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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Abortos compulsivos

Clemente Ferrer (Madrid)
Redacción
jueves, 7 de agosto de 2008, 17:32 h (CET)
Una indagación de la Fundación Gerard de Washington, reunida por Inside Catholic, manifiesta que el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, con domicilio en Suiza, estaría sufragando la política del aborto compulsivo en China. El Fondo ha percibido, desde 2004, más de 3.000 millones de dólares.

Dicha fundación asevera que el Fondo Mundial apoya a "proveedores de aborto coercitivo en China", entre los que están el Consejo Nacional de Población y Planificación de la Familia, que realiza y fiscaliza el ahínco de la "política de un solo hijo"; el Fondo para la Población de las Naciones Unidas, compinche de la autoridad china en la ejecución de abortos compulsivos; y la ONG abortista Marie Stopes Internacional.

Estados Unidos veda sus ayudas económicas al Fondo para la Población de la ONU por su colaboración en el programa de interrupciones voluntarias del estado de gravidez. Se debería emplear la misma política al Fondo Mundial Contra el Sida, cumpliendo la enmienda Kemp-Kasten, que niega transferir "asistencia económica en materia de población a cualquier organización o programa que, según lo determine el Presidente de los Estados Unidos, apoye o participe en la gestión de un programa de aborto coercitivo o esterilización involuntaria".

El ciudadano estadounidense, indica la Fundación, opina que se está sufragando la lucha contra el sida, cuando en realidad su riqueza se destina a instituciones que cavilan que la mejor forma de luchar contra ese padecimiento reside en suprimir a los mortales que pueden sufrir la lacra mortal.

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CLEMENTE FERRER ROSELLÓ. Presidente del Instituto Europeo de Marketing, Comunicación y Publicidad. Madrid.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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