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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Delincuencia infantil

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 23 de julio de 2008, 12:04 h (CET)
Desde hace algún tiempo la «responsabilidad paterna» ocupa protagonismo en el debate sobre la delincuencia infantil. En Francia, la expresión «responsabilidad de los padres» ha estado presente en las controversias sobre la ley de 2007 que trata de la prevención de la delincuencia y ha obsesionado los debates durante la campaña electoral: ante el incremento del incivismo, responsabilizar a los padres sería una respuesta práctica y eficaz.

En un coloquio organizado en París el 21 de enero de 2008, Marine Boisson y Laetitia Debannoy, del Centro de Análisis Estratégico, resumen: “El objetivo de estas políticas es apoyar pero también controlar a las familias problemáticas”. Los mismos investigadores añaden: “Con estos programas, el Estado busca convertir a las familias en cooperadoras de la seguridad”.

Las diversas leyes que se dictan responsabilizando a los padres del mantenimiento de la seguridad se inspiran en esta idea. La ley galesa sobre las responsabilidades de los padres, éstos, bajo la amenaza de multa deben seguir un cursillo de formación de padres. En Nueva Zelanda, las Conferencias Familiares de Grupo, organizan encuentros entre la víctima, el delincuente y su familia antes de que se dicte sentencia. Estas políticas se basan en la convicción de que la familia es el primer lugar para socializar a los niños. Las deficiencias familiares deben corregirse, si es preciso, con la imposición, para proteger a la sociedad del desorden.

Esta idea de responsabilizar a los padres nace de una ley californiana del año 1988 que obliga a los padres “al deber de ejercer de una manera razonable” sus responsabilidades de hacerse cargo de la supervisión, la protección y el control de los niños.

En el año 2003 el Consejo de Europa también consideró que “sería conveniente animar a los padres a tomar conciencia de sus responsabilidades hacia el comportamiento delictivo de sus hijos y asumirlas”.

La frase, en realidad esconde prácticas muy distintas. El apoyo a la paternidad constituye la versión más flexible: en Francia, las Redes para escuchar, apoyar y animar a los padres creadas en el año 1999, intentan, basándose en el voluntariado, favorecer el diálogo en el seno de las familias en dificultades. Jornadas de encuentros, meditación, talleres terapéuticos, no con el propósito de reforzar las competencias de los padres o de hacer respetar con imposición una lista de obligaciones, sino de hacer salir a “las familias con problemas del aislamiento y restablecer con el tiempo el diálogo intergeneracional”.

En la Gran Bretaña, por el contrario, la responsabilidad pone a la familia en una situación de acusada. Los «parenting orders» de 1998 obligan a los padres de niños delincuentes a asistir durante tres meses a reuniones con el propósito de desarrollar sus competencias como padres. Bajo pena de multa han de hacer respetar a sus hijos la obligación de asistir a la escuela o la prohibición de salir de noche.

En los Estados Unidos la irresponsabilidad de los padres, el castigo adquiere un cariz más represivo. En algunos Estados, no respetar la obligatoriedad escolar puede hacer que los padres sean demandados judicialmente. A partir del año 1990 muchas ciudades han prohibido que los adolescentes salgan a partir de determinadas horas. Si no se respeta la normativa la multa que se puede imponer a los padres puede llegar a ser de hasta 1000 dólares.

En un coloquio celebrado en el Centro de Análisis Estratégico de Francia, la mayoría de los especialistas han señalado que estas políticas han jugado un papel muy pobre en la prevención de la delincuencia juvenil. Estas herramientas diseñadas para extirpar la criminalidad han provocado debates políticos muy inflamatorios que han terminado en fuegos artificiales.

Aymeric de Challup, responsable de la Caja francesa de subsidios familiares, afirma que “los contratos se pueden contar con los dedos de las dos manos y aún sobran y que no archiva ninguna suspensión de subsidios después del año 2004……La obligación no nos parece una solución lo suficiente eficaz y preferimos las disposiciones que apoyan el voluntariado”.

A menudo, los políticos que apoyan la responsabilidad adolecen de un concepto un tanto mecanicista , como si fuese suficiente con rellenar una lista de obligaciones para que uno se convierta en un «buen padre». El magistrado François Sottet, resume así las políticas de responsabilización: “A la vez son infantilizantes y estigmatizantes para los padres”.

No es necesario ser muy espabilado para que uno no se de cuenta de que la prevención de la delincuencia juvenil a base de subsidios no lleva a ninguna parte. Tampoco se consigue promocionando el voluntariado. Los padre serán conscientes de la responsabilidad contraída en el momento que reconozcan que son responsables ante Dios de la formación de sus hijos. Este es el gran problema de la criminalidad juvenil: los padres no creen. Esta carencia de fe seca la fuente de agua viva que fortalece la voluntad de ser padres responsables. El resultado de la sequía espiritual es el pasotismo paterno tan denunciado y al que no se le sabe encontrar remedio.

Los padres deben preocuparse no sólo de que los hijos vayan a la escuela. Aprender matemáticas, escribir y hablar con propiedad el idioma que le es propio y otras materias seculares, buena cosa es. Estos conocimientos, pero, no hacen buenos hijos ni excelentes personas. Necesitan tener una buena salud espiritual para poder enfrentarse a los peligros diarios. Aquí entra en acción el deber que caracteriza la auténtica responsabilidad paterna: la oración.
La maldad que envuelve a los adolescentes no la causan poderes impersonales. No son vibraciones negativas las que impulsan a los niños y jóvenes a hacer las fechorías que divulgan los medios de comunicación. Tampoco lo es una conjunción de astros lo que los obliga a hacer perversidades. El autor e instigador del mal es Satanás, ser espiritual malvado que tiene el objetivo de hacer tanto daño como pueda. Si se es consciente de la existencia de tan siniestro personaje, ante la impotencia de impedir que perjudique a los hijos, del corazón de los padres nacerán fervorosas y persistentes súplicas dirigidas al Padre celestial para que los recubra de una coraza protectora que impida que los dardos de fuego que lanza contra ellos les hagan daño.

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