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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Sello personal

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
martes, 16 de diciembre de 2008, 02:17 h (CET)
Cada trabajador, cada persona que lleve a cabo alguna actividad; de por sí, es un activo de facetas y matices diversos. Un actor, un pianista, un médico, un padre de familia; a la fuerza son poliédricos, se les puede percibir desde distintos puntos de vista. En ocasiones se mantienen ocultas esas cualidades, de manera consciente o no. Y aunque no se procure un ocultamiento, casi siempre se actúa por sectores limitados, para cada acción se requieren y ponen en marcha, sólo unas determinadas facetas. Serán las APORTACIONES PECULIARES de cada persona, por modesta que sea, por el mero hecho de serlo. La fuerza, el número o la variedad de esas manifestaciones constituirán otras consideraciones.

Sea de manera automática o de manera más reflexiva, nos enfrentamos a la vida con esa versión personal que nos definirá. Habrá que observar si somos de participación activa o sólo representantes de una estancia pasiva. Ante este panorama, cada individuo en concreto reaccionará con 3 líneas básicas de respuesta.

Una, imitativa y repetitiva, sin un ápice de ideación personal; actitud ESPECULAR, que le mantiene alejado del meollo de sus asuntos. Como deduciremos ensiguida, estas respuestas entrañan un peligro evidente, eluden la implicación directa y con ello escapan de su propa responsabilidad. Como contrapunto, esa dejadez logra beneficiarse de algunas prebendas de los acomodaticios. Ahora bien, con beneficios o con lamentaciones, se limitan a ese reflejo de lo que suceda en los ambientes que les toque en suerte.

Dos, la que intuimos como SELLO personal, con ese añadido insustituible, de acercamiento y comunicación. De esta reacción deriva una buena pregunta a la vista de lo que acontece en los alrededores actuales. ¿Hoy día interesa ese descubrimiento de lo peculiar? Si no se fortalece esa segunda opción, se resentirán las obras del padre de familia, el pianista, etc. Metidos de lleno, cada uno en su papel, cabría soñar en una fuente de colaboración y creatividad. En una palabra, de vida auténtica, múltiple, cargada de percepciones.

Hablando en concreto de los actores, el director Jorge Lavelli, propugna esa puesta de manifiesto de la transformación generada por los actores. No le gusta la modorra de un actor frío a la hora de ceñirse a un papel determinado. Defiende, les pide, los rasgos de su propio carácter. Ahí hemos de añadir el comportamiento de cada individuo a través de cada una de sus cualidades, en sus diversas ocupaciones. En el campo del TEATRO, se facilita el brote de esas sensaciones; sin olvidar una posible escasez de estas cualidades en las representaciones al uso en el teatro habitual de hoy en día, que no es mucho. Sin negar la presencia de grandes artistas, en la actualidad se aprecia un enfriamiento por parte de los posibles autores. Sin los clásicos, la escasez de buenas obras novedosas es evidente. Y menciono aquí al teatro por tratarse de un medio idóneo para la expresión de las facetas humanas que en el mundo han sido.

Tres, la respuesta que yo denominaría como PLANETARIA. Circula por ondas de lo más etéreas, con la imaginación desbocada y con poco apego a las raices. Ese despego conduce a luces raras, cometas o meteoritos mentales; pero, a escasas expresiones que seamos capaces de valorar. Ese desarraigo transforma los resultados en un libertinaje poco útil; a no ser que sirviera de estímulo para otras creaciones de mayor calado, con otras bases y mejores elaboraciones. Resulta un tanto peligroso eso de la circulación con los pies alejados del suelo, amenaza el posible batacazo.

Precisamente, en los ámbitos modernos, la obra de arte y el teatro en particular, se nos ofrecen con frecuencia versiones alejadas, enajenadas, de lo que son en realidad las personas. Mientras los clásicos permanecen en una actualidad constante, debido esas esencias que concentran en sus textos. Cada representación entra en los detalles de directores, actores y públicos concretos. Por esta causa, confluyen las dos VERTIENTES, el ensamblaje con los hechos sociales de radiante actualidad y el toque de atención hacia lo más perenne de las personas como tales. De nuevo nos topamos que hay un recinto exclusivo para cada lector o espectador. En este terreno, como en la vida misma, se estampará el sello personal o se permanecerá en el anonimato, en un aparcamiento abúlico, de escasa dignidad y de pocas aportaciones.

No van a ser escasos los elementos involucrados en estas expresiones de la más cruda humanidad, Brotan por doquier. Las manías impensables, gustos variados, placeres cambiantes, entretenimientos, como otras sensaciones, van encontrando su acomodo en los aconteceres cotidianos de cada individuo. Búsquedas permanentes en los diversos SONDEOS a través de las manifestaciones artísticas. Ansiamos esos hallazgos con aires de novedad, antiguos en ocasiones, pero con apariencias renovadas. Tampoco resulta despreciable el hallazgo de la “serendipidad”, esa joya casual, cuando se buscaba otra cosa o simplemente se pasaba por allí. Ese algo que nos haga sentir el pulso de la vida. Y todo esto con libros, discos, relaciones personales, etc.

Me parece atinado el comentario de Jardiel Poncela, se burlaba de aquellos que escribían todo lo que se les ocurría y cuando no se les ocurría nada, seguían escribiendo hasta que se les ocurriera algo. Eso vendría a resultar una especie de perorata. Meras ocurrencias. Como en tantas otras materias, el meollo radica en la obtención o no de unos fundamentos mínimos. De no sobrepasar estos umbrales, el simple parloteo, aunque sea escrito; se aproxima a un ruido carente de sentido. Estarímos ante unos dicharacheros vacuos, sean hablados, escritos o vividos; contribuyen a la simple HUMAREDA mental que se implanta en el personal poco avisado. ¿Tendrán un significado y un valor que desconozcamos?

¿Es importante eso de que alguien despierte sus características peculiares? ¿Se trata de algo intrascendente? Pronto nos apercibimos de que las estructuras sociales, las escuelas, consignas, propagandas, o la pasividad indolente; no son suficientes para el buen funcionamiento existencial. Para ello se requiere un añadido que sólo podrá ser personal y depende de tres cualidades esenciales. 1. Cuidar el GUSTO por las cosas bien enfocadas, la belleza y todo aquello que cuide los puntales básicos de una vida humana valiosa. 2. Asumir la decisión MORAL. Si no se alcanza la suficiente libertad, no habrá acción moral, exige posibilidad de inclinarse a una posición u otra. Requiriendo también la voluntad individual, es el sujeto concreto quien decide. 3. Conviene espabilar en la conservación de la capacidad de DISCERNIMIENTO. Para esto del sello personal, resulta apabullante y nefasta la nebulosa ambiental en la que pretenden introducirnos las modas al uso.

Si no ejercemos estas cualidades con algo más de desparpajo, nos seguirán cayendo encima los abusos escandalosos. que desdibujan uno a uno los Derechos Humanos, que descentran la vida de las personas.

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