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Los deberes de la Declaración de Derechos Humanos

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 25 de diciembre de 2008, 07:58 h (CET)
La Declaración Universal de Derechos Humanos cuyo aniversario recordamos creo que puede leerse también en clave de Deberes Humanos. Todo derecho comporta un deber, pero no sólo de los Gobiernos o de las Administraciones Públicas, sino de los mismos titulares de los derechos, es más, el honesto cumplimiento de los deberes por parte de cada uno facilitaría el normal ejercicio de los derechos de todos.

El artículo primero señala el deber de comportarnos fraternalmente los unos con los otros en virtud a que todos estamos dotados de razón y conciencia. Este deber de fraternidad es quizás el menos desarrollado, incluso se ha quedado en un mero buen deseo, como decía la Constitución de Cádiz de que los españoles deberían ser justos y benéficos. Los deberes de los ciudadanos se exigen casi siempre de forma coactiva a través de leyes, multas, castigos y prohibiciones.

Si examinamos algunos de los derechos de la Declaración, nos encontramos con el derecho a la vida que conlleva el deber de todos a respetarla desde su inicio, cuando se ha formado un ADN único e irrepetible, aunque pueda tener deficiencias o malformaciones. Respetarla igualmente en su final, sin invocar melifluamente el derecho a una muerte digna, para suprimir al enfermo terminal en lugar de acompañarlo facilitándoles todos los cuidados paliativos que necesite.

El derecho a la libertad exige el deber de usarla rectamente, evitando caer en las servidumbres de nuestros caprichos y pasiones y orientar y ayudar a los demás, especialmente a los que tenemos el deber de cuidar y educar.

Nuestro derecho a la seguridad no es sólo que vele por nosotros la policía, sino que cada uno cuide de la seguridad de los otros cuando conduce un vehículo, ejerce su oficio, utiliza el espacio público o respeta las señales.

La dignidad inherente a cada persona implica el deber de comportarse dignamente con los demás, que no tienen que soportar de nadie ninguna vejación, insulto ni abuso.

El derecho de propiedad que pedimos se nos respete nos exige el deber de hacer buen uso de ella y de respetar la propiedad ajena y más aún la pública, la que es de todos.

Señala la Declaración que la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado. Este derecho de la familia exige el deber de que cada familia sea una verdadera comunidad de vida en la que se cumplan los deberes de fidelidad, ayuda mutua y educación de los hijos y no sea una realidad inestable y conflictiva.

Toda persona tiene derecho a la educación y por tanto el deber de educarse para alcanzar el pleno desarrollo de su personalidad. Es fundamental este deber de formación y estudio para integrarse en la sociedad. Su incumplimiento degrada a quienes voluntariamente optan por vivir a costa de los demás.

El derecho al trabajo implica el deber de buscar trabajo, trabajar y tener un rendimiento adecuado. El derecho y el deber de trabajar debe amparar a quien tiene iniciativa para crear una empresa, pero no puede cubrir las expectativas de quien quiere hacer poco y cobrar mucho.

También se reconoce el derecho a un nivel de vida adecuado y a los seguros de desempleo, enfermedad, invalidez, vejez o pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. Para hacer posible todo ello tenemos el deber de efectuar nuestras aportaciones y pagar nuestros impuestos sin engaño ni ocultación y así mismo el deber de no tratar de conseguir prestaciones fraudulentas.

Hay muchos más cosas en la Declaración Universal de Derechos Humanos que podríamos leer en la clave que propongo de deberes personales a cumplir. Frente a tanta gente que nos rodea reclamando siempre derechos, pienso que debemos insistir en los deberes que nos obligan por razón y conciencia y no por las sanciones penales o administrativas que nos puedan aplicar.

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