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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Dios no puede ser funcionario

Juan García-Filoso
Redacción
sábado, 13 de diciembre de 2008, 12:48 h (CET)
El que escribe este artículo se asombra y maravilla, cuando alguien que esta envuelto en algún asunto donde están por medios los tribunales de justicia, manifiesta, normalmente a través de algún medio de comunicación social: confío en la justicia, o, aun sigo confiando en la Justicia.

No puedo por menos que pensar que se trata de un ingenuo que nunca se ha visto en otra mas gorda y que no sabe la que se le avecina, o por el contrario que es un golfo rematado que conoce perfectamente como funciona el tinglado y busca con su aptitud pelotillera y servil, bailar el agua, al que con su decisión, puede afectar su vida y hacienda, y de paso confundir a la opinión pública acerca de sus chanchullos y trapicheos.

Yo no tengo fe en la justicia humana - tampoco en la divina -, y no solo por porque no crea en la existencia de un principio de justicia objetiva. Se, como todos sabemos, que en cualquier debate existen como mínimo una dualidad de puntos de vista, cada uno con su parte de verdad, y que dependiendo del enfoque que se tome, la cuestión se puede decidir en uno u en otro sentido.

Sin embargo el impedimento más pertinaz para la consecución de una verdadera justicia humana es la imperfección de la persona que juzga: imperfección que se manifiesta muchas veces en una ausencia de independencia que les hace someterse a intereses políticos o económicos, y a los idearios de la clase social dominante, y por último, y no por ello menos importante, el inconveniente de sus propios prejuicios y preferencias personales, sus mezquindades y orgullos, y el desconocimiento y desgana por los miles de casos que deben tratar. Es además un problema sin remedio, porque para que la justicia funcione, los jueces tendrían que estar investidos de tres atributos considerados divinos: omnipotencia, omniconciencia, y Ecuanimidad

Pero no son onmiconcientes porque esto supondría la facultad de tener un conocimiento detallado de todas las circunstancias personales de las partes y los detalles más nimios del asusto que van a dirimir, cosa que es imposible, además de que los contendientes en un procedimiento judicial y sus abogados intentaran engañarlos, negando los hechos que les puedan resultar desfavorables y alegando los que puedan perjudicar a sus contrarios, sean falsos o verdaderos. Pero además están la ingente cantidad de casos que deben despachar día a día, trabajo a fin de cuentas, y el trabajo, por definición, siempre ha sido el mortal enemigo del funcionario, y el juez, que nadie lo olvide, es una funcionario público.

Tampoco son omnipotentes porque ni siquiera son independientes. Algunas veces sus resoluciones están mediatizadas por intereses económicos y políticos, que obedecen a oscuros intereses de grupo. ¿Somos tan ingenuos de creer que un Juez, de modo personal, pueda tomar una decisión que pueda afectar a las reglas que rigen al sistema político y económico para proteger el derecho de los justiciables en contra de los poderes fácticos establecidos? Si alguna gran empresa o algún organismo del estado han cometido una tropelía contra usted intente denunciarlos y vera el resultado que obtiene. En “determinados asuntos” la justicia se convierte en un instrumento exclusivo para que los ricos y poderosos diriman sus diferencias, y a los demás, solo nos queda tragar.

Y que decir tiene cuando algún grupo han conseguido instaurar en la conciencia social sus ideas y concepciones morales. Creen ustedes que una vez establecido en el sentir popular un valor ético, como por ejemplo, la famosa discriminación positiva en el ámbito del derecho penal para que un mismo hecho pueda catalogarse como falta o delito según lo cometa un hombre o una mujer, un Juez se atrevería a dictar una resolución en contra de ella alegando que en realidad se trata de una ley privada; o sea un privilegio, que se aplica solo a una porción de la sociedad. Si así lo hiciese, de inmediato seria catalogado de machista y de estar en contra de la igualdad de genero, y las asociaciones de mujeres feministas se lanzarían sobre él como lobas sobre su presa.

Porque no nos engañemos, el juez no es un ente independiente. Los jueces son funcionarios públicos encuadrados en la estructura orgánica del estado, forman un cuerpo estatal como el de la policía o la Guardia Civil, y tienen un órgano de gobierno, el consejo del poder Judicial, elegido por el poder político, que controlan que no se salgan del redil

Con quienes pueden entonces los jueces ejercitar su independencia: con el ciudadano de a píe y en los asuntos cotidianos. Aquí si se pueden poner gallitos, aquí si son dioses omnipotentes, aquí su palabra es ley, y es aquí cuando se suelen pasar por la entrepierna la tercera virtud teologal, la Ecuanimidad, entendida como sentido de la rectitud, honradez, integridad moral e imparcialidad, porque ocurre que en realidad no son dioses sino hombres que vuelcan todos sus prejuicios sobre los casos que juzgan, y existen tantos perjuicios como jueces, porque dentro de la magistratura hay de todo como en botica: Jueces de izquierdas y derechas, jueces machista y juezas feministas, maricones, homófogos, justicieros, religiosos, impíos, corruptos, jueces estrellas y jueces estrellaos…

Usted dirá: hombre, todos somos humano y erramos, pero seguro que hay muchos jueces honrados que tratan de ser rectos por encimas de sus gustos, preferencias, y de sus propio temperamento. Convengo en que habrá muchos casos en lo que esto sea verdad, pero no olvidemos que los prejuicios los arrojas por la puerta y entran por la ventana.

Un consejo, si usted se ve envuelto en algún “affair judicial” y es un currito de a píe sea humilde, sumiso y respetuoso, incluso muestresé un poco “modosito” con su señoría, porque si se comporta de forma orgullosa y desafiante comprobará en sus propias carmes como funciona la justicia, como se puede usar la lógica del lenguaje para torces sus argumentos, como en un auto o sentencia, un juez pude atribuirle manifestaciones que usted nunca esgrimió, pero que el juez, que es muy listo, ha “adivinado” y que usara par hilvanar un refutación que mande sus pretensiones a la mierda, o como pasa lisa y llanamente de los razonamientos jurídicos y pruebas que usted ha alegado en el proceso para solo tener en cuenta la de su contrario sin motivarle el porque. ¿Usted no esta de acuerdo? Pues recura, recurra… pero recuerde que litigar cuesta, casi siempre dinero, y siempre, tiempo y como decimos en mi pueblo “munchas inrritaciones”. ¿Cree usted, que en su caso, se ha cometido una injusticia y que el juez ha sido parcial y ha prevaricado como un bellaco?, pero hombre de Dios, aun no se ha enterado usted que los jueces siempre dictan sus resoluciones en conciencia, y que lamentablemente para usted - no para el juez - aun no se ha inventado una maquina para examinarlas.

Alcanzar un sistema judicial verdaderamente ecuánime e imparcial es una meta inalcanzable, porque para conseguirlo los jueces tendrían que ser como Dios, o Dios, caso de existir, tendría que hacerse funcionario de la administración de justicia.

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