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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Ahorros   -   Sección:   Opinión

El Infierno de los ahorradores ¡llegan los vándalos a desplumarlos!

Hay que recoger, aprender a ahorrar, no dilapidar y reservar algo de lo que uno gana para el futuro
Miguel Massanet
sábado, 14 de mayo de 2016, 11:52 h (CET)
Usted dedicó parte de su juventud al estudio, obtuvo un trabajo y procuró medrar en él con la intención de formar una familia y gozar de una situación estable, posiblemente se casó y tuvo hijos, uno dos o tres porque la paternidad, como dice el Papa Francisco, “debe ser responsable” y no somos conejos; tuvo que pagar sus estudios, alimentarlos, cuidarlos, vestirlos y cuando fueron creciendo pagar la universidad para que, a su vez, estuvieran preparados para afrontar, bien preparados, esta vida complicada en la que nos vemos comprometidos a subsistir. Todo ello supone dinero, mucho dinero, y el Estado es un gran y voraz depredador que, en cuanto huele que algún ciudadano posee este goloso cebo pecuniario se las ingenia, con gran diligencia y efectividad, para encontrar el modo de aliviarle a usted la faltriquera por medio de este procedimiento que nunca falla de poner impuestos, renovarlos, multiplicarlos y convertirlos, Dios sabe por qué extraños sortilegios, en el vacía bolsillos más eficaz de todos los conocidos.

Pero usted es una persona sensata, sabe que, como hacen las hormigas, hay que recoger, aprender a ahorrar, no dilapidar y reservar algo de lo que uno gana para el futuro, este misterioso, impredecible, inquietante e ignoto misterio que nos aguarda para cuando ya no seamos capaces de ganarnos la vida, enfermemos, perdamos nuestras capacidades o, simplemente, lleguemos a esta edad en la que o te retiras o te retiran. Seguramente habrá contratado un seguro de vida, habrá hecho algunos ahorrillos y acaso, con un poco de suerte, tenga su propia casa en una comunidad de vecinos. Todo muy normal, muy previsible y, hay que reconocerlo, lo que se espera que haga todo “buen padre de familia”, como nos enseñaba el Derecho Romano cuando pedía a los contratantes que, cada uno de ellos, cumpliera su parte del acuerdo con la diligencia de “un buen padre de familia”. En lo lejanos tiempos de mi juventud, todo pretendiente a los favores de una muchacha, antes de dar un paso más en sus legítimas aspiraciones, tenía que pasar por el trago de dar explicaciones a los padres de la joven de que sus “intenciones eran honestas y serias” y, acto seguido, justificar que tenía a su disposición el dinero preciso para poder atender los gastos de la boda y un empleo seguro que le proporcionaría lo preciso para sostener la familia, con la garantía de que llegarían a final de mes sin apuros.

Sin embargo, hemos llegado a un punto en el que ya nadie respeta lo que ha sido el fruto de los años de trabajo; nadie se preocupa del esfuerzo, de los sacrificios, de las privaciones, de los ocios perdidos y de las noches en vela que aquellos ahorros han representado en la vida de quien consiguió reunirlos. Hubo otros que prefirieron gastarse el dinero, viajar, comprarse regalos caros, jugárselo o dilapidarlo en tabernas o con mujeres. No obstante, a la vista de lo que nos anuncian estos señores de Podemos e IU, unos comunistas bolivarianos ( por cierto: parece ser que lo de los siete millones de euros que recibieron de Venezuela el señor Iglesias y sus compañeros de fatigas, para que formaran un partido comunista en España, parece confirmarse a pesar de sus repetidas negativas) y los otros leninistas; parece que la reciente unión que han acordado para presentarse juntos a las elecciones del 26 de Junio, les ha infundido el ánimo preciso para despojarse de la careta de social demócratas para ponerse la que les corresponde en propiedad: la de bolcheviques bolivarianos leninistas.

