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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Políticas de Muerte

Raúl Sempere Durá
Redacción
lunes, 14 de julio de 2008, 04:05 h (CET)
El PSOE acaba de celebrar su congreso nacional y nos propone su particular cambio en el modelo de sociedad. Muchos medios de comunicación afirman que con esto intentan desviar la atención de la crisis económica que padece el país, pero lo cierto es que los socialistas se han tirado al monte y van a por todas: pretenden imponer el laicismo y legalizar el aborto libre y la eutanasia activa.

Y frente a esta radicalización del partido del gobierno nos encontramos con la preocupante y ya habitual indefinición de un PP agotado que camina sin rumbo y no se pronuncia sobre temas tan fundamentales como la libertad religiosa y el derecho a la vida de los niños no nacidos, de los ancianos y de los enfermos terminales.

Pero abortar es matar: es preciso recordar a los ciudadanos españoles que no existe ese supuesto derecho al aborto, que cuando se ‘interrumpe’ un embarazo lo que ocurre es una desgracia tanto para el niño que es eliminado como para la madre que se ha visto abocada a ello. Frente a las políticas negativas que legitiman el aborto es necesario promover el apoyo integral a la mujer embarazada.

Otra de las medidas estrella que proponen los socialistas para solucionar la crisis económica es la eutanasia. Ya lo dice el refranero popular: “muerto el perro, se acabó la rabia”. Optan por la solución más fácil y barata, eliminar lo que estorba. Ya otro socialista utilizó democráticamente esta política en los campos de exterminio: Adolf Hitler también llegó al poder ganando unas elecciones, su partido era el Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, es decir, Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores.

La experiencia vital de nuestros mayores, el amor a los enfermos terminales, la entrega generosa en sus cuidados diarios… son ejemplos de algo que los socialistas no respetan: la dignidad humana en cualquier etapa de la vida. Habrá que explicarles qué son los cuidados paliativos, cómo se ofrece cariño a los enfermos terminales, qué significa darse a los demás por amor al prójimo…

Por último, el señor Zapatero quiere imponernos el laicismo bajo la manida excusa de la aconfesionalidad del estado. A este respecto habría que recordarle al hermano ZP que el estado puede ser aconfesional, pero las personas no lo son. Cualquier miembro del gobierno, cualquier ciudadano, todo hijo de vecino, todos confesamos nuestras creencias, incluso aquellos que no creen y se confiesan ateos. La libertad del individuo a elegir sus propias creencias no puede verse coartada por las imposiciones de ningún gobernante, de ninguno.

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