y abre frentes, que deval√ļa a los dem√°s por el hecho de pensar diferente. Ha sido, desde luego, una gran lecci√≥n para el mundo. Deber√≠amos tomar cuenta de esta haza√Īa pacifica y pacificadora. Por desgracia, en nuestra cultura a veces se acrecientan unos sentimientos nacionales (o nacionalistas) que lo √ļnico que fomentan es la crispaci√≥n, la falta de generosidad y la exclusi√≥n. Testimonios como el de esta cadena humana nos instan a pensar que debemos reeducar los sentimientos y estar atentos, m√°s que por las palabras que se digan, a juzgar los sentimientos por los actos que generan.

Dec√≠a Federico Garc√≠a Lorca que ‚Äúel m√°s terrible de los sentimientos era el sentimiento de tener la esperanza perdida‚ÄĚ. Y es cierto, la ilusi√≥n nos invita a despertar pasiones, siempre necesarias para salir de los d√©ficits de humanidad, tan propicios a gestarnos un coraz√≥n de l√°pida. Por cierto, el t√©rmino ‚Äúpasiones‚ÄĚ pertenece al patrimonio del pensamiento cristiano. Los sentimientos o pasiones son una creaci√≥n cultural, o una recreaci√≥n m√≠stica, que designan las emociones o impulsos de la sensibilidad que inclinan a obrar, o a no obrar, en raz√≥n de lo que es sentido o imaginado como bueno o como malo. No es suficiente para acallar los √°nimos anclados en los sentimientos, templar las guerras (fr√≠as o calientes), atenazar las luchas, imponer treguas a cualquier precio o amedrantar relaciones; no basta una paz impuesta, ni una paz recetada por ordeno y mando; hay que tender a una paz deseada, conseguida libremente, fraternizada por el sentimiento pacificador, es decir, avivada en la reconciliaci√≥n de los esfuerzos y valores.

Las multitudinarias im√°genes servidas a los cuatro vientos, escalando y desgarrando el muro de Berl√≠n en noviembre de 1989, se han convertido en un icono pacifista. Sin embargo, a menudo se olvida que el primer sitio en el que cay√≥ el Tel√≥n de Acero fue en las afueras de Sopron (Hungr√≠a), en la frontera con Austria, en el verano de 1989. El Tel√≥n de Acero simbolizaba la divisi√≥n ideol√≥gica y f√≠sica entre la Europa oriental y occidental desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el final de la Guerra Fr√≠a. Tan solo hace dos d√©cadas los europeos no pod√≠an viajar, hablar o incluso reunirse libremente, y cientos de personas perdieron la vida intentando escapar a los territorios occidentales. En ese mundo nuevo que todos deseamos, m√°s que asociar Estados hay que asociar sentimientos e interiorizarlos como m√≠stica com√ļn; de lo contrario, el ser humano seguir√° prefiriendo hallarse con su propio perro antes que con una persona extra√Īa. Esta interiorizaci√≥n de la armon√≠a como pasi√≥n es lo que hace madurar el aut√©ntico progreso de la especia humana y del mundo.

No hay verdadero avance mientras los sentimientos de estima por el ser humano permanezcan devaluados. A diario miles de personas se sienten obligadas a abandonar sus hogares por contiendas. Otros padecen hambre de todo: de justicia, de libertad, de alimentos. Esta es la realidad, fruto de una nefasta interpretaci√≥n de los sentimientos humanos. Pienso que es urgente contraponer a la escasez de principios humanizadores, a mi juicio inhumanidad activada porque s√≥lo se mide a las personas por el criterio del √©xito, una educaci√≥n sensible a la persona, con capacidad de discernimiento entre la verdad y el error, el bien y el mal. Cuando se pierde el sentimiento m√°s puro, el del amor incondicional y desinteresado, el inter√©s por los objetos que nos rodean, se hunde hasta el sentido com√ļn, nada se siente. Por ello, estimo tan urgente como necesario, analizar los sentimientos para reanalizar el mundo, lo que conlleva reiniciar un nuevo modo de vivir, a sabiendas que nuestro conocimiento tiene su origen en las conmociones vividas y en las emociones sentidas.

Si el planeta, pues, est√° desbordante de sentimientos, tendremos que buscar los puntos coincidentes para conducirnos por la vida. S√≥lo los n√≠veos sentimientos pueden encadenarnos a buscar soluciones apaciguadoras. Apostemos, en consecuencia, por cadenas humanas que pongan tranquilidad en un mundo convulso. El mundo no arranca hacia la paz por m√°s que hablemos de paz. Claro, √ļnicamente de boquilla. Hasta hemos perdido el sentimiento del poeta que llevamos dentro. Con estas mimbres, m√°s pasivas que una piedra, el cuento del desarme no pasa de ser literatura. A los hechos me remito. Prosigue en el tiempo la falta de consenso entre pa√≠ses y resulta, casi un imposible, seguir avanzando hacia un mundo libre de armas nucleares, cuando ni queremos o√≠r los nobles sentimientos del alma. Al final uno acaba pensando, que el sentimiento del ojo por ojo y diente por diente, contin√ļa en pie de guerra. ¬°Cu√°ntas proclamas necias envuelven a√ļn los sentimientos!

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