Lo cierto es que, cuando uno conoce cuales son los propósitos de estos nuevos frente populistas, toma nota de las medidas que tienen previstas y de lo que nos espera a los españoles si, semejantes sujetos, llegan a poder gobernar España; deberemos pensar que hemos sido unos majaderos en sacrificarnos, intentar alcanzar una situación económica que nos haya permitido ahorrar para que, al llegar a la vejez, poder completar nuestras pensiones ( que tampoco, a la vista de lo que se nos dice desde las instancias económicas, parecen estar aseguradas) y disponer de una ayuda más que, a medida que pasa el tiempo, cada vez se hace más necesaria a la vista de que, el coste de vida y el aumento de los precios de los artículos necesarios, aumentan en una proporción superior a la de las pensiones públicas; que permanecen, desde hace años, estancadas, puesto que, aumentar un 0’25% al año es algo así como una broma de mal gusto. Nos equivocamos, porque estos ahorros los quieren estos apandadores universitarios para llevárselos a sus bolsillos, dejándonos con cara de tontos y en ropa interior.

Para Podemos e IU “cambiar España” consiste en aumentar el gasto público en 96.000 millones de euros extra durante la legislatura. ¡Claro que, según el quimérico programa electoral de estos bolcheviques, nuestro país crecerá a un ritmo del 6% nominal hasta el 2019! ¡El papel todo lo aguanta! Para aumentar el gasto en 96.000 millones de euros es preciso recaudar otros tantos millones porque nadie gasta sin pagar y, suponiendo que Europa se prestara a tratar con semejante gobierno, lo que es cierto es que no les fiaría ni un euro. Todo ello supondría un aumento desmesurado de los impuestos, entre ellos el IRPF; lo que representaría que, obtener unos ingresos adicionales de 28.000 millones de euros, supondría una repercusión sobre cada familia española de 4.000 euros (la historia de que van a gravar a los muy ricos para que los pobres paguen menos es otra de las pamemas que utilizan para engañar al pueblo, porque lo que va a suceder, en el caso de que estos sujetos entraran en el gobierno, es que, tanto las multinacionales extranjeras afincadas en España como todos aquellos personajes cuyas riquezas les permitieran hacerlo, se marcharían de nuestra nación llevándose consigo sus negocios y sus fortunas).

Otra de las gracias que tienen preparadas es eliminar todas las deducciones que actualmente existentes, incluidos los planes de pensiones privadas (algo que afectaría a unos 8 millones de contribuyentes). No contentos han decidido asimilar las rentas del ahorro a las del trabajo (primero pagas IRPF por el salario devengado y, una vez cobrado, si lo inviertes y sacas algún beneficio, pues será lo mismo que si fueran rentas del trabajo y se les aplicarán los mismos tipos) una medida que afectaría a millones de contribuyentes. Como quieren subir la tributación sobre la riqueza, las sucesiones, las donaciones y reducir el mínimo exento del Impuesto sobre el Patrimonio, todo ello afecta de modo directo a las viviendas, uno de los objetivos sobre los que quieren actuar con más ferocidad estos vampiros del dinero de los contribuyentes. En España, un 80% de las familias son propietarios, en consecuencia cualquier recargo, aumento, reducción de desgravación, impuesto o tasa añadida sobre la vivienda va a repercutir sobre una gran cantidad de españoles cuya riqueza, si es que se lo puede llamara así, se reduce a su propia vivienda.

El peligro de que estos comunistas bolivarianos está en que, las personas que normalmente los votan, al menos una parte importante de ellas, desconocen el programa, y se guían exclusivamente por los discursos del señor Pablo Iglesias y de sus compañeros bolivarianos, en los que, evidentemente, se guardan mucho de dar explicaciones detalladas respecto a sus propósitos y se escudan en el consabido latiguillo de que van a cargar los impuestos en los ricos “para que los más pobres no tengan que pagar”. Al final, lo que sucede siempre es que, la clase media y la obrera, ésta en menor cuantía, son las que acaban pagando todos estos experimentos, siendo los que soportan sobre sus espaldas el mayor peso de lo que, en teoría, debería haber sido un impuesto de ricos.

Lo peor de todo este mejunje de partidos que salieron de las urnas del 20D pasado es que se ha creado una tal confusión, se han dicho tantas mentiras, se han intercambiado tantos insultos y se han esmerado tanto en desacreditarse mutuamente que, cuando uno busca dentro de todo este fango político, le cuesta encontrar quienes sean capaces de asegurarnos que no van a ser los responsables de que España y los españoles no vayamos a ser, en definitiva, los que tengamos que salir por el vertedero de las basuras de la Europa comunitaria.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la desagradable impresión de que el país va navegando por su cuenta hacia una deriva que, con toda seguridad, nos lleva por una derrota cuyo final no es otro que estrellarse contra un muro de ineficacia, incapacidad y cerrilismo bolivariano o sea: la quiebra soberana.
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