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Etiquetas:   Internacional   -   Sección:   Opinión

Campo Vía, sepulcro del mito

Como en las batallas por la independencia de América, los criollos dieron lecciones militares a los condotieros llegados del viejo mundo para servir al imperialismo petrolero
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
viernes, 11 de diciembre de 2015, 06:02 h (CET)
Algunas callejuelas de ciudades y pueblos paraguayos llevan su nombre, pero la enorme mayoría de los paraguayos ignora los alcances y detalles de la que expertos militares consideran la más fulminante y demoledora victoria obtenida por las tropas paraguayas en el Chaco: la rendición de dos divisiones bolivianas en Campo Vía, el 11 de Diciembre de 1933.

Sería el movimiento más audaz y demoledor del ejército paraguayo durante toda la guerra, pero también un rotundo desmentido a las teorías racistas que por entonces se encontraban en boga.

Entre fines del siglo XIX y 1940, muchos militares europeos habían sido contratados por países latinoamericanos y asiáticos para profesionalizar sus ejércitos. Los preferidos eran los alemanes, que llegaban consagrados por el mito prusiano.

Una foto que vi recientemente, publicada por Mariano Llano en redes sociales, es el mejor retrato de lo que fue la guerra del Chaco de 1932 a 1935 para los mercenarios europeos. En ella se ve a un grupo de militares paraguayos, entre los cuales se individualiza al legendario Coronel Rafael Franco, Éstos beben relajados y con expresión de calma satisfacción, el contenido de una enorme botella de Champán arrebatado a los jefes enemigos. No usan copas de cristal, sino rústicos jarros de hojalata.

Una popular canción paraguaya relata en tono de burla que el “gringo vyro (tonto)”, se rompió la nariz ante las defensas paraguayas durante la batalla de Nanawa. El aludido es el general Hans Kundt, despedido por sus contratantes del Altiplano tras una seguidilla de desastres.

Nacionalizado boliviano en 1921, Kundt había sido jefe del estado mayor boliviano hasta 1926, y era veterano de la Primera Guerra Mundial. Gozaba pleno respaldo de la oligarquía paceña.

A las órdenes de Kundt había actuado un connotado hombre de confianza de Adolf Hitler, Ernst Julius Röhm. Homosexual confeso, sus prejuicios raciales le causaron padecimientos en Bolivia, dado que le impedían entablar relaciones homosexuales con los soldados amerindios.

Rohm no es un olvidado por la historia. Había sido fundador de los Freikorps, escuadrón fascistoide que actuó durante la República de Weimar, había actuado en el putsch de Munich de 1923 y había sido líder de las temidas SA, también conocidas como Camisas pardas.

Pronto surgió rivalidad entre Kundt y Rohm, que los encontró enfrentados en dos bandos contrapuestos durante el intento de golpe realizado por el Presidente Siles, quien deseaba mantenerse inconstitucionalmente en el poder. Todos los indicios indican que los golpistas habían ofrecido a Rohm el cargo de Kundt. Tras ese encontronazo, el primero volvió a su Alemania natal, solo para encontrar la muerte a pocos días de “La Noche de los Cuchillos Largos” de 1934.

La arrogancia racista y exceso de confianza de Kundt en sí mismo le hizo subestimar a los paraguayos, tanto que confiaba a sus allegados que bastarían tres mil hombres bajo su mando para llegar hasta Asunción.

Al contrario de lo que muchos historiadores cuentan, las ilusorias teorías de la superioridad racial de los arios había quedado sepultada mucho antes que los soviéitcos izaran su bandera sobre el Reichstag, en 1945. Un gran momento de la historia paraguaya lo señala en el perdido paraje de Campo Vía, un 11 de diciembre de 1933, hace exactamente 82 años.

“Rafael Franco, reforzado por la división de Fernández, irrumpió desde Gondra arrollando las líneas bolivianas y cerró el camino Campo Vía-Puesto Ustares” describe escuetamente la acción el historiador militar estadounidense David Zook. Sin esa maniobra, las tropas bolivianas hubieran escapado tras la toma de Alihuatá.

Esta victoria significó para el Paraguay hacerse de más armamento del que disponía al iniciarse la guerra, en tanto la derrota fue tan abrumadora en filas bolivianas según narra el sacerdote Ernesto Pérez Acosta (Pa-í Pérez), que un prisionero boliviano junto a él en ese momento, el Teniente Coronel Araníbar, exclamó consternado: “La guerra ha terminado. Kundt nos ha traicionado”.

Justamente, la debacle boliviana obligó a renunciar al general alemán Hans Kundt, y hubiera significado el final de la contienda si no se hubiera concedido un armisticio en el que los suspicaces creyeron entrever la mano de la empresa petrolera Standard Oil, acusada en el Congreso norteamericano de financiar a Bolivia. Juan Stefanich escribió sobre aquel gran momento de la historia militar paraguaya:”Desde los campos encendidos del Chaco fueron barridos de América, como en los tiempos de la emancipación, generales y técnicos europeos y otros de menor jerarquía, en forma aleccionadora”.
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Honesto Hosein 11/dic/15    18:20 h.
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