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Etiquetas:   Disyuntivas  

Hebras míticas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 29 de diciembre de 2008, 11:36 h (CET)
Hasta la recapitulación de fin de año resulta difícil. Los conceptos se tergiversan. Éticas, mercados, nivel informativo, derecho a la vida, misterios, religiones; exigen un replanteamiento, por que es complicado saber a que atenerse.

Ya no es que perdamos los estribos, no encontramos el norte para demasiadas cosas, el lenguaje lo utilizamos de mal en peor, y buscamos la orientación cuando hemos destruído las brújulas. Subterfugios y suplantadores en todas partes. Ese conglomerado nos revierte el pensamiento en busca de realidades mejores. Por las dificultades encontradas en esa búsqueda, diremos que son entidades MÍTICAS, por lo extraordinario y fabuloso de sus esencias. ¿Existirán? Parece que sólo alcanzamos a ver el trastero de las desdichas, trastos inservibles acumulados sin ton, pero con mucho ruido. Eso me lleva a una manifestación con tintes utópicos, encontrar esa trenza fina, un hilo, una HEBRA; que nos permita aproximarnos a los anhelos míticos referidos, ¿Inalcanzables?, en estas sociedades de un soberbio progreso.

En torno a la actividad PERIODÍSTICA hallamos alguno de estos senderos orientativos; de cara al público, pone en evidencia los asideros adecuados o los impropios, para el buen conocimiento de las grandes realidades. Ese muestreo no impone nada, aunque esté expuesto a manipulaciones. Otra cuestión es su aceptación desde fuera o el rechazo, la conexión es permanente. Las bagatelas intrascendentes, que llenan muchos espacios informativos, nos interesan menos; como contraste, destaca la gran cantidad de trabajos invertidos en estas directrices. El relato de las efímeras diatribas diarias, con ser un paso más firme, no tienen alcances mayores. Es más relevante la labor sustanciosa de una información profesional, con la exigencia crítica que sea menester, para que el periodista sea un auténtico “defensor”. ¿De quién? ¡De quién va a ser! De lo mejor que se pueda aportar al acervo común; datos, actividades personales; en los diferentes ramos, con los diferentes criterios y pronunciamientos. Su carácter es selectivo. Ante las elucubraciones vacuas se añora una mayor intolerancia. Es una actividad que se mantiene apegada al núcleo creado entre todos; si esa unión es firme o una mera rendija de contacto, dependerá de cada caso. Una hebra frágil en todo caso.

En estos albores del siglo, se desarrolla una terquedad manifiesta, con el objetivo de marcarnos los caminos correctos. ¡Prohibido pensar fuera de esas trayectorias! La petulancia de esas manifestaciones no consigue desentrañar en lo más mínimo otra realidad cotidiana importante. Estamos asidos a la CUERDA del MISTERIO con todas las consecuencias y pese a los silencios comunitarios. Sorprende la soberbia en los sectores científicos, siendo los más apropiados para testificar sobre las graves incógnitas pendientes de una resolución. Las estadísticas se hartan de posibles resultados, eso es sabido. ¿Nadie nos insiste en lo que no miden, ni por qué? Es fácil su experimentación. Cuanto más nos agarramos a estos positivismos, se manifiesta lo desvalidos que estamos cuando nos vienen mal encaradas. También estamos en pleno decurso de unas economías farfullantes; potentados y endiosados dominadores, con el culo al aire. Es evidente la hilacha que nos une a ese misterio de fondo.

Hablando de los fondos inextricables, o no tanto, o simplemente ocultos; dirijamos la atención hacia algunos sectores. Cuál es el trato recibido por los productores y recolectores de café en Guatemala o en Colombia; contrapongan al sufrido peón de unas construcciones, con lo que se mueve a sus expensas; comparemos los precios en origen de naranjas, arroz, hortalizas, con los precios exigidos al comprador final. O vean donde van arrumbándose los pescadores a pie de barco. Si se acercan los gobiernos es todavía peor, su voracidad es inclemente –Gasolina, ivas, ivienes-. No me queda otra, he de citar aquí a los MERCADOS SUBTERRÁNEOS. Ya no se trata de unos simples lavados de cara con agua, se practican con betún negrísimo. Por consiguiente, llegamos a detectar las peripecias manifiestas, otra gran parte ni las vemos asomarse; intuirlas sí, a eso sí estamos habituados. Algo habrá de mítico en esas honduras para que sólo intuyamos sus realidades. Trucos, corrupciones, engaños rotundos, tratan de interrumpir las conexiones, para que no descubramos su fondo. Las entidades virtuales serán más difíciles de calibrar y añaden carácter mítico al asunto. ¿Estaremos ante un sino irreversible?

El arte significa, precisamente, el encuentro de esa concordancia entre la vida diaria y el fondo común mítico, de las grandes esencias, de los orígenes remotos, del final previsible y la persecución de un sentido. Por eso su definición es difícil. O todas las actividades son un arte, o lo son únicamente algunas. ¿Cómo podríamos encontrar esa hebra que nos comunique con los grandes símbolos? Una misma CHAPUZA originará diferentes versiones. Quien la vea bonita o fea, o quienes le atribuyan significados de lo más estrafalarios. La vara de medir es frecuente que se ciña al mercado, a las agrupaciones políticas, al turismo. Flota en el ambiente una insatisfacción derivada de aquella indefinición. Se palpa la desorientación al respecto. ¿Acaso la labor de un buen científico no es artística? ¿O la de unos padres de familia? Por fortuna, nadie se conseguirá apropiar del sentido artístico; está ahí, al alcance de todo el mundo y a la vez esquivo. Esto me ha traído hoy a la consideración de esta hebra conectada al mito profundo, a ver si con ello podemos eludir a los cantamañanas y disfrutar de otro ambiente renovado. Es decir, la sustitución de una rutina chapucera, por otro amanecer más gratificante.

Quién no ha visto alguna imagen de esas hambruna televisadas, con sus comentarios acompañantes, las más de las veces en un tono neutro y espectacular. O bien esas escenificaciones estúpidas en las cuales se confunden los planos íntimos con los mostrencos, acompañados de un alarde vociferante de cara a la audiencia. También, en versión españolísima, vestida de democrática, en la que se pretende educar a la ciudadanía, sin el mínimo respeto a las ideas de los padres discordantes. ¡Ha de ser cómo ellos dictan! Se va organizando un regusto interior en forma de interrogante. Aquí se pregunta uno por la DIGNIDAD de las personas. En el primer ejemplo, referido a los mínimos requeridos, por el mero hecho de cistir como individuos. Ya situados en los otros ejemplos, se amplia el planteamiento. ¿De qué tipo de dignidad hablamos? Por que la decisión personal puede seguir rumbos destructivos. ¿Dónde queda la chispa de la dignidad humana en esos casos? Aprendizaje, educación y respeto, se incluyen el el conjunto ineludible. El ámbito dialógico –Laín Entralgo, López Quintás- no es posible sin una dignidad viva, practicante. Tiremos de otro hilo, a ver si es verdad eso de la dignidad.

¿Esperanza? ¿Confianza? ¿Ilusión? No nos vaya a salir ningún perstidigitador insospechado manejando estas hebras míticas. ¡Se imaginan algo así! Después de tantas vicisitudes valorando los diferentes hilos de contacto, se abre un fondo desconocido, con una doble apertura a la ESPERANZA. La de una labor más cuidada, por parte de las personas dignas y la de otra realidad óptima. Ambas encienden unas luces más nítidas que no vendrían nada mal.

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