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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Educación errónea, sesgada y partidista

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 24 de mayo de 2008, 04:04 h (CET)
No sé que quieren ustedes que les diga, pero a mí me parece que esto que está ocurriendo en España, puede que también en otros lugares, pero yo vivo en España (de momento, porque los que vivimos en Barcelona estamos con un pie en cada orilla de la frontera utópica trazada por la Generalitat) y, por ello, estoy especialmente preocupado por lo que está sucediendo en mi entorno. No voy a negar que el acoso a determinados muchachos en los colegios es cosa que siempre ha existido, es cierto que todos hemos comprobado como a aquellos chicos más serios, menos comunicativos o más introvertidos, los “matones” de las clases les hacían impertinencias que soportaban con más o menos filosofía pero, nunca, se producían excesos como los que hoy se contemplan entre compañeros o compañeras de los colegios.

El ya famoso “bulling” está adquiriendo un desarrollo inusitado, por las circunstancias que sean, entre las que no son ajenas la falta de disciplina en las aulas, el lógico acobardamiento de los docentes ante las amenazas de chicarrones –constituidos en bandas que no se paran ante nada ni nadie cuando se trata de hacer fechorías, robar o intimidar – que sólo buscan, mediante la violencia, satisfacer vicios que, en otros tiempos, eran patrimonio casi exclusivo de los mayores; pero que hoy, por la desidia de las autoridades, incuria de muchos directores de centros docentes y relajación de la moral y el sentido de la caridad, se han ido extendiendo a los menores, que están cada día más expuestos a la presencia de “camellos” en las mismas puertas de los colegios, cuando no en las mismas aulas, que los proveen de drogas, armas y pornografía para convertirlos en adictos drogodependientes.

El hecho es que, los actos de crueldad proliferan contra inocentes, que se ven obligados a la tortura de ser acosados diariamente para robarles, extorsionarles y vejarles. El sadismo y el desprecio por el sufrimiento ajeno ha convertido a jóvenes, casi niños, en verdaderos viciosos de la tortura, hasta extremos de recrearse grabando sus “hazañas”, para luego exponerlas, como si fueran trofeos, en Internet. No vemos, sin embargo, que entre la sociedad se valore en sus justos términos este aumento de la delincuencia juvenil, que ya se extiende a todos los aspectos de la delincuencia (robos, violaciones, abusos deshonestos, palizas, etc.), y observamos atónitos, la resistencia de muchas organizaciones que son reacias a considerar la precocidad de los jóvenes en delinquir y extienden, su farisaica hipocresía, a una trasnochada y obsoleta concepción de la defensa de los menores basada, exclusivamente, en una cuestión de edad, en lugar de valorar que, así como la ciencia, la medicina y tantas otras ramas de la ciencia han evolucionado; la mentalidad de nuestros jóvenes –sobre-excitada por la carga de información que reciben a través de la televisión, Internet, el cine y los demás instrumentos mediáticos, que los hacen especialmente sensibles a absorber la filosofía de la violencia como una manera de enfocar la existencia ­– no está preparada para contemplar, con objetividad, este mundo lleno de proyectos, aventuras, sexo, libertinaje, y utopías, que se abre, como un inmenso abanico opcional, ante una mente inmadura, propicia para dejarse deslumbrar por todo ello.

Si este fenómeno es especialmente preocupante por lo que, de fomento de la corrupción en nuestra juventud pueda representar; más nos debiera alarmar el enfoque que parecen querer darle, a la educación de nuestros hijos, los organismos públicos que, lejos de querer arbitrar medidas para reinstaurar el orden en las aulas; reforzar la autoridad de los profesores; eliminar a todos aquellos sujetos que convierten su presencia en los colegios en un medio para estorbar a los demás, atacarles, robarles, adoctrinarlos e impedir el normal desarrollo de las clases; permiten que se prive al alumno interesado en aprender que saque provecho de las enseñanzas que se le imparten, coartando su derecho a instruirse y malogrando sus esfuerzos y dedicación encaminados a culturizarse. No se atiende a erradicar, tanto de las escuelas públicas como de las privadas, el adoctrinamiento político, para dar paso a la circulación libre de las ideas que puedan ser contrastadas y razonadas, sin imposiciones ni cortapisas ajenas. Parece ser que, por contra, se arbitran todos los esfuerzos de los que dirigen la política en el sentido de imbuir en nuestra juventud un tipo de enseñanza, una suerte de amaestramiento o una forma de fanatismo político, que lleve al individuo a rechazar el libre contraste de ideas, la diversidad dentro de la sociedad, la democracia en el pensamiento; para convertirlo en el individuo–masa, en el autómata de pensamiento único y en un doctrinario de la causa socialista.

De ahí la necesidad de contemplar esta aberrante asignatura, la “Enseñanza para la Ciudadanía” no como una suerte de “maría” de nuestros años juveniles, que nadie se molestaba en estudiar y que se aprobaba prácticamente sin mirar el libro; sino que, al darle el carácter de obligatoria y dado que, además, influye en la obtención del título de ESO; obliga a los alumnos a entrar en la materia y digerir todo su contenido, con lo que de doctrinal y de aberración sexual tiene, al ofrecer como opciones naturales la homosexualidad y el materialismo laico, como objetivo y fin de todo ciudadano. El Estado por encima del individuo, el Estado protector y el Estado vigilante y totalitario que encauza el destino de los ciudadanos y de la nación. En una palabra: el frentepopulismo, anticlerical, comunista y desintegrador, mamado de la Rusia bolchevique de la Revolución de 1917 y sus sucesivas Internacionales.

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