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Se viven “otros tiempos”

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 31 de diciembre de 2008, 15:24 h (CET)
Como suele decir el hijo pequeño de Epifanio Del Cristo Martínez que se casa este año próximo -para felicidad de sus padres según los modos y maneras “de siempre”, y con una guapa boticaria valenciana-, ahora, si que es cierto que vivimos “otros tiempos”, no como tiene por costumbre afirmar la gente mayor ante la evolución de los usos y maneras a su alrededor, sino, que, todo el mundo puede decirlo, también, con motivo.

Para comenzar, a escala mundial y globalizadora, el año termina con un Presidente norteamericano de color (que si no es “negro” del todo, casi, casi lo es). Lo que durante siglos parecía imposible, ya es una realidad. España, lo hace bajo la “hégira” de un Presidente mentiroso, también universalmente reconocido como tal; lo cual tiene su ventaja, basta que diga una cosa, para comprenderse que la verdad es lo contrario, y sin necesidad de que le crezca la nariz, como al hijo de madera del Sr. Gepetto. Ambas circunstancias tan diáfanas, no se habían dado en la Historia, y, es, que, en efecto, son “otros tiempos”.

En otro orden menor, las famosas y esperanzadoras “rebajas” ya no esperan a enero. Lo mismo en la Quinta Avenida de Nueva York, como en las principales calles comerciales de España, los “descuentos” son de escándalo en pleno diciembre. ¿Cómo serán las rebajas de enero? ¿y las tradicionales “rebajas” de las rebajas?... Los adornos navideños que desde estas alturas serranas se distinguen diseminados por Madrid, parece como si quisieran sustituir la imagen del Niño Dios y del Portal por lucecitas, a ser posible de bajo consumo, por aquello de conservar el planeta y demás ecologismos (Al Gore y sus millones, desmentido por las acostumbradas nevadas de invierno, y etcétera) En esto, no son otros tiempos.

Los informativos difunden las costumbres y gastronomía navideñas rumanas, polacas, ecuatorianas, marroquíes y foráneas en general, más que las de Zamarramala o Sepúlveda. El interés del público ha cambiado, y lo que interesa es como se hacen unos buenos “sarmales” o “negressas” más que las obsoletas lombardas o besugos. El cava ya no sólo ha sustituido al champagne, sino que, a su vez, el cava catalán está siendo desplazado por el que hacen en Valencia, en la Rioja o Extremadura (esto si que es cambio). El Gaitero, sin embargo, resiste (¡Puxa Asturies!).

Si por estos días fuera, se podría jurar que vivimos en una sociedad rebosante de amor hacia el prójimo. Se vive un auténtico desfile de efusión de buenos deseos, y de felicitaciones por correo, via “mail” o “sms”, pero no es así; este columnista se sospecha, se teme, o se malicia, que la cuestión es meramente formal y tecnológica. Los villancicos no son hegemónicos compase del ambiente navideño, sino que van siendo sustituidos por ininteligibles “wiwichus”, que tanto sirven para acompañar a galopantes renos como a cansinos camellos. Y los niños con esperanza en Papá Noel coexisten pacíficamente con los de los Reyes Magos sin ser unos bichos extraños; algo así como los homosexuales y señoras “raras” andan entre el público en general sin que nadie ya les corra a gorrazos. Los matrimonios “desparejados” se las arreglan para insertarse en familias con las que pasar “en familia” las fiestas. Aún así la fraternidad se impone, y las viejas tradiciones sobreviven en estos “otros tiempos”. Los clásicos, los que tienen el “mal gusto” de hacer, con el esfuerzo que sea, “lo de siempre”, lo que aprendieron de sus padres y trasmiten a sus hijos y nietos, no gritan para no molestar ni provocar envidia, porque, en el fondo, lo que hacen es “lo normal”, y es lo que escuece. Pero, este columnista, que se encuentra entre los últimos, tal vez por carcamal, tiene ya la paciencia como la colilla de un puro, que es cuando el habano huele peor, y molesta más a los no fumadores; así, que, felicidades y disculpas.

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