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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Estimulando la lectura

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 2 de octubre de 2008, 10:24 h (CET)
“Mi papel no es hacer estallar bombas, eso es ridículo. Tengo una arma. Es escribir. Es hablar. Eso es mi jihad. Puedo hacer muchas cosas con las palabras. Escribir también es una bomba”. Estas palabras las ha pronunciado Malika El Aroud que se ha convertido en una de las más prominentes jidaistas por Internet de Europa. Su influencia es tan acusada entre las mujeres islámicas que ha conseguido incrementar considerablemente el número de féminas que se suicidan realizando misiones terroristas.

Hay muchas quejas por la falta de lectura. Se realizan estudios y más estudios buscando las razones por las que no se lee. El resultado de estos tests es negativo y tan persistente como la niebla que caracteriza a la Lleida invernal. Se publica mucho. Las consejerías de cultura subvencionan a las editoriales. A pesar de lo mucho que se publica, se lee poco. A pesar de la universalización de la escolarización existe mucho analfabetismo cultural. Este fracaso tan estrepitoso se debe a que los padres y maestros no han sabido despertar el intelecto de hijos y alumnos. La mente infantil está inactiva. En reposo. Si se sabe introducir en el alma una idea estimulante, el interés por la lectura se presenta de una manera tan súbita como la floración del desierto después de un aguacero. Mientras persista el estímulo no desaparece el interés por la literatura.

Los grandes manipuladores de masas saben como mantener estimuladas las almas de sus seguidores. Una vez despiertas mantienen activa las mentes de sus clientes con los panfletos y publicaciones que la maquinaria del partido o de la secta edita continuamente. No se puede dejar de nutrir el espíritu del secuaz o adepto porque si no se hace se perderían los logros conseguidos.

Los manipuladores de la mente saben lo que quiere la gente y, en concreto la juventud que es más influenciable. El juez Baltasar Garzón, quizás debido al fruto de su experiencia de tratar con terroristas, ha dicho algo muy significativo con respecto a la palabra hablada o escrita: “Las palabras nunca son inocentes o cristalinas, constituyen una realidad compleja. Están sumergidas en un conjunto de relaciones que, si son guiadas por la mala fe o por una intención torcida desvían el sentido, alteran el contenido y pervierten su significado”. El famoso juez nos viene a decir que no se deben interpretar literalmente los mensajes que recibimos, debemos aprender a leer entre líneas para descubrir el significado real del mensaje recibido. Para poder realizar esta labor exploradora es preciso tener bien despierto el sentido crítico que hemos recibido del Creador. Desgraciadamente no siempre es así, los prejuicios cierran la mente.

Los manipuladores, sean de la calaña que sean, no lanzan sus proclamas a las mentes de sus potenciales seguidores porque detectarían fácilmente sus embustes. Escogen estimular a las emociones con sus alocuciones ya que las emociones excitadas aceptan sin reflexionar y usar el sentido crítico los mensajes que se reciben. Los manipuladores, movidos por sus intereses más que por los de los receptores de sus peroraciones, utilizan con el propósito de afectar a las emociones palabras como: Dios, Patria, Religión, Libertad… Saben caldear a la gente para que actúen según sus propósitos. Una evidencia de dicha manipulación se ve en las concentraciones multitudinarias en protesta por alguna cosa. Si se cogen individualmente a los contestatarios no sabrán dar explicación lógica del porque protestaban. El terrorista que se auto inmola por la «causa», ¿sabe realmente porque lo hace? Ambos actúan movidos por las emociones irreflexivas.

Entre nosotros no debe darnos miedo la presencia de una Malika El Aroud que encienda el ánimo de las mujeres para que se sacrifiquen por la causa del Islam. Lo que verdaderamente debe preocuparnos es la manera como nos llega el mensaje cristiano: ¿Se dirige a las emociones con el propósito de que se le acepte sin más, o nos llega al intelecto para que se le haga pasar por el cedazo de la crítica para descubrir si es auténtico o no antes de aceptarlo? El mensaje cristiano se lo debe aceptar a sabiendas de lo que significa. Querer saber qué es lo que se debe creer activa la mente para analizar todo lo que tiene que ver con la fe cristiana.

Una instrucción bíblica a considerar es: “Examinadlo todo, retened lo bueno” (I Tesalonicenses,5:21). El apóstol Pablo autor de esta sentencia insta a los lectores de su carta a investigar con el propósito de que sean de mente abierta. Los invita a investigar con el propósito de que se apropien de todo lo bueno que encuentren en las lecturas que hagan. Obrando de esta manera se evita caer en el empobrecimiento espiritual que tantos daños ocasiona a la fe que se profesa. Los cristianos, al decir del apóstol Pedro “deben de estar preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”(I Pedro,3:15). ¿Cómo se podrá dar respuesta satisfactoria a quien nos pregunta por la razón de nuestra fe si no sabemos con certeza que es lo que creemos, si no investigamos la fuente en donde nace la fe?

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