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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Pollastres y gripe

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 24 de noviembre de 2008, 10:13 h (CET)
La gripe aviar evoluciona. Desde los comentarios que dediqué a esta amenaza (Gripe y Pollastres. Diario Siglo XXI, 9-X-2005), hasta la actualidad, surgen algunas novedades, que no estará de más sacar a la palestra; máxime, ante la proximidad de la temporada del frío. Como ya recogí en aquella “Disyuntiva”, en estos tres años no era posible una pandemia de esa gripe, no daba tiempo a las transformaciones necesarias del virus H5N1 causante de la infección; apenas habían surgido los primeros casos en humanos –Junio 2005-. ¿Qué aportan los datos actuales? ¿Cómo se presenta la posibilidad de nuevos contagios de cara a la temporada fría 2008-2009? ¿Factores de riesgo?

A este respecto, me ha parecido interesante uno de los recientes artículos publicados en la prestigiosa revista The Lancet (Kandun y colaboradores). Desde la detección del primer caso de gripe aviar en humanos, se han confirmado 360 casos en total. Esta cifra no representa en sí misma ninguna alarma; durante tres años largos, no constituye un número excesivo, tratándose, además, de casos muy localizados en unas áreas muy delimitadas. Si se confirman las primeras TRANSMISIONES de humano a humano, ¿Estaremos en el comienzo de la pandemia temida? Aún existen numerosas incógnitas para la contestación a esa pregunta; pero ya se entrevé la posible difusión del proceso. Entre lo publicado destaca una mala noticia, sobre la evolución de la MORTALIDAD en los casos documentados. Un 62 % en 2005; 81 % en 2006 y 86 % en 2007. Estas cifras si que entrañan peligro y alarma; aún peor, si tenemos en cuenta que se producen cuando se van adoptando las primeras medidas de control y terapéutica.

No aparecen evidencias para una posible explicación de estos datos referidos y su evolución. No se sabe por que los casos siguen esa orientación. No se han detectado mutaciones responsables. Por lo tanto, se siguen buscando factores explicativos. Para ello se crean servicios de referencia, a donde se trasladan los casos sospechosos o diagnosticados. Es indispensable el entrenamiento para la identificación y el seguimiento de los afectados con la precisión requerida ante tamaña amenaza. Precisamente en esos centros se comienzan a utilizar los antivíricos apropiados; en el trabajo mencionado se emplea el Oseltamivir. Con ello disponemos de las primeras agrupaciones de datos, con la consiguiente aproximación al meollo del asunto. Vistas estas primeras REFERENCIAS, uno anhela el tiempo suficiente para completar los conocimientos imprescindibles para pergeñar medidas protectoras adecuadas. ¿Dispondremos de ese tiempo?

Una de las primeras dificultades estriba en lo poco específico del cuadro clínico de los afectados; para el caso, estamos ante un proceso indistinguible de una afección gripal de las que nos asedian en las oleadas de cada invierno. La inmensa mayoría de casos estudiados, se presenta con FIEBRE, de una intensidad variable, a veces moderada en sus comienzos. Piensen en lo común y variado de esta alteración. Sólo 1 de cada 3, presentará algo de TOS; y menos gente aún, notará el típico aumento de la secreción nasal. Dificultad respiratoria, dolor de cabeza, diarreas, vómitos, trancazo, malestar y dolores musculares; si bien se presentan, lo hacen con mayor rareza. De ahí que en esos primeros días sea muy difícil la simple sospecha del proceso, no digamos el diagnóstico confirmado.

Hay un grupo de factores y circunstancias que no afectan a la menor o mayor gravedad de la enfermedad, aunque si podrán ser importantes para su detección precoz, diagnóstico y comienzo del tratamiento. Un caso, será igual de grave, o parecido, provenga el contagio de contactos con animales o con humanos; si los contagios se producen en locales cerrados o en ambientes diáfanos, en medio rural o urbano. Podemos resumirlo diciendo que pocas cosas influirán en la GRAVEDAD, ésta es alta, y con eso hay que contar por ahora. Enseguida recojo los factores primordiales para darle la vuelta a la gravedad amenazadora, a favor de un mejor pronóstico.

El único horizonte con visos optimistas, gira en torno a la utilización de FÁRMACOS antivíricos. Oseltamivir, en este trabajo comentado hoy. Cuando se consigue administrar durante los 2 ó 4 primeros días de la afección, se obtienen supervivencias cercanas al 40 %, se aproximan a la mitad de los casos. No está nada mal a la vista de las primeras cifras de mortalidad. Sin embargo, sigue resultando trágico que algo más de la mitad de las personas infectadas fallezcan. Urge, por lo tanto, la obtención de otras medicinas con mayor eficacia en este combate frente al H5N1. También cabe esperar que si el virus sufre alguna transformación en su camino, en su desarrollo, pierda algunas características malignas.

Las numerosas investigaciones puestas en marcha, se centran en un estrecho seguimiento de las cepas del virus. Estos virus gripales tienden a modificar con frecuencia alguna de sus partículas. Eso podría se beneficioso, si esas transformaciones lo convirtieran en un agente menos agresivo; pero, en cualquier caso, el conocimiento de sus componentes es también importante para buscarle los puntos flacos y atacarle por ahí. Mientras no se produzca todo ese desarrollo, acabamos de precisar como la IDENTIFICACIÓN PRECOZ de los casos, es fundamental. Hemos visto que la eficacia del tratamiento depende directamente de su comienzo en los primeros días.

Este año, en Hong Kong, la mera sospecha ante la muerte de 3 niños, provocó el cierre de las escuelas durante varias semanas. Ese es, ahora mismo, el problema básico si el proceso no se expresa con síntomas típicos y aún no se dispone de un método de diagnóstico rápido y sencillo. ¿Cómo responder de forma adecuada? La pregunta es angustiosa y dramática allí donde se presenten nuevos casos.

También estamos expectantes ante la posible VACUNA requerida. Debería ajustarse a la composición final del virus que afecte a los humanos en ese momento de su extensión. Mientras continuan las investigaciones en curso, confiemos en que la pandemia potencial no sea demasiado rápida, para que permita el conocimiento de esos datos, y con ello, se elabore la vacuna apropiada. La vacuna es uno de los pilares en este combate.

Los correctos cuidados higiénicos y veterinarios aplicados a las áreas agropecuarias, con especial dedicación a las aves, incluidas las migratorias. El diagnóstico precoz siempre. Las vacunas y el tratamiento antivírico. Estos serán los principales nucleos de exigencia ante tamaña amenaza. Nos va mucho en estos trajines y en la información correcta de sus evoluciones. RECURSOS e INFORMACIÓN en definitiva, sin disimulos, sin conductas tendenciosas.

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